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crisis en otro símbolo de la economía valenciana

Lladró, el sueño enterrado

La emblemática empresa valenciana ha pasado a manos de un fondo de inversión tras una larga crisis de resultados envuelta en disputas familiares por el control de la gestión

26/01/2017 - 

VALENCIA.- El pasado 23 de diciembre, Juan Lladró levantó por última vez la copa de Navidad en la empresa que fundó en 1953 junto a sus hermanos José y Vicente. Acompañado por sus hijas Rosa y Ángeles, emocionados los tres, el mayor de los fundadores pidió perdón a aquellos trabajadores de oficinas que quisieron acercarse, por un hecho que se iba a materializar el 5 de enero: los Lladró vendían la compañía. El empresario de 90 años dijo que la familia había intentado hacerlo lo mejor posible, pero que después de 16 años de pérdidas en el negocio de la porcelana y de haber tenido que despedir a más de 260 trabajadores en 2016, la venta era la mejor opción para asegurar la supervivencia de la compañía.

La entrada de un inversor ya se planteó hace año y medio pero fue abortada por el patriarca, que controla el 70% del capital de Sodigei —sociedad matriz de Lladró—, lo que no hizo sino prolongar la agonía de la empresa, acrecentar la angustia de los trabajadores y provocar más disputas en el seno de la familia. Juan Lladró terminó su alocución con una petición a los empleados: que colaborasen con el nuevo propietario, PHI Industrial, un fondo inversor domiciliado en Madrid especializado en el rescate de empresas familiares venidas a menos.

¿En qué momento se jodió Lladró?, cabría preguntarse parafraseando a Vargas Llosa. La familia sitúa el detonante en la caída de las Torres Gemelas en 2001 tras el ataque terrorista de Al Qaeda contra Estados Unidos, que representaba el 40% de sus ventas de figuras de porcelana. Los números lo corroboran: Se paralizó el mercado mundial de objetos de lujo, cayeron las ventas y la empresa, que había superado todas las crisis petroleras, financieras e inmobiliarias durante medio siglo, se vio superada por este bache que ni siquiera fue una crisis. 

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Sin embargo, los propios fundadores de Lladró han dejado escrito que el germen hay que situarlo más de dos décadas antes, en los años ochenta, cuando la Ciudad de la Porcelana inaugurada en 1969 es la fábrica de sueños, se gana dinero a espuertas y la familia se codea con reyes, presidentes, papas y artistas de talla mundial. Cada uno de los hermanos reclama su protagonismo, Juan y José pugnan por el liderazgo y Vicente, árbitro involuntario, alterna los apoyos sin otro premio que la ingratitud. 

Sin un protocolo que ordene la entrada de la segunda generación —cuatro hijas de Juan, tres de José y tres hijos, dos de ellos varones, de Vicente—, el imperio de la porcelana se convierte con los años en paradigma de empresa familiar arruinada por una guerra fratricida. El título de uno de los libros de José Lladró es una tesis al respecto: Del milagro al despropósito. Quítate tú que me pongo yo.

(Lea el artículo completo en el número de enero de la revista Plaza)

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