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el billete / OPINIÓN

À.

La elección de la marca À. para la nueva televisión pública ha seguido un proceso atípico y la propuesta que quiere hacer olvidar el 9 ha sido recibida con frialdad

12/03/2017 - 

Cuando era pequeño y el zoo de València era el peor del mundo, a los niños que íbamos a esquivar las pieles de naranja que lanzaba Tarzán desde su jaula nos dejaban elegir democráticamente el nombre de las nuevas crías nacidas en cautividad. En el Bioparc se sigue haciendo. Hace un año nació una jirafa y le pusieron de nombre Lluna tras una votación popular en la que los niños y niñas prefirieron este nombre a los de Gaia, Kenia y Paz, que eran las otras propuestas del Bioparc.

Este sistema de naming es muy apropiado para bautizar a una mascota, un proceso que no tiene más recorrido que el de hacer partícipe al público de la alegría por el feliz alumbramiento. Para elegir la marca de una televisión que va a competir con decenas de cadenas privadas y públicas el método no parece el más adecuado. Parece más lógico convocar un concurso entre empresas especializadas que presenten no solo un nombre sino también de identidad corporativa. 

La falta de imaginación en la mayoría de las 82 propuestas recibidas hizo temer lo peor a los miembros del Consell Rector de la CVMC, así que el hecho de que el concurso lo ganase una empresa que tiene entre sus especialidades el naming –Aftershare, del reconocido Risto Mejide– hizo respirar a los consejeros, quienes alcanzaron con la marca À. que "se leerá a punt" la unanimidad que no habían logrado con la elección de Empar Marco como directora general.

Pero ni Mejide es infalible ni el premio de 5.000 euros daba para una gran pensada. Tampoco para algo tan básico como comprobar si la marca estaba registrada, cosa que las bases del concurso planteaban como una exigencia. A Valencia Plaza le costó dos minutos descubrir en la base de datos de la Oficina Europea de Propiedad Intelectual (EUIPO) que una entidad independentista catalana había registrado en 2016 la marca a punt para los negocios de telecomunicaciones, radio y televisión, entre otros. Vale, no es lo mismo À. que a punt, pero como eso tengan que explicárselo al juez, nos vamos a 2019 sin un nombre definitivo. 

Aquí no votaban niños, votaba el Consell Rector, pero para el caso es lo mismo, votaban según sus gustos personales sin una propuesta previa de identidad corporativa. La unanimidad del órgano que preside Enrique Soriano contrasta con la frialdad con la que la nueva marca ha sido recibida por la sociedad, al menos en lo que se percibe a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Es cierto que falta desarrollar la imagen gráfica y la identidad corporativa, donde esperemos que le echen más imaginación que en los motivos para defender la marca À., sobre todo ese que dice que "la letra A está incluida en el nombre de las tres provincias que integran la Comunitat Valenciana".

El valor del nueve

Otro de los argumentos, de un total de cuatro, para justificar la idea de la À. dice literalmente que "agotado el criterio de los números, se ha escogido la primera letra". ¿Agotado el criterio de los números, teniendo el 9?

El del número 9 es un asunto que merece una pensada más allá del sentimentalismo por el que muchos defienden que el nuevo nombre tenga algún "nou" o directamente se recupere Canal 9.

El número 9 vale vale mucho más que el 10 en el mando a distancia por razones obvias. No hay más que ver el dinero que se gastaron algunas televisiones para intentar convencernos de que pusiéramos su canal no numérico en los botones 7 u 8 del mando. Los liquidadores de RTVV deben tener entre los activos aún no vendidos el de la marca Canal 9, o Nou, como se llamaba cuando fue cerrada. Ninguna otra televisión en España puede usar el número 9 y muchas estarían encantadas de que se dejase morir la marca para poder ocupar su lugar. Si no se usa, al menos debería ser vendida a buen precio.

La postura del Consell Rector es evitar cualquier vinculación con la etapa anterior y eso incluye olvidar para siempre el "nou" que sigue muy presente en la mente de los valencianos. Ya intentó romper con el pasado Rosa Vidal cuando se cargó el logotipo rojo y lo sustituyó por otro verde realizado por personal de la casa en lugar de por despachos especializados, con deficientes resultados según los que saben de esto.

Miles de valencianos mantenemos en el botón 9 del mando a distancia la carta de ajuste de la "emisió en proves" a la espera de que regrese la televisión pública, se llame como se llame. Una carta de ajuste que, hoy por hoy, nos recuerda la fecha en la que "una vegada constituït el Consell Rector" de la CVMC, "s’han iniciat el treballs per a posar en marxa les emissions". El 26 de octubre, hace cuatro meses y medio.

Dos meses costó encontrar una directora general, dos y medio elegir un nombre. Como ya apunté hace algunas semanas, la puesta en marcha de la televisión pública valenciana necesita tiempo y el comienzo de emisiones se vislumbra lejano. Todo indica que aquest any tampoc.

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