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ilustres veraneantes

Isabel de Alfaro, de Benicàssim a Jávea siempre rodeada de su familia

Isabel María de Alfaro Lassala, cofundadora del Grupo El Alto, el catering más veterano de Valencia. Una mujer emprendedora e innovadora. Con ella completamos la serie de Ilustres Veraneantes de este verano 2017

26/08/2017 - 

VALÈNCIA. Nos encontramos en una naya –terraza característica en la arquitectura de la Costa Blanca–, en una agradable tarde de verano y la conversación nos lleva a muchos recuerdos, muchas situaciones en las que Isabel de Alfaro siempre luchó y triunfó. Matriarca de la familia desde joven continúa ejerciendo esa labor con los suyos. 

- Viviendo en Madrid, ¿dónde pasabas los veranos siendo una niña? 

Vivíamos en Madrid porque mi familia paterna era madrileña y mi padre estaba destinado allí, como piloto. El mes de julio lo pasábamos en Valencia, casi todos los días íbamos a la playa del Tiro de Pichón de Valencia –zona que actualmente ocupa la Marina Real– o a la Base de Hidros del Puerto de Valencia –actual Club Náutico–. En agosto ya nos trasladábamos a la finca familiar en La Cañada, recuerdo que era una zona llena de viñedos y almendros. Allí íbamos en bicicleta, nos bañábamos en la piscina y también visitábamos una pequeña granja, aunque a mi los animales no me gustan mucho.  

- ¿Sientes nostalgia de aquellos veranos donde toda la familia se reunía en un mismo sitio? 

En parte sí aunque hoy en día intentamos vernos todos. Recuerdo que en aquella época durante unos quince días estábamos toda la familia –los Lassala– y nos juntábamos un gran grupo, hacíamos mucha vida en familia y nos visitábamos de una finca a otra, porque todos éramos amigos o parientes.

Junto a sus tres hermanos de mayor edad, en la Cañada, Paterna 

- Con 14 años te viniste a vivir a Valencia y curiosamente entonces veraneaste en Madrid algún tiempo. 

A la muerte de mi padre nos trasladamos a vivir a Valencia, pero mi madre tuvo especial empeño en que mantuviéramos la relación con la familia de su marido y durante algunos años fuimos a veranear a Navacerrada, en la Sierra de Madrid. En aquellos tiempos veraneábamos allí pocas familias y teníamos una gran relación, entre otros recuerdo a los Álvarez Gómez, la familia propietaria de la clásica agua de colonia. Salíamos en pandilla y siempre visitábamos las ferias de los pueblos de la zona como Cercedilla o Becerril de la Sierra.

Entre tantos recuerdos del verano y la familia, recordamos con especial emoción la figura del padre de Isabel de Alfaro. Aviador militar y gran emprendedor –precursor ya a principios de los años 50, de sectores como las casas prefabricadas, el esquí o el plástico–, murió a los 48 años en un vuelo Valencia-Madrid.  Ahí nuestra protagonista se trasladó a vivir a Valencia y estrechó los lazos con su familia materna.

- ¿A qué edad comienzas a ir a Benicàssim?

Desde los 18 años comenzamos a veranear en Benicàssim porque mi familia tenía una villa allí. Nosotros teníamos un apartamento y poco antes había conocido a quien luego fue mi marido, su familia había veraneado allí también. Empezamos a salir como novios y a los pocos años nos casamos y continuamos yendo a Benicàssim durante varias décadas hasta que por una herencia familiar nos fuimos a veranear a Jávea.

Isabel con su hijo Ignacio 

- Te casaste muy joven, algo usual en la época, pero eres una mujer empresaria y emprendedora, algo más sorprendente.

Es cierto que en aquellos tiempos no era tan común que una mujer abriese un negocio. Si bien es cierto que siempre tuve un gran apoyo y referente en mi madre, Marisa Lassala. A finales de la década de los 70 y tras una crisis económica que me recuerda a la de ahora, abrí un negocio de decoración bastante innovador. La decoración siempre me había apasionado y mi abuela tenía una fábrica de alfombras y tapices que iba a gestionar yo aunque finalmente no fue así. Por ello me lancé a abrir una tienda de decoración que fue precursora en la zona del Ensanche, donde después se han instalado algunas de las firmas más prestigiosas de telas y tejidos de decoración. 

- Volvemos a la Costa del Azahar, ¿cómo eran esos veranos? 

Los recuerdo con gran cariño y además muy divertidos porque la mayoría de amigos de Valencia estábamos todos en verano en Benicàssim, además me reencontraba con amigos de Madrid y otros sitios de España. Íbamos a la siempre playa por la mañana, tomábamos el aperitivo a mediodía y comíamos en casa. Por las tardes dábamos un paseo por las villas y por la noche solíamos cenar en casas de amigos. Ten en cuenta que me casé muy pronto, era la mayor de cinco hermanos y siempre he ejercido de matriarca o hermana mayor con mis primos que eran más pequeños todos.

- Esa función de matriarca la trasladas al ámbito profesional y tras la etapa en el mundo de la decoración te lanzas con el catering y fundas El Alto que acaba de cumplir 35 años, ¿cómo empezó todo?

