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corrupción en el ivam

Operación Rueda: el extraño caso de las esculturas que cambiaban de tamaño

La compra de una serie de obras de Gerardo Rueda por el IVAM, valoradas en tres millones y fundidas años después de su muerte, provoca la intervención judicial

13/05/2018 - 

 VALÈNCIA.- La compra de las esculturas de Gerardo Rueda entre 2004 y 2007 por parte del IVAM es un escándalo de dimensiones similares a las de las propias obras que, por lo visto, tenían la virtud de cambiar de tamaño y pasar de medir unos centímetros a superar los dos metros. A nadie le extraña este nuevo misterio que rodea la gestión de Consuelo Císcar en la institución, y en el que también está implicado José Luis Rueda, hijo adoptivo del pintor y escultor. Según la Abogacía de la Generalitat, las obras son «falsas». No extraña, pues, que el juzgado de Instrucción número 21 de València haya decidido imputar al heredero del artista por presuntos delitos de prevaricación, malversación y falsedad documental. Estamos ante un hecho sin precedentes.

El caso se suma a los numerosos asuntos por los que es investigada Consuelo Císcar -esposa del exconseller Rafael Blasco, condenado por el Caso Cooperación- y su entonces cúpula directiva, algo inédito en torno a un museo nacional y, aún menos, internacional. Este hecho ha puesto en la picota no solo el valor del arte o la tasación subjetiva de la obra sino la propia gestión institucional de toda la operación y la actuación como responsable de Císcar.

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El caso estallaba pública y judicialmente hace apenas unas semanas, aunque las informaciones y dudas en torno a esta polémica adquisición, por cuyo legado abonó el IVAM tres millones de euros, llevaban años bajo sospecha. Casi desde el mismo momento en que hizo pública la compra/donación del legado del pintor por su elevado coste y singularidad de la transacción, aunque nunca por la calidad en sí de la obra de este escultor vinculado a la corriente constructivista, geométrica y abstracta, sino por la elevada cuantía y numerosa colección. Rueda fue uno de los miembros del Grupo de Cuenca y fundador junto a Zóbel y Torner del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, una de las escuelas más destacadas del arte contemporáneo español. 

Pero la adquisición de estas obras fue, si,no la mayor, una de las compras más onerosas del museo valenciano en esa época, tal y como confirma la documentación a la que ha tenido acceso Plaza. Se trata de obras, por otro lado, de dimensiones y presencia formal, para muchos expertos, nada claras, como así reconoce ahora el juzgado y la Abogacía de la Generalitat. 

Años antes, durante la dirección del IVAM por Juan Manuel Bonet -amigo del artista y autor de una extensa monografía que catalogaba gran parte de su obra-, el museo ya había adquirido un reducido número de piezas del artista. Suficientes, según reconoció en su momento el museo valenciano, para que Rueda estuviera lo representado como se merece en las colecciones y fondos del organismo valenciano.

Los interrogantes crecen a partir de las tesis y escritos de los especialistas en la obra de Rueda. De hecho, Juan Manuel Bonet, autor para Ediciones Polígrafa en 1994, de la principal obra que se conoce sobre el autor, en su apartado dedicado a la escultura monumental, anota que Rueda nunca fue un creador propenso a teorizar sobre su obra ya que nunca fue artista de etiquetas ni programas. Además, defiende que su escultura monumental siempre fue desarrollada sobre encargos. Así, realizó vidrieras, relieves o las puertas para el acceso al Edificio del Cubo del Pabellón de España de la Exposición Universal de Sevilla en 1992, en bronce y acero corten, entre otros encargos.

según juan manuel bonet, exdirector del ivam y experto en la obra de rueda, este no hizo obra monumental

Aun así, para el crítico de arte «la carrera de Rueda se encuentra jalonada de trabajos en esa línea  —obra monumental— a los que se ha incorporado una obra suya, especialmente concebida para la ocasión, y cuya ejecución vigiló él de cerca» y nunca las dejaba en manos  de terceros.

