X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información
GRUPO PLAZA

MEMORIAS DE ANTICUARIO

Espacios de Valencia que rescatan el pasado. Cuando lo antiguo es tendencia

11/03/2018 - 

VALÈNCIA. El destino al que fue sometido hace dos o tres años el interior del local que un día fuera el mítico café Ideal Room en la calle de la Paz, (lugar de encuentro de reporteros, durante la contienda civil, como se sabe, entre ellos el mismo Hemingway), es un sangrante ejemplo de insensibilidad en pos de una especie de nihilismo decorativo mal entendido. Tras el cierre del histórico café el local ocupado por una tienda de alta lencería que, afortunadamente, mantuvo intacto el espacio interior con las molduras originales de marcado corte decimonónico simulando festones, guirnaldas, pilastras adosadas... No estamos hablando de un espacio innovador, claro, pero sí era poseedor de un encantador decadentismo que el tiempo le habría ido dando lustre y sabor. Tras este negocio, aconteció la catástrofe: los nuevos propietarios que para mayor escarnio llamaron al nuevo local hostelero, Ideal Room- es decir, evocando como el local original- arrasaron con toda la decoración que tenía aquel y todo recuerdo que oliese al original fue sentenciado convirtiendo la esquina en un espacio anodino y sin alma. No se trata del primero ni desgraciadamente el último caso.

 Interior del antiguo Ideal Room antes de que se eliminara la decoración antigua del espacio

Hubo un tiempo en el que se ocultaban tras falsos techos y yeserías, la piedra, ladrillo, vigas y demás elementos de origen. No hay que remontarse muchos años, pues los últimos coletazos todavía se han hecho sentir hasta ayer mismo. Nos movíamos entre el menosprecio y consiguiente abandono y la consecuente tendencia decorativa, de un minimalismo llevado quizás demasiado a rajatabla, dirigido a ocultar las huellas del tiempo, apostando por practicar un lifting rejuvenecedor de los espacios. Aquellos vestigios que formaban parte de la estructura, afortunadamente, quedaron allí, ocultos pero intactos, pero otros más de embellecimiento como azulejerías, decoración de techos, carpinterías, fueron arrasados para siempre. La tendencia actual se ha invertido. Es algo que se ve. De repente, como quien encuentra la piedra filosofal, nos hemos dado cuenta que, en la autenticidad está buena parte del éxito, pues es lo que nos distingue de nuestro competidor en unas ciudades que bajo la dictadura de las franquicias se han convertido en calcos unas de otras. Celebremos, pues, que la tendencia actual sea otra, sin que se renuncie un ápice a la modernidad, como veremos.

Interior abovedado de un restaurante en Montpellier

Repristinar

Hace años viví en la calle Vall de Crist, entre la de Serranos y la plaza del Ángel. El promotor y arquitecto de la rehabilitación de la finca hizo algo que no era muy habitual por entonces: lejos de lucir la pared en plan “yo no he visto nada, no me meto en líos-costes-imprevistos”, ante la aparición de unos sillares de origen gótico fue tirando del hilo hasta dar con todo un arco apuntado del siglo XV y que luce al fondo del portal de la finca. Un arco que, adosado a la pared, no aporta nada estructuralmente sino únicamente a la estética de un espacio moderno.

Interior de Muez el arco gótico del fondo da entrada a un interesante espacio de evocación a la belleza de la ruina

En este sentido, un ejemplo admirable que conozco bien es el de la ciudad de Montpellier en el sureste de Francia. Prácticamente la totalidad de los edificios casas del centro histórico, de apariencia exterior decimonónica, se asientan sobre basamentos medievales y, al menos en la planta baja se conserva su estructura y, por tanto, los techos en forma de bóvedas de arista en unos casos en piedra, en otros en ladrillo. Los comerciantes tienen claro que ocultar el pasado medieval de la villa es un sinsentido histórico y estético, así que es habitual estar comprando en una moderna librería o tomando un vino del Languedoc bajo un pétreo techo medieval. Aprovecho para congratularme por lo que le leí a Carlos Aimeur, que nos ilustraba sobre el proyecto de reforma del entorno de la Lonja y el Mercado Central concedido a la UTE Quintana y Peñín que incluía, como parte fundamental del conjunto, la recuperación patrimonial de las llamadas Covetes de Sant Joan, locales diminutos que desde el siglo XVIII tuvieron los más diversos destinos, entre otros, tiendas, de la más variada índole, a los pies de la fachada barroca de la iglesia de los Santos Juanes. Aunque tarde, muy tarde, parece que va a llegar el día en que estos espacios protegidos tengan su segunda oportunidad.

El ventorro. Azulejería barroca, suelos originales de barro, celosías…

Afortunadamente en nuestro contexto, dese hace un tiempo, la sensibilidad tiende a recuperar lo que de antiguo subyacente todavía quede, aunque el concepto del espacio sea moderno. Por fin una visión amplia de la decoración, diría yo, lejos de aquella que se limitaba a destruir o, en el mejor de los casos, todo aquello que no correspondiera con las normas del nuevo estilo. Bajo esta nueva premisa, es difícil resistirse a la emoción de descubrir y darle luz definitiva a los elementos arquitectónicos que han estado siglos ocultos por las fábricas posteriores. Es lo que debió suceder en el proceso de rehabilitación del Palacio del Marqués de Caro (hoy Hotel Caro), una de las rehabilitaciones, llevada a cabo por el arquitecto Francisco Jurado y el estudio de Francesc Rifé, en este sentido más interesantes que se han llevado a cabo, por el viaje en el tiempo que ha supuesto al ir apareciendo elementos de diferentes épocas, hasta la romana, y que han dotado al espacio de una personalidad que no ha habido que inventarse. Espacios aquí y allá que se van descubriendo, como el restaurante El Ventorro en la calle Bonaire, que ocupa un edificio en su mayor parte del siglo XVIII y que en su angosto interior es, sin alarde, una continuidad del exterior con azulejería valenciana barroca, elementos de ebanistería de igual época, con una vocación que no pueden ocultar de trasladarnos a aquellas casas de comidas de otros tiempos.

La Fábrica de Hielo

Son no pocos los espacios que han ido cimentando su personalidad en el rescate arqueológico (el industrial también nos vale) del pasado precisamente y aunque parezca un contrasentido apoyar la modernidad del concepto que se vende en estos elementos con siglos de vida. El horno Montaner de la calle Roteros con el rescate de un lienzo de varios metros de la muralla musulmana del siglo XI, el arco gótico que puede contemplarse al entrar en Muez (Plaza del Mercat), la cisterna romana que se ha descubierto en el restaurante La Moma (Calle Corretgería) o la galería subterránea que nace en dicho local y pudiera tratarse de un pasadizo subterráneo que llegase a la catedral. Los propietarios del negocio han empleado el cristal para que puedan ser contemplados estos hallazgos. Y como todo es lo mismo, ¿Acaso no es el encanto de la Fábrica de Hielo (Calle de Pavía), evocar en el presente su pasado activo?. Noticia fue la aparición de una bodega medieval de origen musulmán con azulejería y un refugio antiaéreo. Y la tendencia continúa: en diversas actuaciones que se han llevado a cabo por la zona de la calle Portal de Valldigna compruebo que la intención de los promotores es justamente esta: nuevos espacios que desprenden modernidad, precisamente al rescatar los elementos antiguos que pervivían y que, pacientes, en silencio, esperaban ver, de nuevo, la luz.


Noticias relacionadas

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email