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al otro lado de la colina / OPINIÓN

Otra vez Israel

El conflicto Arabe-Israelí, como ya escribí, no es una historia de buenos y malos, que aunque individualmente los hay, geopolíticamente hablando es una historia de la supervivencia de dos pueblos, el de Israel y el Palestino,que estos días van a volver a ser noticia por la cumbre de Paris

14/01/2017 - 

El año pasado nos despedíamos con un duro varapalo para Israel: la resolución 2.334 (2016) del Consejo de Seguridad de la ONU condenando los asentamientos de Israel en territorios ganados tras el conflicto de 1967. Esta resolución tiene algo de partidista, a diferencia de la importante resolución 242 (1967) que creó le idea fuerza de Paz por Territorios, pues ésta ponía exigencias a las dos partes y en cambio en esta última sólo se las impone a Israel.

La reacción preventiva a la resolución 242 fue la resolución de Jartum de los tres NOES en septiembre de 1967 de la Liga Árabe, en la que se resolvió con un 'no a la paz con Israel, no al reconocimiento del Estado de Israel y no a las negociaciones con Israel'. Es así como 50 años después aún hay más de treinta países, principalmente musulmanes, que siguen sin reconocer a los judíos su derecho a existir como país.

Con la actual resolución 2.334 no se va a conseguir nada en el proceso de paz (permítanme la hipérbole). "Las cosas de la ONU serán diferentes después del 20 de enero", Donald Trump dixit al respecto. Bueno, algo sí; elevar la crispación de las partes implicadas, pues Benjamín Netanyahu ya ha mostrado su enfado con los países que votaron a favor de la condena (entre ellos España que presidía la sesión) mediante diferentes medidas diplomáticas como llamar a capítulo a los embajadores y por supuesto un enfado mayúsculo con Barack Hussein Obama II, al no haber querido vetar la resolución cuando si lo hizo en 2011. Netanyahu ha afirmado al respecto: "La administración Obama ha realizado una vergonzosa maniobra antiisraelí en la ONU". Y por la parte árabe, grupos yihadistas como Hamas se han felicitado por la resolución condenatoria a Israel, animándoles a proseguir en la lucha y por lo tanto a cometer más atentados. Desde que Palestina forma parte de la Corte Penal Internacional desde principios de 2015, resoluciones como la 2.334 pudieran ayudar a la acusación palestina contra el Estado Hebreo de haber realizado crímenes de guerra y contra la humanidad, presentada ante el CPI. Por eso inquieta a los judíos en parte la cumbre de Paz sobre Oriente Medio de Paris del 15 de enero: por las iniciativas que puedan adoptarse, que se me antojan ineficaces, aunque ojalá fuese productiva.

La policía israelí flanqua el camión del último atentando terrorista. Foto: EFE.

Pero para avanzar en un proceso de paz hay que negociar, negociar y más negociar, y ahí comienza el gran problema de este conflicto, pues para ello tienen que haber dos negociadores. De una parte está Israel, un estado de derecho y democrático (la condena de un tribunal militar israelí contra el soldado Elor Azaria por rematar en el suelo a un atacante palestino es una buena prueba de ello) y por el otro... nadie o demasiados que tiene el mismo efecto, como Hamas, Mahmud Abás-Al-Fath, además de todos los países árabes vecinos.

Además tengamos en cuenta que Israel es una nación herida en su código genético pues durante la Historia ha sufrido diferentes persecuciones, la última el holocausto de la Segunda Guerra Mundial, además de atacada o boicoteada continuamente desde su creación como país, y que a día de hoy sufre especialmente el terrorismo. Por ejemplo el Shin Bet (Servicio de Inteligencia) frustró 400 ataques terroristas en el 2016; de septiembre de 2015 a septiembre de 2016 Israel sufrió 309 ataques terroristas con 40 muertos y 455 heridos, el último mediante el atropello con un camión a un grupo de jóvenes (recordando al del mercado navideño de Berlín o al de la celebración del 14 de julio en Niza), muriendo en un principio cuatro de ellos y resultando heridos más de 15. Cuando pones a alguien herido contra las cuerdas, ¿qué se puede esperar? Pues cualquier reacción, incluso una desproporcionada, pero desde luego nunca pacífica. Aún así al final del 2016, y a petición de Netanyahu, se renunció a construir 600 viviendas en el asentamiento de Har Homa.

Hablando de terrorismo yihadista, y justo cuando se conmemoran dos años del ataque a la redacción de Charlie Hebdo, hemos tenido diferentes noticias negativas al respecto en Navidades, desde el ya comentado ataque en Berlín a la detención de dos yihadistas en Madrid con material de guerra (partes del fusil AK-47), la incautación de 8.000 armas de guerras, las continuas detenciones en Ceuta de radicales próximos al Daesh como las de este viernes o la orden de Al-Zawahiri (líder de Al-Qaeda) de atacar a España y recuperar Ceuta y Melilla (como en otras ocasiones, pues ya saben que los primeros en recibir las amenazas del yihadismo son los israelitas —primer dique de contención— por Palestina, pero los segundos somos los españoles por Al-Andalus) que no hacen presagiar nada bueno. Por eso tiene importancia la noticia sobre la sentencia del Tribunal Supremo 2389/2016, legitimando la expulsión de yihadistas, generalmente lobos solitarios que tras radicalizarse en Internet intentan incorporase a grupos terroristas. Que sin haber llegado a cometer un delito aunque si un ilícito puedan ser expulsados de España es un mecanismo más para nuestra seguridad, que esperemos se mantenga en los niveles óptimos que disfrutamos gracias al gran trabajo de las FCSE (Policia y Guardia Civil) en el interior, de las Fuerzas Armadas en el exterior y del CNI en ambos entornos.

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