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rulas para no engordar

“Esta pastilla es como una comida imaginaria”

Y es que desde Nietzsche que Dios ya no es lo que era, y buscamos sucedáneos en la meditación, el reiki, la biodescodificación, el horóscopo chino, el sexo tántrico, en el mindfulness, el détox... ¡hasta buscamos el sentido de la vida a través de la comida! 

Por | 27/07/2018 | 4 min, 4 seg

Leí que había llegado la magia en forma de pastilla, que un grupo de investigadores del Instituto Salk de Estados Unidos dieron por fin con la fórmula milagrosa para comer sin engordar. Crearon un medicamento que engaña al organismo- engaña es la palabra clave- para que queme grasa sin necesidad de consumir alimento, ni una sola caloría, gracias a la fexaramina. Aunque de momento solo se ha probado su eficacia en ratones (como si fuera fácil distinguir a algunos humanos de las ratas).

“Esta pastilla es como una comida imaginaria”, explicaba Evans,  creador principal del trabajo. Y ahí está la clave: la magia siempre es imaginaria.

Creo que existen básicamente dos clases de personas: las que creen en la magia y buscan afanosamente la gran respuesta, y las que aprenden a convivir sin ella, las que aceptan la incertidumbre como quien acepta las cucarachas en verano, o las alergias en primavera.

Me gustan las segundas, claro.

Desconfío de todo lo que huela a panacea, de esos atajos milagrosos que conducen a lugares definitivos donde un altavoz nos alumbrará por fin con la GRAN RESPUESTA.

Y es que desde Nietzsche que Dios ya no es lo que era, y buscamos sucedáneos en la meditación, el reiki, la biodescodificación, el horóscopo chino, el sexo tántrico, en el mindfulness, el détox,  sí, ¡hasta buscamos el sentido de la vida a través de la comida! Hoy puede esconderse tras un brócoli, una coliflor, o en el culo de un vaso de zumo détox. La trascendencia puede masticarse, tragarse y cagarse.

Aparecen como setas los gurús de la alimentación que con sus superpoderes nos librarán de todo mal. Se suceden las modas cada vez más absurdas, como la comida a base de carbón activado, por su gran capacidad de absorber sustancias nocivas, que daba fotos estupendas de color negro en Instagram. Acaban de prohibirla en Nueva York.

Nadie en su sano juicio niega que comer  fruta y verdura, evitar procesados, alcohol y tabaco ahuyenta el espíritu maligno del cáncer y de otras enfermedades, pero eso ya lo sabían nuestras abuelas, y si me apuras los egipcios de las catacumbas y los griegos de las ágoras, sin necesidad de hacer de ello una religión.

Que ya sé que todos tenemos mucho miedo, yo también, pero que la supercomida-mágica-escudo- protector-infalible-que librará de todo mal- amén no existe, como no existe el ratoncito Pérez ni el alargador de pene, ni el quitarañazos de la Teletienda. Bueno, existe pero ya todos sabemos que no funciona.

Luego nos reímos muy alto de esos ingenuos de la edad media, JAJAJA, que creían que podían curarse bebiendo polvo de tumba de santo diluido en agua, o que había espíritus malignos en las coles de Bruselas, o que la sangre de un gladiador curaba la epilepsia.

Ay, qué ingenuidad, por Dios, y luego me voy a hacerme una dieta détox para limpiar el hígado. Como si el hígado, los riñones o los pulmones nunca se hubieran dedicado a depurar.

La dieta de la alcachofa, la del pomelo (casualmente en aquella época hubo un excedente de esa fruta y hoy se sabe que fue el departamento de agricultura de EEUU quien estuvo detrás de la campaña) la del sirope de arce o la del el método Moritz, a base de zumo de manzana y limón para resetear el hígado, los milagros se han ido sucediendo.

Todos esos métodos fueron sometidos a pruebas científicas que concluyeron que eran una patata, una auténtica patraña sin base científica alguna. No se observó efecto alguno en el hígado ni en el resto del organismo, más allá de envolver el cerebro en una capa de tontería y fe ciega.

Por eso aquí somos hedonistas, no solo de título hacia fuera. Creemos que el placer, cuando es auténtico, es salud. Y sabemos que no hay forma de escapar de la incertidumbre o de la certidumbre de que esto se acabará algún día concreto, un martes, un jueves, un sábado. Por eso mientras, comamos, vivamos intensamente, todo lo que se pueda. Al fin y al cabo, se me ocurre, la muerte no es más que una falta total de intensidad.

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