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la nave de los locos / OPINIÓN

Podemos, nuestro caballo de Troya

Despertaron la simpatía de gran parte del país y hoy son un peligro para la democracia. Podemos es un partido sin norte, en franca decadencia, que avanza hacia un descalabro electoral en beneficio de los socialistas. Su pecado fue ponerse del lado de los independentistas en la crisis catalana. ¿Alguien puede aspirar a gobernar un país que pretende destruir? 

2/10/2017 - 

Yo fui uno de los cien mil asistentes a la Marcha del Cambio de Podemos en Madrid el 31 de enero de 2015. Recuerdo que era una mañana soleada de un sábado tímidamente invernal. Había llegado en autobús de un pueblo de la sierra y me tropecé, en el centro de la capital, con una marea humana que desembocaba en la Puerta del Sol. Había gente de todas las edades. Algunos portaban banderas republicanas y otros pancartas a favor de Podemos y contra los conservadores de Rajoy. Era difícil avanzar por la calle Alcalá porque todos pretendíamos lo mismo: estar lo más cerca posible del escenario en donde iban a hablar los líderes de la entonces nueva formación política.

Estuve hora y media de pie, a la espera de que comenzase el espectáculo. Apenas podía moverme, codo con codo con otros manifestantes; los pies los tenía helados y comenzaba a notar el cansancio. Pero la espera iba a merecer la pena. Unos fuertes aplausos de parte del público saludaron la llegada de los líderes de Podemos,  que fueron recibidos como unas estrellas de rock. Las cadenas de televisión progresistas —aquellas que obligan a sus trabajadores a darse de alta como falsos autónomos— transmitían el acto en directo.

En días previos nos habían anunciado que esa marcha marcaría el comienzo de una etapa histórica. Iban a asaltar los cielos, iban a tomar el Gobierno, iban a provocar que el miedo cambiara de bando, favorecidos, claro está, por el entusiasmo popular. “Presidente, presidente”, gritaban muchos manifestantes cuando llegó Pablo Iglesias. ¡Qué pronto envejece todo!, me digo ahora cuando echo la vista atrás.

Sólo en la ‘opresora’ España puedes cobrar del Estado y dedicarte a destruirlo aliándote con los independentistas. En otro país Podemos ya estaría ilegalizado

Yo había acudido a la marcha no tanto por afinidad ideológica sino por curiosidad. Hacía pocos meses que Podemos, un partido desconocido entonces para la mayoría, había obtenido un millón de votos en unas elecciones europeas. Nadie hizo mejor diagnóstico de la crisis y de sus causas: la corrupción institucional, la brutalidad de los recortes, la inmoralidad de sus gobernantes y la perversión de un modelo económico agotado al que parecemos volver. Su fotografía de la España en recesión era fiel y certera, pero faltaba conocer cuáles eran sus propuestas para el país. Por eso estaba allí, en la Puerta del Sol, con los pies congelados.

En los discursos de aquel día no hubo una sola mención explícita a la izquierda ni a la República. Podemos se vestía entonces de fuerza transversal para pescar en distintos caladeros políticos. La de Errejón fue la mejor de las intervenciones, en contraste con Iglesias, tan buen contertulio como mediocre orador. El pobre no se despegaba de los papeles de su atril…

Lo que vino después es una historia harto conocida: no asaltaron los cielos sino que tocaron la puerta del infierno; fracasaron en las elecciones de 2015, siendo superados por los socialistas; impidieron que Pedro Sánchez formase gobierno al no apoyar su investidura; perdieron un millón de votos en los comicios de 2016, la facción de Errejón fue purgada con vistas a situar a la organización en la extrema izquierda. Este objetivo se ha cumplido con creces. Era fácil de alcanzar ya que la pareja que maneja el partido militó en Juventudes Comunistas, y no parece que se haya desprendido de esa ideología, si bien hay que admitir que el PCE era más moderado que estos chicos de clase media.

Invalidados como alternativa de gobierno

La crisis catalana —cuyo desenlace desconozco cuando escribo estas líneas— ha tenido, entre tantos perjuicios y dislates, una cosa positiva. Con lo que ha dicho y hecho en estas últimas semanas, Podemos ha quedado invalidado como alternativa de gobierno. Queda claro que la única fuerza democrática de izquierdas es el PSOE, la gran beneficiada del previsible y deseable desplome de la muchachada de Iglesias. Podemos es hoy un peligro para la democracia española, a la vista de muchos que lo observaron con simpatía en sus inicios.   

Ver a Podemos como agente de una conspiración para destruir el Estado, en connivencia con los filoetarras de Bildu, los golpistas de Esquerra (se levantaron contra sendos regímenes constitucionales en 1934 y 2017) y la chusma nazi de la CUP, es la mejor prueba de la inmoralidad de sus dirigentes nacionales. Han jugado a reeditar el Pacto de San Sebastián para traer de nuevo la República y les ha salido algo chusco y de torpe imaginación, acorde con la mediocridad de sus promotores.

Suele ocurrir que aquellos que abanderan la defensa de la moralidad pública son los que más tienen que callar. Al igual que los impostores del PP, los del Podemos dicen una cosa y hacen otra. Sus hechos no se corresponden con sus fatuos discursos. Predican lo que son incapaces de cumplir. De ahí que hayan perdido todo su crédito. Hagamos memoria: Monedero abandonó la ejecutiva del partido por sus problemas con Hacienda; Errejón cobraba una beca de la Universidad de Málaga sin aparecer por ella; Echenique explotaba a su cuidador al que no había dado de alta en la Seguridad Social; Espinar tuvo la suerte de que le adjudicaran una vivienda protegida que luego vendió para obtener una jugosa plusvalía…

Estos son los que dan lecciones de ética y honradez. Más les valdría callarse por hipócritas y cínicos. Y aún así se quejan de vivir en un Estado a la turca, donde, dicen, hay “presos políticos”. Los que no denuncian la dictadura de Venezuela le ponen peros al régimen español. Sólo en la opresora España, en este país de supuestos tics franquistas y autoritarios, uno puede cobrar generosamente del Estado y dedicarse a destruirlo aliándose con los independentistas. Esto solo sucede en España. En otras democracias más avanzadas como Alemania o Francia, un partido que busca la quiebra del Estado, la ruptura del país, con el consiguiente sufrimiento para sus ciudadanos, estaría ya ilegalizado. Pero España es diferente. Vaya sí lo es.

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