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CRÓNICA | VALENCIA

Se estrena en Valencia Silla, ópera de Händel muy poco conocida y apenas grabada

Fabio Biondi, especialista en el barroco, dirige a la orquesta del Palau de Les Arts

14/12/2015 - 

VALENCIA. Valencia protagonizó este sábado el estreno en España de una ópera de Händel apenas representada: Silla (en referencia al cónsul romano Lucius Cornelius Sulla). Ni siquiera está claro que se estrenara en vida del compositor y, posteriormente, sólo se ha visto en París (1990) y en Halle, la ciudad natal de Händel (1993). El pasado junio, sin embargo, se repuso en dicha ciudad, y está de nuevo programada para el mismo mes de 2016. Entre ambas, la producción propia de Les Arts, con cuatro representaciones, la última de ellas como función didáctica. Casi huérfana ha permanecido también en cuanto a grabaciones discográficas: sólo hay una, editada hace 15 años por SOMM Recordings, con el famoso contratenor James Bowman en el papel protagonista. Que nadie crea, sin embargo, que le faltan méritos musicales. La música es un rosario de delicias. El libreto, por el contrario, tiene poco andamiaje dramático. La partitura fue utilizada dos años después para otra ópera de Händel, Amadigi di Gaula.

La ópera valenciana ha aprovechado el nombramiento de Fabio Biondi como titular –cargo que comparte con Roberto Abbado- para trabajar el repertorio del siglo XVIII. El hecho de contar con Biondi, especialista en este campo, le da un plus de atractivo a firmas tan estimulantes como la de Händel. Davide Livermore, intendente del recinto, aludía en el entreacto a la satisfacción de los músicos al explorar una obra tan temprana de la mano de un experto (Silla fue compuesta en 1713). No es, con todo, la primera vez que tocan música del Barroco: títulos como Orlando, Narciso, Juditha triumphans, y Dido and Aeneas, entre otros, lo corroboran.

Sin embargo, al ser Biondi titular, parece garantizarse que este trabajo tendrá continuidad, al menos durante los cuatro años de su contrato. Debe tenerse en cuenta que la tendencia actual es la interpretación de este repertorio con un enfoque específico en cuanto a fidelidad a la partitura, articulación y fraseo, por no hablar de la utilización de instrumentos originales, aspecto este último que difícilmente podrá realizarse con la orquesta de Les Arts. Tampoco se debe olvidar que existe un público bastante fiel al enfoque historicista. Parece poco probable, en cualquier caso, que la agrupación se convierta en referente para la música del XVIII, como ha llegado a serlo –al menos desde el foso- para la del XIX. Pero bueno será que cuente con mejores armas para afrontar la sonoridad transparente y ligera que se demanda en aquella.

Voces y ambientación

Silla se representó en la sala Martín i Soler, pequeño teatro de cámara con dimensiones adecuadas para la música barroca. Es allí donde ofrecen su trabajo los becarios del Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo, seleccionados para pulir su preparación, tanto a nivel escénico como musical. También suelen hacer algún papel pequeño en la sala principal de Les Arts. La orquesta es la misma en todos los casos, aunque reducida su plantilla, ya que el foso es de menor tamaño. En la ópera que nos ocupa, cinco personajes están actualmente en el Centro. Adriana Di Paola es antigua alumna del mismo, y sólo viene de fuera Benedetta Mazzucato, que sustituye a la inicialmente programada Meredith Arwady, y que asume el rol protagonista

La voz de Mazzucato pareció afectada al principio por una ronquera muy leve, y las agilidades de su parte no funcionaron con la fluidez necesaria. Mejoró luego, según avanzaba la velada. Adriana di Paola, en el papel de Claudio, mostró un bonito timbre, de color oscuro, pero la ornamentación tampoco corrió con ligereza, especialmente en la espectacular aria “Con tromba guerriera”, donde tuvo dificultades para ajustarse con la trompeta obbligato. Más ágil lució en “Mi brilla nel seno”. Federica di Trapani (Flavia) fue quizás la voz más atractiva de todo el elenco, con cuerpo y capacidad expresiva. Su punto fuerte, la zona grave. El agudo, por el contrario, se escuchó muy quebradizo. La intérprete más equilibrada pareció Karen Gardeazabal (Metella), tanto en la homogeneidad de registros como en la ornamentación. Lepido, en la voz de Elisa Barbero, y Celia, en la de Nozomi Kato, lucieron asimismo voces bien timbradas. El lector notará que son también mujeres las que asumen los papeles masculinos, pero eso era frecuente en la ópera seria del XVIII, encandilada por las voces agudas de castrados y prime donne. En Silla sólo está destinada a una voz masculina, el Dios Marte, interpretado por Michael Borth.

Fabio Biondi dirigió la orquesta empuñando su violín, a veces para tocarlo, y otras utilizando el arco a modo de batuta. Dio una visión enérgica cuando se representaban situaciones de carácter militar y violento, pero supo acomodar el sonido y adaptarse al texto en números tan tiernos como el dúo de amor entre Flavia y Lepido “Sol per te, bell’idol mio”, o en la dramática aria de Celia “Sei già morto”. Deben destacarse las intervenciones del violonchelo, la trompeta y el fagot. En ningún caso se tapó a los cantantes, pese a que la acústica proporciona al foso una relevancia un punto mayor de lo deseado.

La dirección de escena, a cargo de Alessandra Premoli quiso explicar al público que las tiranías son perversas en todas las épocas. Por eso utilizó espadas junto a pistolas, cascos de inspiración romana, boinas rojas que parecían de los requetés, saludos fascistas y fotos reales de los desaparecidos con Pinochet. La acción se desarrollaba ante –o sobre- unas gradas, que tanto podían ser las del antiguo senado de Roma, manipulado y depurado por el dictador, o las de un teatro -también romano-, donde un público variopinto contemplaba la actuación del tirano y sus consecuencias. Todo eso está muy bien, pero su acople con un libreto del XVIII no pudo evitar las incongruencias. El público sabe de sobras, por otra parte, que las dictaduras no son exclusivas de la Edad Antigua. Máxime en este país, donde todavía viven muchos de los que soportaron la última, y aún quedan muertos en las cunetas.

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