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al otro lado de la colina / OPINIÓN

El Premio Nobel de La Paz, ¿otra vez defraudará?

De nuevo se van anunciado los Premios Nobeles del 2017, y como en toda concesión de galardones, hay sus más y sus menos, favorables y detractores; ¿también los habrá en el Premio Nobel de la Paz?

7/10/2017 - 

Todo las personas de bien desean vivir en un mundo en Paz. Sólo los desesperados o los totalitarios-nazionalistas quieren la revolución y el conflicto permanente, por eso vivimos en sociedades organizadas, con normas que cumplimos, y en las que contamos con el apoyo de nuestros semejantes y en donde sentimos la seguridad del grupo; por eso la búsqueda de la Paz es una constante humana, por variadas formas.

Por otra parte, seguro que ustedes han oído hablar alguna vez de los Premios Nobel, esas distinciones creadas a finales del siglo XIX por un químico y empresario llamado Alfred Nobel. Este benefactor hizo (y dejó para la posteridad) tanto dinero que desde entonces ha podido (salvo algún año y por motivos generalmente bélicos) retribuir esas distinciones con millones de coronas. ¿Y saben con qué negocios hizo tamaña fortuna? Con la fabricación y venta de armas. Por eso parece un arrepentimiento póstumo (algunos pensarán que incoherencia) el haber creado un Premio Nobel de la Paz, ésa a la que sus negocios intentaban perturbar, y que él póstumamente pretendió ayudar con el galardón.

Este premio, según el testamento de Nobel, se concedería a “la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz”, y como veremos a continuación parece que su concesión también acarrea dudas e incluso incoherencias.

Entre el elenco de premios Nobeles de la Paz con controversia o posiciones encontradas podemos citar a algunos (no la totalidad que les aburriría) como el peculiar presidente USA de inicio del siglo XX Theodore Roosevelt, representante de la ideología del Destino Manifiesto y que se enroló de forma voluntaria a la guerra contra España en la isla de Cuba en 1898 dejando de lado mayores responsabilidades; o Elihu Root, Ministro de Guerra de los Estados Unidos (1899–1904), uno de los responsables de la ampliación de West Point y creador de la Academia de Guerra de la Armada; o el presidente Woodrow Wilson que justamente fue el presidente que metió a USA en la Primera Guerra Mundial; o a uno de los principales militares de la Segunda Guerra Mundial, el General del Ejército de EEUU George Marshall, Jefe del Estado Mayor del Ejercito en ese periodo; o Aung San Suu Kyi, pacifista y defensora de los derechos humanos reconvertida a líder del gobierno de Birmania bajo el que se perpetra el drama de los rohingyas y la persecución de los cristianos; o Yasir Arafat, un terrorista reconvertido a hombre de Estado y abandonado por muchos de sus propios aliados musulmanes; o Liu Xiaobo, un subversivo que quería acabar con el orden y la Paz según las autoridades del país mas poblado del mundo y segunda superpotencia del mundo.

Como les he adelantado la anterior lista es sólo un apunte de unas concesiones en muchos casos polémicas o dudosas. Pero ¿a quién le han concedido este año el Nobel de La Paz?, pues a un conglomerado de ONGs (casi un centenar) o mejor dicho a la campaña que estas han promovido bajo la denominación de ICAN (International Campaign to Abolish Nuclear Weapons-Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares), y que trabajan para movilizar a personas y a gobiernos de todos los países para alcanzar un tratado que prohíba las armas nucleares. Y este objetivo se consiguió el 7 de julio pasado con la aprobación en la Asamblea General de lasNaciones Unidas del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN).

Hasta aquí parece meritorio el logro, pero cabe preguntarse, ¿es efectivo en sí el tratado?, ¿servirá para algo? En primer lugar analicemos el resultado de los países que han votado a favor del tratado, porque quizás el derecho a decidir ha quedado diluido en la nada. El resultado de la votación ha sido de 122 votos a favor, un voto en contra (Países Bajos) y una abstención (Singapur), por lo que casi unos 70 países están en contra del tratado pero además y teniendo en cuenta las reglas de juego de la ONU entre los opositores al acuerdo se encuentran, además, como es lógico ningún poseedor de armas nucleares, los cinco países permanentes del Consejo de Seguridad, verdadero poder de la ONU. Los países no firmantes del TPAN representan a bastante más de la mitad de la población mundial y el 80% del PIB del planeta, por lo que en términos globales este tratado tiene poca representatividad, y yo diría que parece que poca eficacia.

Por su parte el comité de los Nobel se ha apresurado a decir que con esta concesión no querían hacer política (ya saben aquello de excusatio non petita accusatio manifiesta), para que no se considerase un ataque al presidente USA Donald Trump y su posicionamiento hacia Corea del Norte y el revisionismo del tratado con Irán y su programa nuclear. 

Yo quisiera desearle mucha suerte al TPAN, pero con los precedentes de otro premio Nobel de La Paz, el presidente Barack Hussein Obama II, al que se lo concedieron porque en su discurso de abril de 2009 en Praga ofreció conseguir un mundo sin armas nucleares, y después en su primer mandato aumentó en un 15% los presupuestos de Defensa respecto a su antecesor George W. Bush, miedo me da...

Y para finalizar, me sabe mal haberles transmitido, a los bienintencionados que se alegraban por la celebración de este Tratado, de la cruda realidad que es muy tozuda y las nulas repercusiones reales y de desarme del TPAN.

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