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De la labor social al negocio

ONCE: El conflicto laboral tras el cupón

La venta en bares, estancos o gasolineras de boletos de la ONCE ha desatado las críticas entre los vendedores de toda la vida, que ven  amenazado el futuro de cientos de puestos de trabajo creados originalmente para personas con discapacidad

17/01/2017 - 

VALENCIA.- Jesús Vicente es, como tantos otros vendedores de la ONCE, uno de los protagonistas de su calle y de su barrio. Reparte suerte en la caseta de la calle Castell de Pop de Nazaret, estratégicamente situada junto a la carnicería y la pastelería del lugar. Lo hace desde hace doce años, tiempo en el que los avances tecnológicos han revolucionado —también— el mundo del juego. En efecto, hace no demasiado tiempo las cosas eran más sencillas para la ONCE, cuando apenas competía con Loterías y Apuestas del Estado. Entonces su oferta de azar —que, como es sabido, brinda una oportunidad laboral a miles de personas ciegas o con otras discapacidades— era una referencia obligatoria para los vecinos aficionados al juego. Ahora lo sigue siendo, pero menos, con cada vez más oferta alternativa y la gran amalgama de productos en la red que acapara la atención de los más jóvenes. En este contexto, a Jesús Vicente también le ha surgido la competencia de su propia organización, que vende directamente los cupones en los bares y estancos del barrio, según denuncia. «Desde 2011 vendo entre un 20% y un 30% menos», asegura.

Nuestro protagonista es uno de los vendedores críticos con el denominado Canal Físico Complementario (CFC) de la ONCE, impulsado por la organización en 2010 con el objetivo de incrementar la cuota en un mercado que estaba perdiendo. En definitiva, la ONCE extendió de esta forma la venta de cupones a establecimientos alternativos como bares, estancos, gasolineras, supermercados, quioscos u oficinas de correos. En materia laboral, esta iniciativa se ha convertido en la manzana de la discordia de la Organización Nacional de Ciegos de España. ¿Incrementa sus ventas? Por supuesto. Cuanto más puntos de venta, más ventas. Pero la pregunta que se hacen algunos va más allá del resultado: ¿Tiene sentido que la ONCE venda como cualquier otro actor del mercado cuando precisamente explota su producto en exclusiva por emplear a personas con discapacidad?

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«¡En absoluto! ¡No tiene sentido!», replica al respecto Jesús Vicente, que acusa a la ONCE de actuar «como una multinacional del juego» en lugar de como una ‘corporación de derecho público de carácter social y base asociativa’ —su naturaleza jurídica—. «A mí se me han juntado dos cosas. Por un lado tengo un estanco, ubicado a sólo 30 metros, vendiendo los mismos cupones que yo para el viernes y el fin de semana; y por otro que la ONCE ha dejado de controlar que los vendedores respeten sus zonas adjudicadas, y yo particularmente tengo a otro vendedor vendiendo en mi zona de acción», cuenta. «La organización ha dejado de ser lo que era. Ahora actúa como una empresa que sólo quiere resultados», lamenta.

(Lea el artículo completo en el número de enero de la revista Plaza)

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