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el tintero / OPINIÓN

La resistencia continúa

Acaba el año con las previsibles malas noticias que hace una semana intuíamos. El credo nacionalista no atiende a razones legales, judiciales o empresariales. La realidad paralela en la que viven dos millones de seres humanos requiere de algo más que perversa comprensión.

27/12/2017 - 

En este último tintero del año pensé en hacer un balance de lo más destacado en estos meses y sin duda había un nombre propio que lo protagoniza todo, el monotema: Cataluña. Le pido perdón porque somos muchos los que estamos hartos y cansados de hablar, leer, oír y analizar todo lo que está sucediendo en esa zona de España, pero creo sinceramente que tenemos la obligación de no sólo saber lo que ocurre sino tomar parte porque nos afecta a todos, en lo personal, en lo familiar, en lo social, en lo profesional. Por ello creo sinceramente que es lícito que nos aburra el tema catalán, pero es necesario que nos impliquemos. 

Hace una semana en estas misma columna, no me dejé llevar por el pesimismo pero tampoco por un triunfalismo infantil y pese a que en números redondos, los votos a partidos no independentistas han sido ligeramente superiores y a que Ciudadanos ha sido la primera fuerza política en escaños; el altísimo grado de participación y la contumacia de muchos catalanes en votar a listas que contienen a presos y fugados que han logrado un exilio empresarial histórico, denota que el credo nacionalista no atiende a razones ni a realidades como una economía globalizada, una Unión Europea sin fronteras o una sociedad de la comunicación que comparte y no divide.

Este letargo propio de los días festivos tiene un efecto salvífico sobre nuestras conciencias pero no debemos caer en el autoengaño de que todo marcha con normalidad, porque ésta hace años que se ha visto pervertida en una parte de nuestro territorio y ahora la situación se ha demostrado enconada. Frente a la desesperación y el no hay nada que podamos hacer, creo que deberíamos tomar el ejemplo y la experiencia para saber todo lo que NO hay que hacer o imitar. Frente al maltrato del gobierno central en el asunto de la financiación valenciana, muchas veces pensamos y decimos “habría que hacer como los vascos y catalanes para presionar y conseguir lo que merecemos”. Sinceramente, no creo que lugares donde ha nacido una banda terrorista con mas de 800 muertos a sus espaldas o donde hay una sociedad fragmentada, radicalizada, henchida de rencor deban ser una referencia política o social.

Hace un par de días pudimos ver y escuchar el tradicional mensaje de Navidad de S.M el Rey Felipe VI, un discurso protocolario pero que contiene dosis de contenido político importante, siempre desde la función moderadora del monarca. Evidentemente se refirió a Cataluña y apeló a “evitar el enfrentamiento o la exclusión”, buenas palabras que a los independentistas les dan igual, porque todo les da igual, ellos han creado durante décadas una gran mentira que creen y defienden con auténtico (y peligroso) fervor, y lo más nocivo es que enfrente se encuentran con muchas personas que quizá por bondad o desconocimiento les compran a medias su relato, o mejor dicho su milonga. Esa perversa comprensión es la que les da fuerza, de alguna manera justifica y legitima un movimiento que pretende vulnerar la ley, no cumplir con las obligaciones que todos tenemos, no respetar la voluntad de la mitad de la población catalana y generar tensión constantemente.

Probablemente haya visto el último episodio de La guerra de las galaxias, una vez más esta historia que nos habla del bien y el mal, la lucha por el poder, la fe en uno mismo y que está impregnada de un misticismo como otras grandes sagas épicas, nos sirve de metáfora para nuestra realidad. La resistencia jedi, como la catalana, continuará y quizá estas citas nos ayuden a esperanzarnos ante lo que pueda acontecer: “ganaremos, no luchando contra lo que odias sino salvando lo que amas”, sin dejar de dar la batalla donde sea necesario, porque “el mal es poderoso pero el bien es verdadero”. ¡Feliz Año Nuevo!

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