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blancos sustanciosos, densos y muy aromáticos

Diez copas de Albillo Real

Algunas semanas hace que nos despedimos con una reina de corazones y la promesa de un pronto retorno. Ha tardado un poquito, vale, pero es que el tiempo vuela cual cerdo jabalín y nos deja ahí, pasmados, con cara de vaca que ve trenes pasar. Pero no hay dolor, porque hoy volvemos con un as de picas y una pica en Flandes. 

Por | 13/04/2018 | 3 min, 44 seg

Bueno, un poco más al sur, en el centro de esta nuestra querida Península Ibérica. Zona de montecillos, montes y remontes plagados de viñas. Tierra de garnachas tintas, sí, pero también, y aunque menos populares, pálidas uvas de nombre albillo. Albillo real, que nuestra protagonista es de alta cuna, alcurnia y hasta copete, copón. Serrana variedad, aromática y feliz, de la que se obtienen vinos de diversos y gentiles perfiles. Y para muestra un botón. O diez, tanto mejor. Que diez son las copas que con las que pensamos brindar en este viernes hedonista.

Empezando por Las Bacantes 2016 (Carlos Sánchez Viticultor) que viene desde la localidad de Cadalso de los Vidrios hambriento, complejo y amargoso. Fragante de henos y cosas, se sincera con su sensata lozanía, nos pone retozones y lo acompañamos con unas patatas revolconas y su pimentón un poquito picantón.

No nos movemos mucho, que estamos muy a gustito y tenemos ganas de naranjismo, el del Sade Albillo Real 2015 (Rubor Viticultores). Pieles a flor de piel que le conceden un cuerpo sabroso. Flota y rebota, y nos abre el apetito de tal manera que lo hacemos, ponemos a remojo unas judías de El Barco.

Cerca cerquita caemos en el hechizo de un flautista, que un poco ratonas sí somos, oye. La melodía de El Soplón 2016 (Bodegas Fuentegalana) descubre que es un chico formalito, pero lleno de frescura y alegría. Así que nos lo bebemos litro a litro mientras nos renueva a cada bocado de rica morcilla frita.

Y seguimos, que llega El Nabo 2016 (Rubén Díaz). Nada más y nada menos. Un pequeño jipi que va creciendo en potencia y garra sin dejar su auténtica jarana. Estructura con sentido que invita a un señor chuletón, que por qué no. 

Siesta mediante, nos ponemos traje de gala para llevar al baile al Arrayán Albillo Real 2015 (Bodegas Arrayán). Elegancia con mucha clase. Aristrocracia de Aristogato que puede permitirse acompañar al más humilde sin perder pizca de tono. Por eso lo sentamos a la mesa al lado de unas migas con huevos fritos. Y a disfrutar.

Pero no, no hay manera, bombón. Tras una apacible recta siempre vienen las curvas. Que nos gusta el riesgo y lo bebemos en  La Chanín 2016 (Cható Gañán). Intenso, ruidoso y siempre al límite de salirse de la carretera, reconduce el camino dejando un gusto agradable. Y nos reímos muy locos, cuchara en mano, con unos puches con picatostes.

Ya en Madrid, aunque sin irnos muy lejos, nos servimos un 4 Monos Albillo Real 2014 (4 Monos Viticultores). Pedregal y cerrillo con la abeja más juguetona como protagonista. Aleteo de zumbidos que van de flor en flor y se posan ante un perolo repleto de sopas de ajo. A zambullirse. 

Es momento de lucirse, un poco para todos y ante todo para sí mismo. Es momento  Cantocuerdas 2016 (Bernabeleva), un vino para gustar. Equilibrio entre textura y liviandad en un paisaje de cítricas hierbas. Abrimos la cesta de mimbre y sacamos unos bocadillos de tortilla, por supuesto.

En San Martín de Valdeiglesias nos vamos poniendo cómodos, que ya queda poco. Dejamos los tacones a un lado y bebemos el Pies Descalzos 2016 (Bodega Marañones). Se levanta ante nosotros una antigua iglesia de piedra y asoma por su vidriera una tímida nariz que pronto se despoja del miedo. Así sale para expresarse. Tal cual, al natural, y con un humeante potaje de bacalao.

Entre flores nos despedimos con el FB Marino 2015 (Miguel Santiago). Seria abundancia y sentido regusto. Lo tomamos con algo sanote, al horno y con raspa. Una besuga madrileña, que de eso sabemos un rato y nos saldrá rebien. Y remuac. Que nos vamos con la música a otra parte. Hasta dentro de un par de semanas. Las que necesitamos para cargar las pilas entre amiguis y vino. Mucho y buen. Siempre.

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