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El 80% de las 'startups' nacen con 2 o más socios 

¿Dónde encontrar el socio ideal para una empresa?

8/01/2018 - 

VALÈNCIA. La elección de los socios es una decisión clave en el progreso y continuidad de un proyecto. Hay quien dice que el 40% de las startups acaban cayendo por conflictos entre los socios. Tal vez el porcentaje no sea tan elevado, pero sí que la mayoría de los expertos la catalogan como una de las primeras causas de muerte. 

Amigos, compañeros de estudios, antiguos compañeros de trabajo, parejas o familiares son ambientes habituales en los que surgen los socios de una compañía. Salvo en determinados programas, como el de la incubadora Demium Startups, donde configuran a los equipos atendiendo solo a la complementación de habilidades, lo normal es que existan antiguos lazos emocionales entre los fundadores.

El problema de constituir una empresa con conocidos es que, a veces, se descuida la adopción de medidas preventivas para cuando las cosas no transcurren como se esperaba. Muchas startups no se plantean redactar un pacto de socios hasta que no acuden a una ronda o ampliación de capital y lo hacen por exigencia de los inversores. Es el caso de Wynotwatches, una startup que se dedica al diseño y venta online de relojes. Fundada por 7 de un total de 10 hermanos, presumen de que “la historia queda en familia”. Javier Echanove, uno de sus integrantes, ve mas ventajas que inconvenientes en el hecho de que todos sean hermanos, “al menos cuando se tiene una familia tan buena como la mía”, dice. 

También Luis Manuel Montoro, CTO y fundador de Isbitech y actual CTO en Clientissimo se sentía contento de haber emprendido entre amigos, pero cuando hubo que cerrar la  primera empresa declaraba: “ser un grupo de amigos es bueno y, a la vez, muy malo”.

Cuando surgen los problemas

En cuanto al origen del conflicto, “la casuística puede ser infinita”, declara Luis Alberto Pérez-Calderón, socio fundador del despacho de abogados Calderón I Corredera. En su experiencia profesional, dice haber litigado por motivos tan absurdos como la diferencia en las dimensiones de los despachos o por la simple instalación de un rótulo. No obstante, lo normal es que sean de mayor envergadura. “Los problemas más habituales que suelen presentarse derivan de la relación existente entre los socios y el capital social, así como de su mayor o menor influencia en la administración de los bienes de la empresa”, dice. También es frecuente “la invasión del terreno profesional de otro miembro”, las discrepancias en el reparto de los cargos o la imprecisa delimitación de las funciones de cada socio.

Su consejo para evitar desencuentros es tener confianza, pero añadir a la buena fe una especie de mini due diligence previa que permita conocer aspectos como la trayectoria o solvencia del socio. Recomienda, asimismo, plantearse el pacto empezando por el final, es decir, arbitrar cláusulas pensando en la posible ruptura de manera que, si llega, sea lo menos traumática posible.

También Luis Gosálbez, abogado y socio director de Metricson, insiste siempre en la importancia de redactar un pacto de socios. “Si se puede hacer el mismo día que la constitución de la compañía, mucho mejor”, sostiene.

El otro tipo de socios que podría traer problemas a la sociedad es el capitalista. En este caso las precauciones son más técnicas, pero el aviso general que se extiende es, si hay opción, ser selectivos con el dinero que entra en la empresa. 

¿De verdad hacen falta?

Fernando Trías de Bes afirma en El libro negro del emprendedor que “los socios con los que compartimos capital y trabajo son el recurso más caro de todos porque se remuneran con los frutos que nuestra actividad emprendedora es capaz de dar”. Partiendo de esta premisa, podría uno plantearse si de verdad le hace falta un socio y, en caso afirmativo, preguntarse ¿por qué me asocio con esa persona?

En opinión de Trías de Bes, la tendencia a buscar socios se da más en emprendedores nóveles. El último mapa del emprendimiento elaborado por Spain Startup lo confirma. En este se recoge que solo el 20% de las startups que surgen cuentan con un único socio. Según el escritor y economista lo habitual es que, cuando cogen experiencia, en sucesivas iniciativas emprendedoras, ya no se busque la asociación.

Sin embargo, hay quien considera precisamente su mayor error haber emprendido en solitario. Así lo entiende al menos Juan Merodio. “Nunca más lo hice y mi sugerencia es que nunca lo hagas”, dice. La causa es que “al final tienes una visión limitada de las cosas” por eso propone plantearse la elección de los socios necesarios para el proyecto como si de una mesa de 4 patas se tratara. Si le quitas una y ves que se sostiene, vale, si le quitas otra y ves que se cae, mejor mantenerla.

Pero no siempre es una cuestión de elegir. A veces las cosas surgen de manera espontánea. “Tuve una idea, vi una oportunidad de negocio y me lancé”, es como resume el lanzamiento de su estudio de diseño Piotrek Pérez. “Me fue bien, pero también gracias al equipo que me respaldó”, reconoce.

Al final parece que la regla no es única. Casos de éxito y de fracaso los hay tanto para los que emprenden en solitario como para los asociados, pero una comparación muy recurrente cuando se habla de los socios es la del matrimonio.

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