Se da la circunstancia de que muchas de las obras adquiridas fueron fundiciones realizadas años después de su compra, por lo que mientras algunos expertos especulaban en su momento en que se podrían haber realizado a través de bocetos o planos, otros sostienen que se efectuaron a partir de simples bocetos u obras de pequeño tamaño, cuyo volumen fue ampliado hasta conseguir una dimensión monumental.

«Rueda nunca dejó escrito qué tamaño debían tener sus obras o sus maquetas, por lo que todo se complica más», sostiene ahora una fuente conocedora de la operación y que prefiere mantenerse en el anonimato. En otras palabras: ¿cómo es posible que algunas de las esculturas que sobre el papel -así consta en la obra de Bonet- medían 8 x 22,5 x 18,5 cm en el Jardín del Turia, justo bajo el Museo Pío V, multipliquen casi por diez su tamaño? Es el caso del cubo conocido como Manhattan II (1971).

Un poco de historia

La primera compra de la colección se efectuaba en 2004, fecha en la que el IVAM ya no disponía del comité asesor de compras de obras de arte, organismo que siempre se había encargado de asesorar a las distintas direcciones en estos menesteres y que fue eliminado. En aquel año, el instituto valenciano compraba por 360.000 euros un relieve titulado Gran Relieve -Rueda no se complicó mucho-, que figuraba en la documentación como prueba de autor, es decir, que es una de las diez primeras reproducciones que hizo. La obra está fechada entre 1995 y 1996, año — este último— el de la muerte del artista.  

En 2006 eran adquiridas otras dos obras, Altamira (1973) y Mural de construcción rusa I (1985), por valor de 1,3 millones de euros. La segunda pieza fue fundida en 2006, diez años después de la muerte del autor. ¿Lo supo? ¿Dejó algún tipo de instrucción? De momento, parece que no. La tercera compra se producía en 2007. Fueron cinco piezas por valor de casi 1,5 millones de euros y fechadas entre 1970 y 1983. En ese mismo año el IVAM recibía paralelamente una donación por parte de José Luis Rueda de 77 obras, lo que configuraba al centro valenciano como referente de la obra del artista madrileño.

Además, en marzo de 2007, una vez fundida una parte del legado recién adquirido, el paseo de la Malva-rosa de València fue escenario de una exposición de grandes esculturas de Rueda en paralelo a la celebración de la Copa América. La exposición viajaría después a otras ciudades españolas y del extranjero.

Entre 2004 y 2010 el IVAM destinó casi diez millones de euros a la compra de obras de arte para sus fondos, una cantidad desproporcionada a todas luces para el presupuesto real del museo (era casi el 25% del coste presupuestado de la reforma que nunca se hizo), para la situación de las arcas de la institución y el propio mercado del arte. Era ya un momento en el que los presupuestos de la Generalitat para el IVAM iban decreciendo a causa de la situación económica y las dudas surgidas en torno a la gestión de su directora, que finalmente fue cesada en abril de 2014.Según diversas fuentes consultadas, la fundición de esas obras a su nueva dimensión —algunas de las obras del artista se encuentran ahora depositadas en el jardín del Turia a las puertas del Museo de Bellas Artes de València en unas condiciones penosas y en estado de lamentable conservación— costó 600.000 euros abonados por el centro de arte valenciano. Esta cantidad se añadía a los casi tres millones de euros que costó la adquisición sobre papel, física o piezas de menores dimensiones, según las investigaciones. 

Tal y como publicaba años después Plaza, y según las valoraciones efectuadas por expertos consultados en su día para una segunda valoración externa —Jaime Brihuega y Javier Pérez— «el precio de mercado para piezas de este tipo» no debería haber superado «el 10% de lo que se pagó en su día». Los datos fueron basados en otras obras de Rueda aparecidas en subastas durante los años previos a la firma del acuerdo. Al mismo tiempo, estos especialistas advertían de que las obras se trataban realmente de «una copia póstuma y prueba de autor», algo por lo que no acababan de ajustarse al precio que se pagó. 