Tras la tienda de decoración necesitaba seguir haciendo algo y sentía una gran pasión por la cocina, me gustaba cocinar y además organizar todo lo relativo a la decoración de un evento. Junto a una buena amiga y ex-socia, Carmen Topete, empezamos haciendo el catering para eventos de amigos y vimos que funcionaba bien, al inicio tuvimos algunas fiestas para extranjeros en Altea. Fuimos haciendo cosas pequeñas, por ejemplo, dulces para algunos restaurantes de Valencia. Y nuestra primera boda fue para 400 personas, una auténtica temeridad. Nos lanzamos a organizarla, guisábamos nosotras, lo hacíamos todo hasta la decoración de las mesas, algo que en aquellos tiempos no era común. La recuerdo perfectamente, fue en septiembre y en Dénia, en una finca preciosa, hace ahora 35 años. 

Isabel disfrutando de una agradable jornada en el mar junto a su familia 

- Hoy en día la organización de eventos es algo habitual pero organizar todo eso en la década de los 80, ¿sería bastante difícil?

No teníamos casi infraestructura y para transportar las cosas pedíamos coches a cualquiera, montamos las flores, las mesas, pasamos un verano realmente estresante donde desarrollamos mucho la creatividad y trabajamos muchísimo. Teníamos que encontrar accesorios y no era nada fácil. Me acuerdo que tuvimos un maître distinto al que estaba previsto por un problema de última hora y pensábamos que sería un caos y gracias a Dios fue tan magnífico que ha trabajado conmigo hasta su reciente jubilación. 

- Empezasteis sin apenas infraestructura pero encontraste una idea para lograr un espacio donde instalaros, el primero de otros lugares emblemáticos, cuéntame. 

Efectivamente, no teníamos un lugar fijo aunque habíamos organizado muchas bodas importantes. En un momento determinado me armé de valor y realicé las gestiones pertinentes para lograr darle vida al Castillo de Alaquàs, ese espacio tan maravilloso y que durante muchos años –hasta el año 2000– fue sede de nuestro catering, El Alto, y donde organizamos bodas estupendas, además de contribuir junto a mi familia materna, especialmente mi abuela Isabel y mi tío Luis, a recuperar un lugar histórico del patrimonio de la Comunitat. Además hicimos las primeras bodas en algunas de las masías más populares como Xamandreu, Campo Aníbal, la Vallesa de Mandor o la Masía de Poyo. 

- Catering, restauración, cocina….¿cuál es tu plato preferido para los días de verano?

El suquet de rape me gusta mucho, aunque no sea un plato especialmente refrescante me gustan mucho los guisos de pescado. Cuando recibo a familiares y amigos en casa, especialmente en la época estival, suelo preparar un arroz con carabineros, un pargo al horno, un roast beef de solomillo o unas berenjenas con gambas, y por supuesto en verano una buena ensalada, cada día distinta. Son platos relativamente sencillos de elaborar, exquisitos  y que con una adecuada presentación, son perfectos para disfrutar de una noche de verano en buena compañía. 

Isabel y sus cuatro hijos (izq-dcha): Marta, Ignacio, Isabel y Fernando en  Masia Aldamar 

- Y volviendo a los veranos, de la Costa del Azahar a la Costa Blanca, porque ahora veraneas en Jávea, ¿desde cuándo?

Hace más de quince años que nos hicimos una casa en Jávea, es un lugar que habíamos visitado muchas veces porque tenemos buenos amigos.  La verdad es que el cambio de Benicàssim, tras tantos años allí, a Jávea, me resultó sencillo porque soy una persona que me amoldo con facilidad a los cambios. Son lugares muy distintos, tanto el mar como la vida en Benicàssim era muy familiar y cercano; aquí en Jávea estoy en un casa muy tranquila y luego hay muchos planes para hacer, mis hijas veranean aquí y nos juntamos mucho la familia en casa. También suelo salir al mar con una de mis hijas y disfruto de las fabulosas vistas de esta costa y de la bahía de Jávea. Y por supuesto las cenas de verano con amigos tanto en restaurantes como en bares de tapas son uno de los mejores momentos del verano.

- Para acabar, tras una vida dedicada a la familia y al trabajo, el Grupo El Alto es un referente absoluto en el catering y la restauración, ¿perspectivas de futuro para el nuevo curso?

Hemos trabajado mucho, durante algunos años además del catering tuvimos algunos restaurantes –como El Alto en el Mercado de Colón o Mar de Bamboo en Veles e Vents–, nos tocó la crisis de pleno, fueron años difíciles, pero gracias a Dios y a mantener la pasión y el esfuerzo por esta profesión, superamos esa etapa y ahora estamos muy ilusionados. Seguimos ofreciendo nuestro servicio de catering y estamos muy ilusionados con el proyecto de la Masía Aldamar, la casa de mi abuelo que recuperamos hace unos años y que actualmente es el buque insignia del Grupo El Alto. Si bien es cierto que también estamos organizando eventos privados en el Palacio del Negrito, un edificio histórico también vinculado a mi familia y que es un espacio que me apasiona. Así como la finca Huerto Barral Boluda donde ofrecemos un gran número de bodas. Nos encanta conjugar la historia y la tradición con la gastronomía innovadora y vanguardista.

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