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el tintero / OPINIÓN

Un Premio a la Convivencia y el sentido común

En unos días, en el ecuador de este mes que parece sí que será frío (como toca en invierno), la Fundación Broseta engrosará su elenco de premiados en homenaje y recuerdo al profesor asesinado por ETA, y una vez más el acierto en el premio es total: Societat Civil Catalana.  

10/01/2018 - 

Cada 15 de enero, la gente de bien, los familiares, amigos y tantas personas anónimas que sintieron con sincero dolor el cruel y cobarde asesinato de Broseta, sienten de nuevo la punzada de rabia y tristeza al tener que reunirse para conmemorar un día negro para la democracia y especialmente para el pueblo valenciano. Pues Manuel Broseta, que prestó grandes servicios al mundo del Derecho, de la universidad y de la política, probablemente estaba llamado a prestar alguno más a la sociedad a la que servía y en la cual destacaba por mérito propio, por sabiduría y por autoridad moral e intelectual –a diferencia de la potestas que algunos pavonean y que sólo les da su cargo pero no su currículum ni su capacidad personal y profesional–. En este aspecto es bueno recordar que ETA casi siempre elegía a sus víctimas para provocar todo el daño posible en la sociedad, y en muchas ocasiones descabezarla de sus líderes y hombres más preeminentes [juristas, políticos, militares, empresarios,…].

Desde aquel día y gracias al impulso de una parte importante de la sociedad valenciana, con especial protagonismo de la Confederación Empresarial Valenciana y quien entonces era su presidente, D. José Mª Jiménez de Laiglesia (QEPD) se creó la Fundación Profesor Manuel Broseta que continúa con su callada y eficaz labor de mantener viva la figura de Don Manuel, y de difundir a través de sus diferentes actividades el recuerdo a las víctimas del terrorismo y fomentar los valores de libertad, justicia, pluralismo ideológico y convivencia. Es en éste último aspecto, especialmente donde ha destacado la entidad premiada en esta XXVI edición, pues como bien explican sus promotores y han demostrado a través de multitud de manifiestos y convocatorias, Societat Civil Catalana promueve esa “Cataluña abierta, plural y genuinamente democrática, plenamente integrada y en la UE -reconocido ya por el propio Parlamento Europeo, que en el año 2014 le otorgó el 'Premio Ciudadano Europeo'- y todo ello encaja plenamente en los fines para los que en su día fuera instaurado el Premio Convivencia".

Nos encontramos en un momento crucial y delicado para el devenir de esta vieja e histórica nación que es España, formada por territorios con una rica y apasionante historia por sus hazañas, personajes y trascendencia en la conformación del mundo actual –la Conquista de América es sin duda uno de ellos­­–, que vuelve a asomarse al abismo de la confrontación civil entre hermanos y del rencor como arma política y social. Esta complicada situación se ha visto agravada tras las precipitadas elecciones autonómicas catalanas convocadas desde el gobierno central –ante el pavor cuasi pueril a aplicar el art. 155 durante el tiempo necesario y con la firmeza y determinación requeridas–; que han dejado un complicado panorama en la política catalana, pese al triunfo como primera fuerza política de Ciudadanos.

Si algo hay de positivo en toda esta historia, a ratos histriónica a ratos dramática ha sido el renacer, el despertar de un importante número de catalanes, la mayoría agrupados y alentados por la asociación que este año recibe el Premio Convivencia Manuel Broseta Pont. Pues la gran manifestación del pasado 8 de octubre, así como la mayoría de textos y voces críticas con el nacionalismo dentro de Cataluña han salido de Societat Civil Catalana o su entorno. De hecho el propio partido que ha logrado imponerse (en votos y diputados) al resto, Ciudadanos,  tuvo su origen en un think tank de profesores e intelectuales que se unieron de manera espontánea para firmar un manifiesto entorno a la plataforma cívica Ciutadans per Catalunya.

Ante las situaciones límite a las que nos enfrentamos, pocas armas más poderosas que la unión sana y civilizada de lo que siempre se ha denominado ‘hombres de buena voluntad’, personas que de manera altruista e ilusionada se unen para defender ante todo el sentido común, y también la legalidad, la justicia, el orden, el cumplimiento de la ley y en definitiva la convivencia pacífica y respetuosa entre ciudadanos de un territorio que comparten lengua, cultura, creencias, tradiciones, historia y un futuro en común, es decir, entre españoles. ¡Enhorabuena Societat Civil Catalana!

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