HAY UN DOCUMENTO DE COMPRA DE LA COLECCIÓN, PERO NO ESPECIFICA LAS CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS DE LAS OBRAS

Consultado al respecto, el museo valenciano evitaba entrar a valorar el caso, apelando a su situación sub iúdice del caso, pero sí admitía que las obras del artista se encontraban depositadas tanto en su sede principal como en otros almacenes externos de la Generalitat.

«Entre los papeles existe un documento de compra de la colección, pero no especifica las características técnicas de las obras, ni qué hacer con ellas», confesaba un antiguo alto cargo del IVAM. Es decir, no está claro de dónde sale la decisión de fundirlas y convertirlas en obras monumentales. Esta misma fuente ponía como ejemplo el proceso de creación que realizó Eduardo Chillida con relación a su proyecto para Tindaya y consistente en el vaciado de la montaña de Fuerteventura para construir en su interior un espacio «mágico» y espiritual. 

«Si alguien quisiera realizar hoy el proyecto de Chillida -fue donado por la familia del escultor vasco tras su muerte al Gobierno canario- podría realizarse perfectamente en cualquier momento porque todo está documentado. Pero no era el caso de la obra de Rueda», añadía la misma fuente, al no existir unas directrices concretas.

Según la documentación del IVAM, de las obras registradas en el expediente, unas fueron fundidas en el año 2007, aunque su creación fue muy anterior, y otras en 2010. Unas se encuentran registradas como «copias». Hay otras de las que podrían realizarse, si no lo estaban ya, hasta seis reproducciones de las que el centro de arte dispone de las numeradas con el «1». De aquí se extraen dos conclusiones: nadie sabe lo que ha pasado con el resto de copias -si finalmente se hicieron- y quién o quiénes son sus propietarios. 

Un caso retorcido

Las investigaciones en torno a la compra del IVAM y la reproducción de las obras alcanzaban su primer estruendo a comienzos de abril cuando la Abogacía de la Generalitat pedía al juzgado instructor del caso la investigación del hijo adoptivo y heredero del escultor —algunos sostienen que fue su pareja y este reconocimiento fue la forma de poder declararlo heredero—, al tiempo que solicitaba una fianza solidaria para él, para la exdirectora del IVAM y para el exsubdirector del museo, Juan Carlos Lledó, de 4,1 millones de euros o, en su defecto, el embargo de sus bienes. 

La Generalitat consideraba, en su escrito al juzgado que investiga las presuntas irregularidades en la gestión de Císcar, que se destinó «a sabiendas» dinero público para la adquisición de obras falsas haciéndolas pasar por originales y produciendo así una desviación de fondos hacia el patrimonio de José Luis Rueda, quien habría prestado «su contribución vital y axial para dar apariencia de autenticidad a las obras, apropiándose de los haberes de la hacienda pública valenciana». Por tanto, el IVAM habría adquirido obras «no originales como si lo fueran». En su día, el IVAM estimó en 21,3 millones el valor real de la compra/donación entre las que también figuraban bodegones escultóricos, pinturas, óleos o collages.

La Abogacía denunciaba que el contrato de 2004 establecía la compra/donación de trece esculturas pero ninguna de ellas existía en el momento del acuerdo. En el contrato de 2006 se incluyeron un total de 84 obras, siete adquiridas y otras 77 donadas. De al menos seis de las vendidas «existe constancia» de haber sido ejecutadas por la Fundición Capa con posterioridad al contrato, diez años después de la muerte del artista. De las donadas, al menos 41 fueron manufacturadas por la fundición, también más de diez años después de su fallecimiento, por lo que 48 esculturas se realizaron en la fundición  expresamente por personas ajenas al artista. De las 36 restantes, dieciséis eran bocetos, por lo que «únicamente 20 obras aparentemente serían obra de arte originales».

