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GRAND PLACE / OPINIÓN

 'Junkers', a medio gas

15/11/2016 - 

El caso es que a mí lo del Plan Juncker siempre me ha sonado a la caldera de la calefacción. ¡Ay no.., que ésta es Junkers! Bueno, pero me sonaba mucho antes de que pasara a convertirse en presidente de la Comisión Europea y decidiera acabar con la crisis con un Plan que lleva su nombre y que pretende incentivar la economía con préstamos del Banco Europeo de Inversiones. Como si no recordáramos cómo se inició el desastre: con la crisis financiera.

Junkers y Juncker -Jean-Claude- entraron en mi vida casi al unísono. La economía era boyante, si a eso se puede llamar un país con un 10% de paro estructural. La gente se instalaba la calefacción en casa en un país donde hace 20 grados en enero al sol del mediodía. Era diciembre de 2007 y nadie presagiaba lo que se iba a anunciar en la habitual rueda de prensa del final de año del antiguo edificio del Banco Central Europeo (BCE), frío y gris como su ciudad, Frankfurt -ésta sí-.

El entonces presidente del BCE, Jean-Claude -también- Trichet claudicaba ante la presión de los Estados miembros y decidía dejar el euribor al 4% tras anunciar su subida en los días previos. Y le parecía un gran sacrificio. “Porque el precio del dinero no es ése ni el 2% de los años anteriores” -los de la burbuja-, explicaba a un grupo de periodistas Jürgen Stark, miembro de su gabinete. ¿Qué pensará hoy nuestro amigo Jürgen cuando vea el euribor arrastrándose por el suelo del 0,25%? Y le llamo “amigo” porque me tuteó cuando dije la maldita palabra: “Spanish Press”. Me acusó con su dedo como si encarnara a la banca española y todos sus desmanes de la época…, los que aún desconocíamos. Decir que estaba “visiblemente enfadado” sería poco.

Volvamos a la rueda de prensa de su jefe, el señor Trichet. “Turbulencias financieras” amenazaban en el horizonte de 2008. Las dos palabras mágicas fueron seguidas de un rumor que hizo tambalear el estrado de la sala de prensa del Banco Central Europeo donde se erigía la figura de su presidente, de cuerpo presente. Los periodistas salieron corriendo a redactar sus notas para enviar los primeros titulares a sus medios. Fue el principio del fin. 

 

Jean-Claude Juncker había sido reelegido presidente del Eurogrupo hasta el 2013 y pasará a la historia como el salvador para Europa de la crisis financiera, dicen las crónicas. Aquí aún no nos hemos enterado, de la salvación quiero decir… Así que vamos a por el Plan B o, mejor,  a por el Plan Juncker. Esta semana es noticia en Valencia. Este diario organiza un Foro sobre inversiones estratégicas y empresariales con un representante de la Comisión Europea,  Juergen Foecking, hablándonos de este Plan.

El Plan Juncker se presentó hace ya dos años como la panacea para la reindustrialización de Europa y el motor de la economía en la zona euro. Gobiernos y empresas cogidos de la mano para emprender con préstamos del Banco Europeo de Inversiones. En principio, una buena oportunidad que ya se está perdiendo porque nació para un periodo de tres años y queda uno si no se prorroga, como se espera, hasta 2020. Su fin primordial: 500.000 millones de euros en inversiones públicas y privadas destinadas a subsanar los bajos niveles de inversión en la Unión Europea con objeto de impulsar el crecimiento y el empleo.

¿Pero alguien se ha leído la letra pequeña? La letra pequeña se llama “DÉFICIT” y debería escribirse así, en mayúsculas. Porque en un principio se negó la mayor. Y porque costó casi un año en que alguien de la Comisión reconociera con la boca pequeña que, efectivamente, la petición de un préstamo por un Gobierno o empresa pública regional, o su simple aval en un proyecto en colaboración con una empresa privada computaba como déficit a nivel nacional.

Ya está, ya lo he dicho. La próxima semana, hablaremos del Gobierno. De Trump. Conste que lo anuncié. God save the Queen…

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