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el negocio de la música

Festivales S.A: La industria olvidada

En tan solo dos décadas, los festivales se han convertido en uno de los principales motores de promoción internacional de la Comunitat. Marcas institucionales, como ‘Castellón, tierra de festivales’ o la más reciente ‘Musix’ pretenden definir y afianzar un producto turístico que atrae a más de un millón de personas cada año

14/05/2017 - 

VALÈNCIA.- Si observáramos a vista de pájaro la distribución de los macrofestivales de música en España, constataríamos cómo la enorme concentración de este tipo de eventos en Cataluña, la costa mediterránea y Andalucía apenas es compensada en el País Vasco. El resto de la Península Ibérica —incluida la capital— aparecería ante nuestros ojos como un vasto erial, salpimentado con algún que otro evento de importancia. Este es, por tanto, uno de esos casos en los que la situación periférica de la Comunitat Valenciana —tanto a nivel geográfico como en cuanto a capacidad de influencia ante el Gobierno central— no parece haber jugado en nuestra contra. 

La vinculación de la región con este tipo de eventos tiene su origen en la primera edición del Festival de Benicàssim de 1995. Aquel modesto encuentro musical, impulsado por dos jóvenes empresarios madrileños, los hermanos Miguel y José Luis Morán, depositó la semilla de un modelo de turismo cultural cuyo potencial de crecimiento nadie podía prever en aquel entonces. Veinte años después, los macrofestivales se han convertido en un producto de promoción internacional de primer orden, con un impacto económico de más de un centenar de millón de euros y miles de puestos de trabajo (la mayoría temporales, eso sí). El FIB por sí solo genera dos mil empleos directos —el 80% de los cuales es entre ciudadanos de València, Castellón y Benicàssim— y trabaja con 139 empresas proveedoras de bienes y servicios. 

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Según afirma el vicepresidente de Turismo en Castellón, Andrés Martínez, los festivales en esa provincia generan cerca de sesenta millones de euros de riqueza en el tejido empresarial local y son ya el segundo producto turístico, detrás del «sol y playa». A nivel autonómico, este sector también está en camino de superar el peso relativo de la gastronomía, el patrimonio y —una vez evaporado el sueño fugaz de la Copa América de vela y la Fórmula Uno— también el deporte.

Lea el artículo completo en el número de mayo de la revista Plaza

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