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EL TINTERO / OPINIÓN

Si hay que ir, se va…

Imagino que saben como acaba la famosa expresión que popularizó el dúo humorístico ‘Cruz y Raya’. Esa sensación es la que tienen muchos españoles cuando ven que habrá que volver a votar, mientras las encuestas apuntan que la mayoría elegirá el mismo partido. Votaciones en invierno y votaciones en verano, cambio de temporada

1/05/2016 - 

Se consumó lo que muchos anunciaron, algunos dudaron y pocos desearon, el final de esta [no] legislatura y la convocatoria de elecciones generales. No les negaré que desde hace unas semanas he mantenido la idea de que hasta el último segundo podría haber pacto anti-PP, porque no busquemos los tres pies al gato y dejemos los eufemismos a otros. Lo que más une a PSOE, Podemos, IU, PNV, CC, Compromís y otros, es decirle ¡NO! al PP y especialmente a Mariano Rajoy.

La situación global y la crisis económica nos ha complicado la vida a todos y el cambio de época ha supuesto un shock en la cómoda (a veces opulenta) forma de vida de finales del siglo pasado. Con este panorama sólo nos faltaba descubrir lo que ya sabíamos, y sobre lo que existen extensiones y corolarios a la originaria Ley de Murphy; y es que las cosas, por mal que estén siempre pueden ir a peor. Ante una compleja situación económica que requiere de seguridad jurídica y confianza a los inversores, y una situación política que demanda unidad del mundo libre y las democracias occidentales frente al terrorismo yihadista, la inestabilidad política y la entrada del populismo de ideología comunista, no parece el mejor de los escenarios para enfrentarnos al futuro.

Cuando tengamos que volver a las urnas, lejos quedará aquel domingo de diciembre, y sobre todo el día después, donde ya intuimos que la nueva política nos traía, con toda su buena intención: inestabilidad, ingobernabilidad e inactividad (al menos a nivel poder ejecutivo). El mismo día que fuimos a votar, desde este Tintero anunciamos un largo invierno. 

Cuando tengamos que volver a las urnas, lejos quedará aquel domingo de diciembre, y sobre todo el día después, donde ya intuimos que la nueva ERA política nos traía inestabilidad E ingobernabilidad

La efebocracia como la tildaba José Mª Carrascal tiene como cruel consecuencia que casi 47 millones de españoles con sus currículums, idiomas, masters; luchando por mantener el puesto de trabajo o por encontrarlo; soportando el infierno fiscal y las infinitas normas y leyes que controlan (y limitan) nuestra vida cotidiana, estén al albur de unos políticos jóvenes, con escasa o nula experiencia en la vida real que acabo de describirles. Los representantes de la ‘nueva política’ y alguno más, se han comportado como auténticos adolescentes, y como recordaba el veterano periodista en ABC: “otra característica de la adolescencia es no admitir errores, y ahí tienen a los tres echándose la culpa de que aún no tengamos gobierno.” 

Si a esa actitud infantil añadimos el egocentrismo y personalismo, que ya se vislumbró en los ataques de Sánchez a Rajoy en el famoso cara a cara televisado, tenemos la combinación perfecta para llegar al bloqueo político e institucional. Otra de las plumas más prestigiosas del periodismo español, que pese a su imagen ha dado palos a unos y a otros, Luis Mª Ansón, escribía hace unos días en El Mundo: “En Rajoy, como en Sánchez, como en Iglesias, predominó el personalismo y el interés partidista sobre el interés general. El espectáculo circense al que los partidos políticos han sometido al pueblo español entre estúpidas cabriolas y piruetas absurdas ha acentuado el asco generalizado con que la sociedad española distingue a la clase política.” Ellos discuten, mientras cobran, y nosotros pagamos, nos enfadamos y luego… les votamos.

“En España —y os lo digo, Alteza, porque sois joven y español— el que resiste, gana. Y también os lo digo, Alteza, porque habréis de lidiar durante vuestra vida, que para bien de todos os deseo larga y colmada de aciertos, con los tres embates que siempre se arrancan y siempre se estrellan contra el alma de los elegidos: el hombre impaciente, el del tiempo inclemente y el de la circunstancia desaforada e hiriente”.

Camilo José Cela, ‘En España, el que resiste, gana’, 

Discurso de recepción Premio Príncipe de Asturias 1987

Estos días se ha recordado el título de este discurso en consonancia con la actitud de Mariano Rajoy de resistir, aguantar, ser invisible y quedarse al margen de las disputas de estos meses. Pero hay que reconocer que esa posición le ha hecho mantener la compostura y transmitir una imagen seria y formal ­–también aburrida– a la sociedad. Frente a él, Pedro Sánchez ha pasado del insulto al arrepentimiento con la boca pequeña, del pacto con Ciudadanos al paseo con Iglesias y aceptación a última hora de las propuestas de Compromís. Albert Rivera de liberal centrado y moderado abierto a pactos a crear el eslogan de ‘Rajoy rajao’ para marcar una (falsa) distancia con su socio natural.

Y Pablo Iglesias, ay Pablo!, a mostrarse tal y como es, sin trampa ni cartón, con coleta y pantalón. En la Universidad jaleado por las huestes de la efebocracia, censor de la crítica periodística y faltón con un país y unas instituciones a las que quiere aniquilar mientras no se atreven ni a condenar las atrocidades de Venezuela, y de paso nos dan lecciones de paz y convivencia con Otegi en Bruselas. 

En la última ronda de contactos de Felipe VI con los representantes políticos, llegó tarde y, como siempre, con una imagen que transmite una falta de respeto absoluta por el Jefe del Estado. Como detalló de manera brillante la periodista Almudena Martínez-Fornés: “La actitud de Pablo Iglesias, que choca con las más elementales normas de buena educación y de respeto institucional, habría sido censurada en las Jefaturas de Estado de los países más avanzados de nuestro entorno, ya sean Monarquías o Repúblicas.”

Si el día de trabajo no se trabaja, el día de las elecciones quizá no se vote. Y será lógico porque visto lo visto, muchos dudarán sobre la efectividad de acudir a las urnas. Lo que al menos tenemos seguro es que empieza mayo, uno de los meses más intensos para disfrutar de Valencia en todo su esplendor, con la festividad de la Virgen de los Desamparados como epicentro social, cultural, religioso y popular en nuestra sociedad. Y con una primavera que nos regala una temperatura agradable para salir al exterior y disfrutar de la playa, el mar, el campo, la montaña…porque “si hay que ir, se va”.  

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