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restorán de la semana

El Cubo de Baco

El amuse-bouche de este restorán es vino. El entrante estrella es vino. El mejor plato fuerte es vino. Y su postre más delicado, vino también.

Por | 14/09/2018 | 2 min, 32 seg

Hay días en los que el vino es alimento. Elixir esencial reconstituyente. Un consomé de dioses. La ambrosía definitiva. 
Al primer trago desciende por la garganta un abrazo cálido, y sube a la cabeza ese meninfotisme tan nuestro y en ciertos casos, tan necesario. Hoy no toca cerveza.

Era uno de esos días en los que la directriz para elegir la cena es lo que se va a beber. Y que lo sólido baile alrededor de caldos y añadas. Por eso, nuestro restorán de la semana es una pequeña vinoteca del barrio del Botànic llamada El Cubo de Baco, en ella Vicente y Lili han consolidado un acogedor espacio -y mira que es difícil, que esta tipología de negocio es muy dada a la luz de quirófano para examinar la etiqueta y un sonido ambiental de monasterio de la Inquisición- con casi una decena cambiante de caldos por copa y «más  menos 130 referencias entre blancos, tintos, rosados, cavas, mistelas… a veces más». 

El Cubo de Baco no es la primera ubicación de Vicente y Lili, antes regentaron un pequeño local en la misma calle, en el que el volumen de actividades de cata y cursos entraba en conflicto con la clientela que sólo quería una copa en la mano y un plato con queso y pan del horno del barrio al alcance de la ídem -pan del Horno de San José, true love-.  A finales del 2017, se mudaron al número 56 de la calle Turia, allí, más que dar lecciones enólogas desde la superioridad, Lili te cuenta dulcemente cómo funciona el negocio: «Esto consiste en probar muchísimos vinos, y no sólo los que descubrimos por nosotros mismos o los distribuidores. Escuchamos las recomendaciones de nuestros clientes, cuando se van de viaje y prueban un vino que les gusta nos mandan fotos, nos traen botellas… y así, siempre estamos rotando», y Vicente narra anécdotas de visitas a la bodega mientras llena la mesa de copas, embutidos, conservas y tapas sencillas, porque aquí se comen cosas como la ‘verbena de ahumados’, una fiesta de salmón, bacalao and co. sobre un lecho de tomate rallado con aceite de oliva; xoubas en escabeche; secreto con patatas asadas; ibéricos y la mejor amiga del vermut, la playa de mejillones. 

Dos razones más para visitarlos: «Tratamos de que cada mes al menos haya dos referencias nuevas. Ah, y apostamos fuerte por los rosados, somos unos de los pocos establecimientos que trabajan en profundidad con rosados. La gente tiene aún la percepciones erróneas de que es como el clarete y no, para nada».  

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