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el muro / OPINIÓN

Trasatlántico

Menuda noticia. El Ágora va tener uso racional. Será un CaixaForum. Estamos de enhorabuena. Dispondremos de un proyecto cultural de primer nivel, rigor y seriedad. Lo que necesitábamos. Nosotros y el edificio. Traerá, además,un nuevo orden cultural más que necesario

9/04/2017 - 

El Ágora de Valencia, el aún enigmático para muchos ciudadanos, inconcluso y hasta ahora casi desaprovechado edificio azul que aparece en la salida sur de la ciudad, se va a convertir en un CaixaForum impulsado por La Caixa. Es una de las mejores noticias escuchadas en esta autonomía desde hace años. Más aún después de tanto tiempo de informaciones sobre corrupción, enfrentamientos, detenciones, indefiniciones sociales, broncas gubernamentales, tránsito y mercadeo cultural, diferencias, además de otros asuntos turbios relacionados con el robo y saqueo institucional de norte a sur, y la imposibilidad de acometer nuevos proyectos imposibles de financiar. Tener constancia oficial de que Valencia tendrá un CaixaForum es como para tirar cohetes. Y no sólo por lo que representa desde la perspectiva cultural, social y hasta turística, que esa es otra, sino por otros muchos motivos dignos de tener en consideración.  De momento, me apunto.  

El Ágora fue un “edificio” que apareció en nuestras vidas sin que nadie lo esperara y menos reclamara. Santiago Calatrava, autor de gran parte de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, se lo “propuso” al Gobierno de Francisco Camps, o a la inversa. No se sabe.

En su momento, allá por 2005/2006,  se quiso justificar que el encargo tenía como principal o primer fin albergar la entrega de los premios de la Copa del América, aquella competición náutica de la que ya nunca supimos nada más. Decían que el Ágora se convertiría después en un espacio multiusos para el pueblo.  

El edificio debía haber estado terminado en 2007, según los plazos estimados. No fue así hasta mediados de 2010, aunque en 2009 comenzó a utilizarse con muchos problemas, zonas inacabadas y los sobrecostes de rigor que acompañan habitualmente a la firma de su autor. Nos fuimos a más de 90 millones cuando su presupuesto inicial no llegaba ni a la mitad.  

Estamos en 2017 y de hecho continúa igual: inacabado. Con problemas de humedades, goteras, oxidación, desperfectos en el trencadís, al igual que el Palau de les Arts, sin sistema eléctrico y con la cubierta abandonada. Es una imagen. De hecho las estructuras que debían coronar la supuesta “valva” arquitectónica estaban en un solar totalmente olvidadas a su suerte. Ya no se utilizarán, lo que abaratará el presupuesto de finalización. Aún así fueron abonadas. Sin embargo, algo es algo, aunque pagaremos la comisión correspondiente de autoría y conclusión. Que esa es otra.

Ya son dos Calatravas por los suelos los elementos que nunca se colocarán: los del Ágora y la escenografía hidráulica del espectáculo Las Troyanas, que continúa amontonada desde hace años a la intemperie a las puertas de la denominada Nau de Sagunt, el espacio que nos iba a convertir en paradigma del teatro mundial y del que nadie quiso después saber nada pese al coste de casi 30 millones de su rehabilitación.

El Ágora, cuya conexión con l‘Oceanogràfic está sin desarrollar, apenas se ha utilizado. Sólo algunos eventos puntuales: partiditos de tenis, fiestas de Nochevieja y algún concierto, con un problema añadido de acústica. Visto desde la distancia nadie negará que fuera una inversión/encargo de nuevo rico decadente e iluminado por efluvios de grandeza y autoridad. Estilo Nerón.

Ahora, al menos vemos algo de luz al final del túnel. Y nos deslumbra. Aunque aún le esperan obras y nuevas inversiones del Consell para poder concluir el edificio y que éste sea seguro y sobre todo útil. La Caixa invertirá 18 millones, que no es poco, a cambio de una concesión de 50 años. Tendremos un CaixaForum en Valencia. Y no sé si muchos se han planteado lo que va a significar. Pues un lujo. Lo que el President Puig quiso decir durante su reunión con el presidente de la entidad financiera. Que el complejo será locomotora cultural de la Comunitat es más que cierto. Pero también se puede interpretar desde la perspectiva de que muchas cosas tampoco funcionan como deberían, o incluso que habrá que comenzar a pensar en redefiniciones más que necesarias que eviten competencias, desavenencias, solapamientos e inversiones paralelas innecesarias. Está todo dicho. No se puede competir con un transatlántico

Si algo ha caracterizado a La Caixa en lo que respecta a su programa de actividades socioculturales es su rigor, profesionalidad, seriedad y calidad. Todo está dicho. Uno ha de reconocer que muchas de las mejores exposiciones o proyectos culturales que ha disfrutado en su vida han venido de mano de entidad catalana. Y no es peloteo. En absoluto. Simplemente, sinceridad.

Pero el montante de la operación, que muchos aún no han caído en entender, es que la propia institución que va a reflotar el Ágora y dirige Isidro Fainé dedicará anualmente cinco millones al funcionamiento del complejo. No existe institución cultural en Valencia, salvo el Palau de les Arts o el IVAM, que se mueva en esas cifras. En el primero, una cuarta parte de sus 22,7 millones de presupuesto se va simplemente en mantenimiento del edificio. Con respecto al IVAM están casi presupuestariamente a la par. El resto de instituciones culturales queda a la cola de la conga. Lo que nos lleva a otra reflexión mayor. La llegada de un CaixaForum en Valencia con ese presupuesto anual y su programa cultural nos conducirá también a rediseñar el modelo de política cultural tanto como pública como público/privada y hasta privada.

Por mi parte, bienvenidos. Ójala hubiera sido hace más de una década aunque sólo fuera para explicar las razones de la lógica, el sentido de la racionalidad y el rigor a tanto divino metido a supuesto y fino florentino renacentista.

Como reconoció el President, al menos pasamos de una política de continentes primero, pero sin contenido, a otra de realidades esperadas. Ya iba siendo hora. Aunque nos va costar otro pico.  

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