Sin embargo, advertía el departamento de la Generalitat, la entrega de esas 20 obras, como reflejó un informe de la Intervención, tuvo entrada en el IVAM después de que en mayo de 2015 se alertase de que no habían sido recepcionadas hasta la fecha. Por tanto, según los informes, de las obras que no constaba que existiera fundición, 31 eran recepcionadas por el IVAM más de diez años después de la firma del contrato y un año después de la salida de Císcar y su equipo.

A mediados del pasado mes de abril, a partir de los informes presentados por la Abogacía de la Generalitat a la causa, el heredero del artista habría incorporado a su patrimonio unas 600 obras de arte de su padre, algunas de ellas de hasta diez metros de alto y valoradas por este en 21 millones de euros. Según el escrito, la Abogacía sostiene que aunque Rueda legó a su hijo todas las obras de arte que estaban en su posesión en el momento de su fallecimiento, en el cuaderno particional de la herencia no se incluía específicamente ninguna obra de arte.

En el sumario, existe constancia de una misiva de 2004 enviada por José Luis Rueda a la entonces directora del IVAM, Consuelo Císcar, en la que le ofrecía la obra El Gran Relieve por 360.000 euros, pese a que el original había sido donado por el hijo de Rueda al Museo Reina Sofía de Madrid en 2002.

El artista de Aznar

«Mis artistas favoritos son Rueda, Rueda y Rueda», confesó el expresidente del Gobierno español, José María Aznar, en Roma mientras acompañaba al hijo adoptivo del escultor y a la entonces directora del IVAM en la inauguración de otra exposición del artista. Aquellos piropos no le servían ya al artista para satisfacer su vanidad o ampliar su valor de mercado, pero sí situaba en el horizonte un nuevo objetivo. 

Corría 2008. Rueda, un personaje entrañable, un gran creador, de trato exquisito y lucidez creativa —por algo está considerado uno de los grandes renovadores del arte español contemporáneo—, continuaba presente en el mercado y el circuito con exposiciones de carácter retrospectivo tanto a través de la fundación dirigida por su antiguo secretario personal como a través del IVAM.

Y es que, según reveló años después una serie de correos volcados del ordenador de Miguel Blesa -entonces presidente de Caja Madrid- por orden del juez Elpidio José Silva, fue el propio Aznar quien se interesó para que la entidad financiera comprara al heredero del artista obras del legado de Rueda, así como su propia colección privada. Su valor de venta fue estimado en 54 millones de euros. Todas ellas debían formar parte de un nuevo museo en Madrid dedicado al escultor. 

La operación fue desestimada por Blesa y también por quien era en ese momento jefe de la Casa del Rey y director de la fundación de la entidad madrileña, Rafael Spottorno. Este, según reveló en su día el diario El País, rechazó la operación como también dedicar un museo a Rueda, al considerar excesivamente elevado el coste global de la operación que hubiera ascendido a 169 millones de euros. De ellos, 54 millones eran por 200 obras del artista y 1.500 piezas y objetos de su colección privada. Más de cien millones tenían que ser destinados a la reforma de un céntrico edificio municipal de Madrid. La iniciativa contaba con el respaldo del entonces alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón.

El propio Aznar, según estas informaciones, escribió a Blesa un correo recomendando la compra. Por el acuerdo también se interesó un hijo del propio expresidente del Gobierno español, quien reprochó a Blesa su negativa y decepción al negarse a participar en el proyecto. «Caja Madrid no es mi cortijo», le contestó el banquero, destituido en 2013 y condenado por su gestión en la entidad -el caso de las tarjetas black- a seis años de cárcel en 2017, meses antes de quitarse la vida. 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 35 de la revista Plaza

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