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jefe de nefrología del doctor peset

Luís Pallardo: «Donar es un acto altruista; no se puede obligar a nadie»

Fue uno de los galenos que participó en el primer trasplante renal de un cadáver que se celebró en la Comunitat —y casi de España—. Como profesional siempre ha estado vinculado a la Sanidad Pública y como docente se ha convertido en una de las grandes referencias nacionales de su especialidad

19/03/2018 - 

VALÈNCIA.- Licenciado en 1974 por la Universitat de València, intentó probar en EEUU, pero suspendió el inglés del foreing y acabó en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, uno de los centros más prestigiosos de España. Ahí encontró su camino, la nefrología, en un momento en el que los trasplantes estaban en pañales. Expresidente de la Sociedad Valenciana de Nefrología, este profesor de la Facultad de Medicina de la Universitat de València y jefe del Servicio de Nefrología en el Hospital Universitari Doctor Peset es la memoria viva de esta especialidad. 

— ¿Cuándo decidió que lo suyo era la nefrología?

— En 1974 entré de residente en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid y por aquel entonces se aplicaba una idea que quieren rescatar, la troncalidad: los dos primeros años comunes para todos y luego, según el expediente, elegir especialidad. Tras rotar por todos los servicios médicos, la clave para escoger nefrología fue que, a pesar de tratarse de una patología muy concreta, sus repercusiones —la diálisis, los trasplantes... todo muy incipiente— no lo son. Lo vi como un reto mayúsculo.

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— Llega usted en un momento en que la especialidad estaba dando sus primeros pasos en España.

— Sí, el primer trasplante en España se hizo en Barcelona en 1965, y cuando yo llegué en todo el país no se hacían más de sesenta o setenta trasplantes al año, y los resultados eran bastante insatisfactorios; era un reto. Pero aquello fue muy motivador, porque mi jefe de servicio era un hombre extraordinario; me enseñó medicina y muchas cosas más, y no me arrepiento de haber escogido esta especialidad. Siempre lo digo, el que quiera una visión integral que escoja nefrología. Ahora hay trasplantes pulmonares, hepáticos, cardíacos... pero eso empezó a finales de los años 80; en los 70 solo había trasplantes renales que ofrecían unos resultados razonables. Así, cuando los riñones fracasaban, un trasplante renal le permitía sobrevivir cinco, diez o veinte años. Ese era el aliciente y por eso me animé a hacer nefrología.

(Lea el artículo completo en el número de marzo de la revista Plaza)

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