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arte y sociedad

Política desde el cabaret: las exposiciones valencianas indagan en el género

31/10/2016 - 

VALENCIA. “Nosotras no ilustramos lo queer, lo usamos como estrategia. Generamos situaciones inestables, ponemos a la gente en lugares donde al principio no está cómodo”. En estos términos se expresaban Helena Cabello y Ana Carceller durante una entrevista concedida a Cultur Plaza el pasado mes de junio. Las artistas se encontraban en ese momento grabando los vídeos para lo que sería su exposición en el IVAM, Lost in Transition _un poema performativo, que se puede ver en la Galería 6 hasta el próximo 15 de enero. La pieza convierte en objeto artístico la propia escalera del espacio, elemento normalmente dejado fuera del discurso y que, en este caso, es eje central de la obra, dotándola de una carga simbólica de tránsito entre géneros. Casual o causal, la nueva temporada expositiva en Valencia suma varios y destacables proyectos en torno a esta temática, el género entendido como un “abanico de grises”, historias de pluralidad, de luz y de sombra. 

El Centro del Carmen inauguró el pasado viernes Las ahijadas, un trabajo en proceso del investigador y artista británico William James que vincula la vida de la mítica actriz Natacha Rambova y su álter ego transgénero Natacha Rampova. La muestra, que se podrá ver hasta el 11 de diciembre y que supone la primera colaboración del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana (CMCV) y Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma de Mallorca, enfrenta dos vidas paralelas en una simetría histórica, el antes y el después de la dictadura franquista. Por un lado, Natacha Rambova (Salt Lake City, Estados Unidos, 1897), bailarina de ballet, diseñadora de vestuario y decorados en el Hollywood de los años 20; por otro, Natacha Rampova (Valencia, 1957), artista de cabaret transgénero y activista pre-queer, quien imitaba el estilo exótico de la bailarina durante sus espectáculos.

De Rambova a Rampova

El destino hizo que jamás se cruzaran aunque sus vidas quedarán para siempre unidas. Rambova, segunda esposa de Rudolph Valentino, fue testigo observador del estallido de la Guerra Civil en Mallorca, donde vivió entre los años 1931 a 1936. Su glamuroso trabajo, que se puede ver en algunas fotografías que muestran cómo fue el diseño de vestuario para la película de Salomé, convivía con otra faceta bien diferente de la bailarina, la de una fiera luchadora contra el fascismo en plena Guerra Civil española, país del que acabó huyendo para acabar sus días en su Estados Unidos natal. Precisamente, el proceso de investigación de William James le ha llevado a localizar un artículo, que se da a conocer en el Centro del Carmen de forma inédita, en el que Rambova pedía ayuda a la comunidad internacional, ante la contienda bélica. “Influenciada por su conservador y monárquico marido, a priori, apoyó el bando nacional pero más tarde reaccionó ante la aterradora violencia contra los republicanos derrotados en Mallorca, con repercusiones que cambiarían su vida”, indica James.

La otra cara de la moneda es Natacha Rampova, artista de cabaret transgénero encarcelada bajo la ley de peligrosidad social entre los años 1971 y 1974. “Rampova fue encarcelada tres veces, algo que tuvo para ella graves consecuencias que marcaron el resto de su vida. Ella cuenta la historia con sus propias palabras. Cómo durante la transición a la democracia, iba consolidando una visión del mundo en el cual las políticas de género eran el pilar fundamental de una lucha por la libertad y la justicia social”, explica el comisario de la exposición. Y es que es imposible pensar en Rampova sin vincular su figura a la transición, momento en el que las ‘sexualidades alternativas’ comenzaron a estar presentes en la vida pública, un camino todavía en marcha. La muestra se forma en primera instancia en forma de instalación audiovisual, acompañada de fotografías, fotogramas y otros documentos para construir dos historias que guían a través de su ejemplo.

Inclusión por norma

La inclusión de las muestras en torno al género no es casual por lo que respecta al CMCV pues, ya en el proyecto por el que fue elegido José Luis Pérez Pont como gerente del organismo, lo explicitaba como uno de los ejes que guiarían la programación en los próximos años. “La igualdad es uno de los principios básicos de nuestra sociedad, por lo tanto será uno de los objetivos básicos a potenciar y llevar a cabo en la gestión diaria de una entidad como es el CMCV. Es un principio transversal que se plasmará en los distintos ámbitos de acceso, lingüísticos, de género y LGTBI”, reza el punto 4.7 del documento presentado en su candidatura a la Conselleria de Cultura, que lleva por lema ‘Apoyar el presente para construir el futuro’.

Precisamente, la inauguración de Las ahijadas vino acompañada de un coloquio que contó con la presencia de los responsables del colectivo de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales Lambda, protagonistas de una exposición que se pudo ver en el Centro del Carmen hasta ayer mismo. La muestra recorría a través de carteles y documentos históricos y vídeos en los que se relatan testimonios de sus miembros los treinta años de la asociación, la que supuso la primera exposición de acuerdo con el punto 4.7 del proyecto de Pérez Pont y que, además, inauguró una línea de proyectos de carácter social que se verán de forma permanente en una de las salas del museo.

Si Rampova, la valenciana, hacía política desde el cabaret, es el music hall de Ximo Berenguer el que ha abierto sus entrañas en Espaivisor. Se trata de la exposición A chupar del bote, que se podrá ver en la galería de arte contemporáneo hasta el 18 de noviembre, un recorrido por los pasillos y camerinos del famoso 'El Molino', un acceso vip a lo oculto, lo impermeable, un retrato a unos años 70 que querían explotar de libertad. El joven fotógrafo valenciano, empezó a despuntar al instalarse en Barcelona, cuando abandonó la estética del salonismo para adoptar un reportaje directo y descarnado. 

En 1975 Berenguer pudo realizar una inmersión fotográfica en el universo particular de ese teatro de variedades, gozando de total acceso al local y de la intimidad con sus protagonistas, imágenes tomadas mientras la compañía representaba la obra A chupar del bote y ensayaba Taxi al Molino. Sus fotografías hablan de las clases, la transición, la mezcolanza de distintos estratos de la sociedad o la corrupción, un Molino convertido en refugio de todos aquellos que quisieron cruzar el portón que ofrecía algo más que música y diversión. "A chupar del bote / hasta que se agote / a chupar del bote / es lo mejor...".

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