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Recuperar la ilusión… si se puede

Podemos, un partido que nació en la calle con la intención de ser la voz de los ciudadanos, se enfrenta dividido a su segundo congreso en Vistalegre. Su principal reto: superar el desencanto y demostrar que los principios fundacionales siguen vivos

11/02/2017 - 

VALENCIA.- Enero de 2014. Rubén Cervantes conduce su Seat León por la avenida Blasco Ibáñez. Acaba de recoger a Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez y Miguel Urbán en la estación del AVE Joaquín Sorolla. Los lleva a la sala que él mismo, promotor de Podemos en Valencia, ha reservado para que se celebre el primer acto del nonato partido. Este lugar no es otro que un espacio de marcado acento valenciano: la sala Joan Fuster, situada en la planta baja de la facultad de Geografía e Historia, germen de todo movimiento estudiantil que se precie. Unas paredes donde, quién sabe si en un futuro no muy lejano, pudiera hablarse del lugar donde empezaron a marcar la política española.

Salvo Rodríguez, el resto son madrileños —aunque Rubén lleva viviendo en Puerto de Sagunto más de once años porque la flecha del caprichoso Cupido así lo quiso— y juntos han compartido tanto escenarios como sueños. Han luchado por las mismas cosas: marchas antiglobalización, manifestaciones contra la Ley Orgánica de las Universidades (LOU) que el PP aprobó en diciembre de 2001 o contra el Informe Bricall —la enésima reforma educativa— dos años antes. Pero nunca con tanta ilusión como les consiguió imprimir el 15M. 

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Rubén recuerda hoy aquella época de la que, dice, «el partido sólo conserva la neolengua que le hizo diferenciarse del resto de formaciones. Pero ahora está centrado en batallas que a nadie le interesan». A tan sólo unos días de que se celebre el Vistalegre II —del 10 al 12 de febrero—, los morados se encuentran divididos en dos facciones a nivel estatal por sus diferentes maneras de entender el proyecto político. El enfrentamiento está personificado en la figura del secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y su número dos, Íñigo Errejón, que libran un pulso con dos grandes proyectos que no sólo guardan disensiones políticas, sino también orgánicas que buscan redefinir Podemos.

(Lea el artículo completo en el número de febrero de la revista Plaza)

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