X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información
GRUPO PLAZA

el muro / OPINIÓN

València en Dansa

Vuelve 'Dansa València', el escaparate de la danza contemporánea y, como en sus orígenes, con forma de festival. Ha de servir como acicate para relanzar una disciplina no siempre atendida en su justa medida pero si exigente para los profesionales. Alta calidad que tenemos y formamos

2/04/2017 - 

En apenas unos días -del 6 al 9 de abril- se celebrará una renovada edición de Dansa València, de nuevo con formato de festival.  El certamen vuelve a lo suyo, al origen, esto es, ser una ventana abierta a la realidad de la danza contemporánea. A veces da la impresión de que con cada cambio de gobierno hay que resituar y redefinir cada uno de los proyectos heredados o modificados en su momento. Así sucedió con Dansa València en el pasado cuando funcionaba a las mil maravillas. Pero no servía para los recién llegados. Poco a poco se fue desvirtuando su esencia. Apenas era útil a la profesión, también relegada con el paso del tiempo. Simplemente se buscaba el brillo político. La profesión era lo de menos.

La idea de cambiar nombres y denominaciones o el espíritu de algunos contenedores por el mero hecho de estar en bancada contraria no es buena consejera. Más aún después de la inversión realizada a lo largo de los años. Pero somos así. Nos gusta cambiar nombres, términos y sentidos. Pero nunca entrando al fondo de la cuestión, esto es, bajo una planificación y un objetivo claro que respete la tradición y al mismo tiempo ayude a crecer y a consolidarse venga después quien venga.

Tenemos tantos casos que casi deberíamos elaborar un ensayo al uso para entender nuestra idiosincrasia. Festivales, teatros, museos, salas de creación contemporánea…todo ha estado sujeto al cambio, el abandono, la sinrazón, el capricho político de turno.

Entiendo que esta Generalitat haya recurrido al cierre de muchas fundaciones con agujeros tan inmensos que divisaríamos la costa oeste de Estados Unidos. Era una salida, la única que le quedaba frente a todos esos chiringuitos creados al amparo de los amigotes de turno y el reparto de comisiones, como así se ha demostrado. Pero sin mayores objetivos reales. Pero cambiar nombres de museos o de escenarios culturales por el simple hecho de una sucesión de Gobierno -nadie se atreve aún por miedo con los peloteos cortesanos- no parece recurrente. Si no es que responda a la simple ausencia de ideas e iniciativas o a intentar convencer de  que algo avanza.

No es ese el caso de Dansa València que si algo hace es volver a sus orígenes, los auténticos: ser escaparate de la realidad de la danza y foro de los profesionales. Una puerta abierta a la realidad actual pero también al futuro.

La danza contemporánea siempre ha sido la hermana pobre de las Artes Escénicas. Y está bien que exista un festival dedicado exclusivamente a ella, como también un cuerpo de baile vinculado a la Administración autonómica que antaño sirvió para satisfacer egos, ansias de poder y pleitesía. También para adornar currículos. Lástima que no haya bailado tanto como debería haberlo hecho durante todos estos años de intereses partidistas pero no artísticos ni profesionales. Más que nada por lo que nos ha costado y aún cuesta. Si la desmedida ambición del algunos/as no hubiera sido tan exagerada y después de la inversión realizada, ojala contáramos con un cuerpo de baile con una presencia regular en los escenarios de toda España, embajadora de nuestra realidad cultural y sobre todo referente de nuestros bailarines y coreógrafos. Pero no. Se prefirió, como en casi todo, el falso glamour inmediato, el regalo de oropeles y el uso del poder en beneficio propio e interesado. De haber sido de otra manera, con riesgos, profesionalidad y coherencia tendríamos un ballet de tanto nivel exterior como lo es desde hace muchos años el Cor de la Generalitat, sin duda, la formación de mayor prestigio en el ámbito nacional. Pero antes estaba el yo, nunca el mañana

Por ello, insisto, lástima que no sucediera lo mismo con el Ballet de la Generalitat, una unidad artística de grandes bailarines pero mal desarrollado y secuestrado que acabó vinculado al Palau de Les Arts para que su cuerpo de baile apareciera en las representaciones operísticas casi como meros figurantes. Por cierto, ¿cuántos bailarines o coreógrafos han tenido que salir de esta autonomía para demostrar su valía o desarrollar una carrera ya que por aquí hacían sombra a la supuesta “inteligencia”?

Vuelve Dansa València con la idea primigenia de ser escaparate de la danza contemporánea. Coincide con el anuncio de que el Instituto Valenciano de Cultura -ven, otro nuevo nombre- va a conceder ayudas por valor de 344.000 euros a la danza. Me alegro. Pero más allá del siempre contemplativo y generoso reparto de subvenciones lo que debería de preocuparnos es realmente crear una política de exhibición y promoción que ayude a aupar a los muchos profesionales que cada año salen de academias y escuelas superiores. Sería la mejor ayuda. Una ventana temporal está bien. Nos acerca a una realidad actual y permite descubrir la inmediatez, pero una presencia más que regular en los escenarios públicos y privados, todavía estaría mucho mejor, junto a campañas de promoción y difusión, talleres, formación e investigación. Para ello se creó el disuelto Centre Coreográfico. Tenemos, además, una importante red de teatros municipales, muchos repartidos por la geografía y sin apenas vida, que deberían sumarse. Los pagamos todos. Como también  podrían existir mecanismos de cooperación público/privado/público para que la danza no muera en unos días y tenga una presencia real mucho más continuada en el tiempo. Vale la pena intentarlo. Sobra creatividad. Faltan plataformas.

Esta sencilla reflexión no es un cheque en blanco.  Me consta que al frente de la danza y el teatro institucional hay en la actualidad profesionales realmente sensibilizados con su territorio y que creen en las Artes Escénicas como motor de cultura, economía y empleo. Pero continúo pensando que se puede y debe ir mucho más allá, aunque hayamos perdido muchos años y los esfuerzos hayan quedado en inversiones baldías. Sé que están en ello y también que habrá que esperar tiempo para disfrutar resultados.  

Vayan a Dansa València. No se lo pierdan. Habrá cuatro o cinco espectáculos diarios, tanto en espacios cerrados como abiertos -Teatro Principal, Rialto, El Musical, Sala Matilde Salvador, plaza del Patriarca.  Se van a sorprender del nivel que existe por aquí y por allí. Y no es una milonga, sino una realidad. Que no se lo cuenten.

 Por cierto, “buen viaje” Manel Chaqués. Nos vemos en Dansa València.

Noticias relacionadas

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email