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el muro / OPINIÓN

Arte y maleza

Si hay que dar batalla en Madrid para que el Museo San Pío V sea ya una auténtica realidad, se da con valentía. No puede estar más tiempo en situación de espera. Hay que ser valiente.

1/04/2018 - 

El Museo de Bellas Artes de Valencia,  San Pío V, acaba de abrir su renovada primera planta. Muestra o manifiesta una nueva visión de su colección. No es completa, pero sí un paso, lento. Habrá opiniones para todos los gustos. Hay que admitir que su aspecto luce menos agobiante, más ligero y hasta novedoso para el visitante habitual. Con menos santos y vírgenes que aún se multiplican por otras salas.

Luce la nueva la planta mejor iluminada. Interesante en algunos aspectos. Es una opción. Desde hace casi dos décadas la colección apenas había sido modificada. Se mantenía tal cual fue inaugurada coincidiendo con las primeras obras de ampliación. Esa que tanto esfuerzo costó. Mucho tiempo transcurrido sin que las propias colecciones del museo hubieran sido siquiera revisadas, salvo durante los cierres obligados por goteras -en realidad ausencia de mantenimiento- o la apertura de la denominada Sala Sorolla que ahora languidece después de que muchos de los fondos depositados fueran retirados por sus propietarios y, de paso, revalorizados. Hay que tener cuidado con las cesiones e intenciones.

Con lo finos que estaban con Sorolla estas últimas semanas y el poco caso que le hacen en su museo por naturaleza donde el XIX ha desaparecido a la espera. Es a los expertos a quienes toca entrar a valorar si esa ordenación es o no consecuente. Estaría bien saberlo.

Lo que preocupa es conocer realmente qué pasa con este museo que en enero de 2017 daba por concluidas sus obras de ampliación y consolidación y en el que gran parte de las dependencias recuperadas continúan vacías y a la espera de ser públicas. Incluso ser visitables a pelo. Nada pasaría si esa apertura parcial permitiera conocer lo que se allí se ha realizado. No hay nada peor que disponer de un espacio vivo, aunque vacío. Ayudaría a reivindicar.

Llevamos tres años de nueva legislatura y a veces da la impresión de que casi nada avanza a nuestro tiempo. No entiendo cómo es posible esta realidad si el museo es de gestión autonómica, aunque su titularidad sea estatal, y todo continúe a un ritmo agotador. Hemos peleado durante excesivo tiempo -casi treinta años- para comprobar que nada avanza a su ritmo. Ni la clase política se pone en ello con ambición. Cuesta entender que dispongamos de un museo semiparalizado a la espera de no se sabe bien qué. Ya no se trata de comprar obras sino, simplemente, de generar ilusión. No todo es un problema presupuestario, que es a lo que siempre se acogen cuando no tienen más perspectiva. Ni ganas. No todo se arregla con una nota de prensa. Salir puntualmente en los diarios no lo es todo. Aunque la foto se obtenga. Igual no dan más de sí.  

El debate está ahora o desde hace mucho tiempo en lo que el museo debe exhibir. Cuando el PP gobernaba allí -Madrid- y aquí, la Generalitat campaba a sus anchas haciendo y deshaciendo, poniendo directores/as e incluso dejando de convocar a sus patronos durante años. No les ponía. Ahora no, ahora hay que esperar a lo que diga el Ministerio de Cultura que desde siempre ha manifestado una total desafección, salvo para utilizarlo como arma arrojadiza o como vehículo de torpedeo político. Está visto que no le interesa. Nunca. Le dan igual sus colecciones, la ciudadanía, sus fondos. Ningún ministro/a de Cultura ha venido desde hace años a Valencia. Nadie lo ha reclamado ni criticado. No se ha escuchado a ningún señorito/ un compromiso. Aquí, a lo que caiga, y mudos. Tampoco es que las inversiones mesetarias tapen bocas. No existen. Hay que reivindicarlas.

Recientemente en una entrevista a Valencia Plaza el propio director del Museo del Prado, Miguel Falomir, era claro y contundente. Por un lado, recordaba que no utilizar un museo como arma política es indispensable. Y remataba: “El Museo de Bellas Artes no está dotado como debiera. Hay que procurarle de los fondos y el personal necesario para estar a la altura de sus colecciones”. Tomen nota. Y gasten menos en asuntos efímeros o contemporáneos que no han pasado la criba histórica pero da imagen de modernidad.

El denominado patio del Embajador Vich, lleva desde su reconstrucción cerrado al público, no su área claustral sino peor, la supuestamente visitable. Son diez años de espera.  

Continuamos sin conocer un verdadero plan de expansión con respecto a su política de exposiciones, compras, ordenación espacial, equipo humano, labor científica, compromisos gubernamentales Sólo declaraciones pasajeras. Si Pere María Orts continuara en vida habría retirado su depósito. No se han cumplido sus voluntades. Su colección está no se sabe dónde. Supongo que almacenada, pero en el ínterin podría haber estado colgada en alguno de esos museos públicos que tampoco dan más de sí. Sólo interesan las cifras de visitantes.

Quizás vaya siendo hora de que la sociedad civil vuelva a toma el protagonismo. No entiendo tampoco el silencio de la Academia de San Carlos, pese a estar celebrando su 250 aniversario. Ellos continúan con sus candiles al estilo de la Academia de los Nocturnos.

Es la Academia de San Carlos la que debería tomar ahora la voz cantante y poner orden y lucidez a la situación. No debería esperar más. De no hacerlo se retratará. Si alguien calla, otorga. La pose es pasajera. Como lo es el protocolo.

Resulta muy serio realizar una visita al museo y comprobar cómo al margen de la nueva instalación de fondos, el silencio es de Catedral. O comprobar, peor aún, la imagen que ofrece el patio central del edificio noble cuyo jardín lleva mucho tiempo arrasado y los hierbajos crecen con alegría en pleno inicio de primavera. Esa es la imagen que ofrece nuestro supuesto Museo Nacional.

Lo fácil es colgar cuadros. Lo importante, defender historia, ofrecer una imagen científica, generar ilusión a través de didáctica, difusión, comunicación, proyectos ilusionantes, interés ciudadano que es para lo que está…No hablo de fracasos, simples evidencias. Lo mismo.

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