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el muro / OPINIÓN

El arte de la espiritualidad

Hay que ver cómo les gustaba el arte a muchos de los implicados en diferentes casos, entre ellos Gürtel. Y lo afinados que eran en sus dotes de coleccionista así como la coincidencia en tener al maestro valenciano de bodegones y floreros Tomás Hiepes como referencia

29/01/2017 - 

En Discurso sobre las ciencias y las artes Rousseau defendió que las Bellas Artes depuran las costumbres, pero también pueden corromperlas. Y añadió que el partido en el que se debe militar es el de la verdad ya que la recompensa y satisfacción personal la encontrará uno mismo en su interior, esto es, se le devolverá en forma de razón, honestidad y crecimiento interior. 

Por aquí, de momento, el arte lo que ha demostrado a través de algunos ejemplos es que sirve para defender ante un tribunal la inocencia frente a presuntos casos de corrupción, blanqueo, cobro y/o desvío de comisiones. 

Ver a Luís Bárcenas hacerlo sin pestañear, con una interpretación que como la de su mujer y otros implicados en el caso Gürtel sería de nominación al Goya, o escuchar su pasión por el arte y su manejo en la compra-venta de obras con las que, además, justificar el incremento de su cuenta corriente, deja atónito. Hay que ver cuánto tiempo libre tenía para buscar obras de arte y mercaderes después de tantas facturas, asientos contables, agendas, contactos, plan A, plan B, plan C, reuniones, Senado, llamadas, viajes… 

No sé qué diría el filósofo suizo sobre el caso en sí, pero al menos he de admitir el buen gusto estético de los extesoreros populares, su gran ojo clínico para los negocios. Dos extesoreros del PP afianzaron su poder económico gracias a un artista valenciano, Tomás Hiepes, por el que sufrían auténtico delirio. Ambos coleccionaban su obra. Ese hecho, entre otros, fue razón suficiente del crecimiento de su patrimonio.

Qué casualidad que tanto él como Rosendo Naseiro, antecesor de Bárcenas en el mismo cargo, encontraran en el artista y gran creador barroco de bodegones y floreros su fuente de inspiración para multiplicar dividendos. Resulta realmente emocionante. Más aún conociendo que se prestaban dinero para aprovechar la salida al mercado de alguna de las escasas obras del pintor. ¡Qué solidarios!

El arte en Gürtel se ha convertido en la excusa perfecta para justificar inversiones sin necesidad de recibos. Las Bellas Artes pasaron de ser en su día una inversión placentera a un campo de réditos económicos millonarios. Por eso tenemos las Bellas Artes más que investigadas. Al caso Bárcenas se ha de unir, por ejemplo, el saqueo de Marbella. 

Juan Antonio Roca, cerebro del caso Malaya y exasesor de Urbanismo de su ayuntamiento, era otro gran coleccionista. Hasta tenía un Miró en el cuarto de baño. No le importaba que la humedad y el vapor pudieran afectarle. Todo fuera por observar relajado una constelación mironiana mientras se duchaba o realizaba otras necesidades humanas.

Ahí tenemos el caso del IVAM y los cuadros familiares que su anterior directora, Consuelo Ciscar, prestaba generosamente al museo que dirigía. A un paso de celebrarse tenemos el juicio por el caso Palau de les Arts donde determinados todopoderosos hombres de negocios de la sociedad valenciana mediaban en los contratos de patrocinio del coliseo sin importarles seguramente la ópera o cualquier otra disciplina vinculada a la estética. Paradojas del destino. El arte, lo dicho, une sensibilidades. Es muy normal, por supuesto. 

Algo similar ocurrió en su momento con el exSecretario General de PP, Francisco Álvarez Cascos, quien tras abandonar el partido se unió sentimentalmente a una marchante. Sus proyectos eran recogidos en Valencia con gran alegría, pero también a costes millonarios inalcanzables para cualquier mortal, galerista o mercader. Nos traían múltiples, pero sus exposiciones nunca eran rechazadas, simplemente muy aplaudidas por la afición política. 

Naseiro llegó a poseer la más importante colección privada de bodegones conocida en España, cuarenta obras de un total del centenar que tenía. Hasta once piezas de Hiepes formaron parte de la misma. Ahora están en el Museo del Prado gracias a una dación por pago de impuestos que realizó una importante entidad bancaria española que adquirió esa parte de su legado. La venta se cerró en 25 millones de euros, algo que el director del Prado, Miguel Zugaza, califico como “auténtico botín”. 

Si no me equivoco, el Museo San Pío V sólo ha podido acceder a lo largo de su historia a tres piezas del artista valenciano. Su adquisición costó sangre, sudor y lágrimas. Y eso que cuando se compraron, allá por los noventa, su precio no era nada desorbitado. 

Naseiro tuvo incluso la suerte de que la antigua Fundación Bancaja, presidida entonces por el exalcalde de València Ricard Pérez Casado, organizara una exposición con parte de su colección por lo que, como todos saben, aquellas pinturas ganaron valor, visibilidad y una buena catalogación pública.

Es muy bonito, y si me permiten hasta romántico, saber que el arte les une. Como lo es que ante fiscales y jueces muchas esposas de estos y otros “filántropos” de relumbrón manifiesten siempre su desconocimiento absoluto sobre los negocios y transacciones de sus respectivos cónyuges. Viven en otro mundo. Normal. 

Si estás tan ocupada todo el día y no bajas al garaje cómo vas a saber que tu “mari” se ha “comprado” un Jaguar. Si no haces ni siquiera las maletas, ni entras en la zona de cajas de seguridad de un banco de Suiza, cómo te vas a enterar de que los billetes no caben en el habitáculo. Igual pensaba que iba a por cambio para merendar. Qué descuidadas, ellas, tan comprometidas y volcadas en otros menesteres familiares. Total, eran apenas casi cincuenta millones de euros. Un modesto fondo de pensiones. En la intimidad, cuando la vida es plena, sólo se habla del amor.

Vivimos en un país referente en leyendas picarescas. Donde nunca pasa nada. Ni siquiera nadie sabe nada. En ese país en el que se goza de prebendas, sube a lo loco la luz y los impuestos que el destino ha concedido al Gobierno se justifican con el método Stanislavski. Ya saben: uno se mete en el guión sin tregua durante meses hasta convertirlo en propia realidad, según las tesis del genio ruso. Luego sólo se necesita concentración, relajación, utilización de los sentidos y creatividad para no responder a preguntas incómodas. Puro surrealismo, o dicho de otro modo, personajes de ficción metidos en el papel de su teatrillo.  

Rousseau no estaba equivocado. Continúa vigente. Y mezclado con Stanislavski ya ni les cuento.  

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