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Kenia, el espíritu de África

En la Reserva Natural de Masái Mara aún es posible contemplar la vida salvaje con toda su potencia original y episodios de cruel belleza como la gran migración 

24/09/2017 - 

VALÈNCIA.- Presenciar cómo el sol, convertido en un círculo de fuego, desaparece tras la característica silueta de las acacias africanas; asistir con el corazón encogido a los ataques que los depredadores más voraces del planeta lanzan sobre las víctimas descuidadas; danzar con guerreros de tribus ignotas, o acompañar a una manada de elefantes en un avance parsimonioso y devastador que arrasa con toda la vegetación a su paso... Un safari fotográfico es una experiencia única e inolvidable en el bagaje de cualquier viajero, por modesta que sea su inquietud por la naturaleza. Y el mítico Masái Mara está entre los mejores lugares para realizarlo por ser una de las más imponentes concentraciones de vida salvaje del planeta, a la altura de otros parques nacionales como el de Serengueti en la vecina Tanzania o el Kruger en Sudáfrica.

Las cifras de este templo en el que la naturaleza aún se exhibe con toda su potencia original son abrumadoras. La población conjunta de cebras, gacelas, impalas, jirafas, jabalíes verrugosos y otros herbívoros moradores de la sabana se cuenta en cientos de miles. La de ñúes supera el millón. Con ellos conviven centenares de leones, leopardos, guepardos, hienas o chacales en un inacabable ciclo de supervivencia y muerte. El parque nacional de Masái Mara abarca algo más de 1.500 kilómetros cuadrados de inmensas llanuras de hierba salpicadas de acacias de copa achatada y riachuelos. Junto a ellos se concentra la vegetación más densa y la mayor cantidad de animales. Se trata del mismo ecosistema que se extiende hacia el sur por Tanzania, donde recibe el nombre de Serengueti.

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La temporada alta para los safaris coincide con los meses de mayor actividad migratoria de los herbívoros, normalmente de junio a octubre, pero todo depende del ciclo de lluvias y la disponibilidad de pasto. La imagen de caravanas formadas por miles de ñúes y cebras vadeando el río Mara, siempre infestado de cocodrilos, es una de las estampas grabadas en la retina de los viajeros que tarde o temprano se deciden a realizar uno de estos safaris. Pero la grandeza de Masái Mara es que la belleza y la crueldad del reino animal se muestran siempre en grado superlativo. La abundancia es tal que la observación de antílopes, toda clase de herbívoros y elefantes, búfalos, avestruces o rinocerontes está garantizada en cualquier momento del año.

* Lea el artículo completo en el número de septiembre de la revista Plaza

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