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Isfahan, el corazón de la antigua Persia

La belleza de las mezquitas y palacios de la capital del antiguo Imperio Persa deslumbra al viajero despojado de prejuicios

17/11/2017 - 

VALÈNCIA.- Isfahan es la imagen de Irán por excelencia y su principal polo turístico junto a la ciudad de Shiraz. La antigua capital del Imperio Persa aún conserva intacto en sus palacios, mezquitas y jardines todo el esplendor que la actual república islámica alcanzó bajo el gobierno de la dinastía safávida entre los siglos XVI y XVII. La esencia del considerado como uno de los principales centros arquitectónicos del mundo islámico se concentra en la inmensa plaza de Naqsh-e Jahan, rodeada de auténticas joyas como la mezquita Masjed-e Shah, obra maestra del arte persa que sobrecoge por su inmensa cúpula y sus magistrales mosaicos de azulejo. Pero este inmenso espacio de más de medio kilómetro de largo declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979 es sobre todo una metáfora perfecta del abrazo al resto del mundo de un pueblo extraordinariamente acogedor y hospitalario.

Pasear entre los impecables jardines que rodean al estanque central de la plaza Naqsh-e Jahan en un día soleado resulta enormemente placentero. La tranquilidad que se respira contrasta con el bullicio reinante en el bazar desplegado tras el monumental pórtico de Qeyssariyeh o con el trasiego en los talleres artesanales y comercios abiertos bajo el pórtico que marca los límites de la plaza. Grupos de niños corren tras el balón y juguetean en el agua mientras parejas de jóvenes se hacen selfies ante las centelleantes cúpulas de azulejo azul profundo. Familias enteras despliegan sus mantas sobre la hierba para preparar el pícnic mientras la luz dorada del atardecer inunda el espacio. La estampa se repite día tras día como un ritual para evidenciar que la cotidianidad del pueblo persa nada tiene que ver con los prejuicios que aún disuaden a algunos viajeros de conocer uno de los rincones más especiales de Oriente Medio.

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El sentimiento al entrar por primera vez en este espacio es indeleble. Aunque en cada costado de la plaza se alzan joyas arquitectónicas de singular belleza, la atención casi siempre se dirige primero hacia la majestuosa mezquita Masjed-e Shah —o mezquita del Emam—, en el lado sur. Antes de cruzar su entrada, resulta imposible no mirar hacia arriba y maravillarse con el juego de formas geométricas y color que estalla ante los ojos del visitante. Además de las decoraciones de inscripciones caligráficas y mosaico que cubren las paredes y los cuatro iwanes alrededor del patio central destaca la inmensa cúpula decorada con miles de azulejos policromados.

*Lea el artículo completo en el número de noviembre de la revista Plaza

* Lea el artículo completo en el número de noviembre de la revista Plaza

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