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EL MURO  / OPINIÓN

Asesores y cachondos

Les Corts han renovado el Consell Valencià de Cultura con muchos meses de retraso. En todo este tiempo no han sido capaces de darle un nuevo aire después de más de tres décadas de existencia. Y es que sus señorías están  en su particular jolgorio

8/07/2018 - 

¿Para qué sirve actualmente el Consell Valencià de Cultura (CVC) del que nuestra cámara autonómica acaba de pactar reparto de nombres y cupos sin complejos ni remordimientos? Que alguien lo explique. Podría hacerlo esa comisión de cultura de Les Corts con bula pachanguera. 

Y es que sus señorías en pleno están en lo suyo. Simplemente hay que intentar entender a estos diputados/as. Para algo sus señorías son capaces de votar en Les Corts a Manolete, Lopetegui, Torrebruno, Urkullu, Zapatero, Soraya, Pablo Iglesias. o los Jordis como candidatos a cubrir una plaza en el consejo asesor de RTVE. Ellos están en lo que están. ¿Se nota, no? Hasta 14 votos nulos escondidos en el anonimato según fuentes parlamentarias. Si fueran valientes votarían a mano alzada. Así los podríamos identificar y de paso apartar de sus funciones por irresponsables. 

Aún así, espero que los catorce nuevos integrantes que van a acceder al CVC nos redefinan con voluntad e ímpetu de recién llegados/as nuevos objetivos. Lo tienen complicado. No existe manual al uso. Los que se quedan ya han dado casi todo de sí. Sólo pueden manifestar su experiencia o el significado del cargo: el volumen de las dietas pertinentes o redactar lo que nos conviene o no, aunque nadie les pregunte. Sin embargo, seamos optimistas y pacientes con la renovación, por decir algo, porque un nuevo fracaso debería de conducir a su absoluta desintegración. Sería un ahorro importante. 

Estamos rodeados de consejos asesores. Hace tiempo dejaron de tener punch. Nadie les atiende, aunque quedan muy bien. Dan imagen de pluralidad y seriedad. Pero sólo sirven para cubrir expedientes. Van en aumento. Corralitos, les denominan. Y este del CVC paga muy bien. En él ninguno se queda en mileurista.  Sin embargo, todo ha cambiado tanto que continuar pensando que estamos en los ochenta es una entelequia, como lo es seguir financiando consejos endebles y con menos peso y protagonismo cada día que pasa. Para algo dan consejo a una sociedad que busca soluciones a pelo y sin plus garantizado.  

Es el caso de este organismo cultural asesor de las instituciones públicas valencianas. Inicialmente fue creado para ratificar las políticas socialistas, después para armar algo de bulla frente al primer gobierno del PP, desatascar el aburrido debate de la lengua, apaciguarlo a golpes y después para acabar convertido en un santuario de glorias o ex cargos políticos a los que resituar. Eso sí retribuidos con generosas dietas en función de las comisiones a las que cada uno/as de sus miembros libremente se apunte.

Al mismo tiempo, poco parece interesarle mucho a nuestro autogobierno este organismo que ha tardado más de un año en afrontar su renovación estatutaria. No es la primera vez. Un tiempo suficiente, sin embargo, para haber ejecutado una revisión en profundidad en pleno siglo XXI. Pero no. Eso es faena y ardua negociación.

Hace lustros las memorias anuales del organismo recogían una serie de recomendaciones que a los periodistas nos servían para hacer ruido y ellos fardar de independencia. Se eliminaron para evitar la crítica y no ser molestos. Hasta hubo tiempos de nombres de gran pureza intelectual. Fue así hasta que Zaplana los dejó sentados en sus sillas tras cacarearle la deriva de la extinta RTVV. A partir de ahí se convirtió en una órgano manejable al gusto del partido en el poder. Ahora están rendidos. De hecho muchos de sus actuales miembros y recientes han tenido cargo orgánico, con lo que la independencia queda en entredicho.

El CVC es una institución desorientada por su propia inercia, Durante un tiempo creí en él. Asistí a decenas de plenos a los que aún se les podía sacar algo de punta. Incluso fui testigo afortunado de debates de gran altura que ayudaban a aprender formas y fondo. Hasta que el pacto o la ausencia de protagonismo individual se convirtieron en dogma de fe, en cuota de partido con voto único como si fuera una extensión de la propia cámara autonómica. Un rollo.

Bien podría haber aprovechado nuestras Corts durante estos años en los que hasta imputados han formado parte de su composición para realmente limpiar la cara de ese organismo en el que además de palacete se nos va más de un millón de euros al año. Hubiera sido lo más oportuno. Darle un nuevo aire, un nuevo sentido. Más que nada para cambiar su ley, otorgarle nuevas funciones y condición, dotarle de peso o simplemente darle otro sino después de más de tres décadas de existencia. O al menos utilidad y personalidad menos presidencialista. Y es que, por ejemplo, sus informes continúan sin ser vinculantes ni de necesaria aplicación por mucho que nuestros ilustres/as miembros/as se lo tomen muy en serio, aunque las instituciones apenas le pidan opinión, salvo en asuntos relacionados con las declaraciones de Bien de Interés Cultural (BIC).

Pero estos de Botànic van al ralentí. Para nada son reformistas, más bien megacontinuistas. Así que, continuamos en el mero reparto. Disponemos de Academia Valenciana de la Llengua (AVL) y Conselll de Cultura. Poco habría costado o costaría, una vez pacificado el conflicto, motivo por el que fue creada la AVL, haber refundido ambas instituciones en una sola con funciones complementarias y en el que el poder político estuviera absolutamente alejado. Por no estar ya ni figuran en los órganos de gestión de las instituciones a las que deberían de vigilar e incluso asesorar desde su lucidez y capacidad individual. 

Hubiera sido un gran paso, además de ahorro. Una forma de volver a confiar en nuestras instituciones. De nuevo llegamos tarde. Hemos vuelto a perder una oportunidad a cambio de otro reparto territorial y político que se repite como si nada hubiera cambiado. Una lástima. Ellos seguirán en sus dietas. Es lo que hay. Dicho de otra manera, nada nuevo bajo el sol pero todos más que contentos. Continúan a lo suyo. Aunque con nuestros ahorros.  

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