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pequeño catálogo de patrimonio perdido

València y la desmemoria: aquí hubo un cine

Foto: KIKE TABERNER
1/04/2018 - 

VALÈNCIA. Hay un cine que se llama Valencia en Nueva York. Está ubicado en la avenida Jamaica en el barrio de Queens. Diseñado por John Eberson, formaba parte de los Wonder Theatres que inauguró la cadena Loew en 1929. El cine llamado Valencia abrió sus puertas el 12 de enero. Con una decoración de estilo churrigueresco era el heredero en nombre y aspecto de otra sala llamado también Valencia que se había inaugurado en Baltimore tres años antes. El cine Valencia de Nueva York es una de sus atracciones y está incluido en el registro nacional de Lugares Históricos. En la actualidad sigue abierto y se usa como iglesia. Tres años después de que se inaugurase el cine Valencia abrió sus puertas a este lado del Atlántico el cine Metropol. Diseñado por Javier Goerlich para el empresario y periodista Vicent Miquel Carceller, el cine no está protegido y puede ser demolido en cualquier momento, una vez el Ayuntamiento de València ha autorizado su derribo.

Del mismo modo que España ha ido dilapidando arte y patrimonio eclesiástico a lo largo de siglos, en las últimas décadas se ha convertido en frecuente la constante pérdida de la memoria arquitectónica de la ciudad, especialmente en lo referido a los inmuebles culturales. Con una víctima propiciatoria: los cines. Las anécdotas son variadas. Desde “la lámpara del Savoy”, como recuerda Andrés Goerlich, una pérdida que tiene mucho de metáfora, hasta otro cine como el Trianon Palace, creado precisamente por Javier Goerlich, y pensado para que durase sólo 10 años, según relata el escritor Miguel Tejedor en El libro de los cines de Valencia. El Trianon Palace, rebautizado como Lírico, ubicado en la confluencia de Paseo de Ruzafa y la calle Martínez Cubells, disponía de un aforo de 1.548 localidades, más que la sala Principal o el Auditori del Palau de les Arts. Finalmente no duró 10 años, sino 34. Desde su apertura el 5 de diciembre de 1914 hasta su cierre el 11 de enero de 1948, combinó varietés y cine, si bien se decantó mayormente por este arte. La última película que se proyectó fue Destino (1939, Gustaf Molander), que era uno de los primeros trabajos de Ingrid Bergman. La publicidad la anunciaba como una “cinecomedia de ambiente circense de trama argumental profundamente humana”.

Si el Lírico fue sustituido por unos edificios residenciales, hay otros cines que todavía no se sabe qué destino tendrán. Los ABC... Martí, desde que cerraron en enero de 2005, se han convertido en uno de los problemas inmobiliarios más recurrentes de València. Durante sus breves 41 años de existencia, los Martí fueron protagonistas del ocio local. Los primeros años por ser el cine más grande de la ciudad y uno de los mayores de España. Gestionado por la familia Pechuán, a mediados de los ochenta se reconvirtió en una multisala de tres pantallas, siguiendo los pasos de los exitosos ABC… Park, aún abiertos. Posteriormente aumentó el número de salas hasta ocho y vivió sus años de esplendor a finales de los noventa y principios de milenio cuando compaginó una programación de corte más europeo con largometrajes de corte independiente y fue sede habitual de la Mostra de Cine de València. Durante los años que dirigió el festival el escritor y periodista Lluís Fernández se llegaron a superar las 30.000 espectadores los días de festival, con más de 4.000 espectadores diarios.

En plena cumbre de su popularidad, los cines bajaron la persiana y la familia Pechuán unió fuerzas con María Dolores Soler en la empresa Unión Cines Centro; querían concentrar el público en los Lys y los ABC… Park. Durante ocho años, hasta 2012, ambos multicines funcionaron como una única sala, mientras los Martí languidecían esperando destino. Con el tiempo, ambas empresas se separaron, los Park han ampliado sus salas hasta ser en la actualidad 12, y los ABC… Martí siguen cerrados. Entre las últimas películas que se proyectaron, Melinda & Melinda (2004, Woody Allen) y El lobo (2004, Miguel Courtois).  

Algunos de los grandes cines de València han tenido una doble vida, como teatro y sala de exhibición. Ese es el caso del Teatro Olympia, que aún hoy sigue abierto como teatro por la dedicación de sus propietarios, la familia Fayos. Ese fue el caso también del salón Eslava, teatro de varietés y teatro a secas al principio que desde su inauguración en 1908 hasta 1961 fue uno de los grandes escenarios de la ciudad. Proyectado por el arquitecto José Manuel Cortina, “la bombonera”, en la atinada descripción de Tejedor, abrió bajo la dirección de Vicente Barber. En 1961 el productor Cesáreo González, presidente de Suevia Films, buscaba una pantalla para València y encargó al arquitecto Luis Jiménez de Laiglesia que remodelara el teatro.

El 27 de enero de 1962 abrió sus puertas como cine con el estreno en la ciudad de la película El Cid, de Anthony Mann; por ese motivo estuvo siempre decorado con grandes fotografías de la película y de su estreno en Madrid con sus protagonistas, Charlton Heston y Sophia Loren; ninguno de los dos estuvo en València aunque la leyenda urbana sostiene que sí. Loren sí que participaría con el tiempo en una Mostra de València, la que se celebró en octubre de 1999. Un mes antes se oficializó que se iba a transformar el Eslava en un local de la cadena Druni. Hasta el día que cerró sus puertas, a finales de junio de 1995, el Eslava albergó toda clase de películas. La última que se proyectó fue Pulp Fiction, que estuvo en cartel más de 23 semanas. Tras ello, fue alquilado ocasionalmente como estudio para un programa de Joan Monleón en RTVV hasta su reconversión en perfumería.

Foto: KIKE TABERNER

Otro de los espacios que tuvo una doble vida se halla justo enfrente, el que fuera el cine Serrano. Doble en todos los aspectos. Primero fue teatro, después cine, y durante décadas fue dos cines singulares pero juntos: Serrano y Artis. Su nombre viene por el maestro José Serrano. Y es que el teatro, que nació un 14 de abril de 1933 como Nostre Teatre sobre las ruinas del Café Colón, tuvo que reconvertirse para atraer nuevos públicos. Rebautizado de nuevo como Nostre Teatre durante la Guerra Civil, junto al Teatro Novedades alternó la programación en valenciano. Con el fin de la guerra recuperó el nombre de Serrano. Aguantó como teatro hasta 1957, fecha en la que fue reconvertido por primera vez en cine.

Durante cinco años tuvo una primera vida comercial pero los Pechuán decidieron remozarlo. Las obras se realizaron entre el 1 de julio de 1962 y el 15 de mayo de 1964. Reabrió sus puertas convertidos en dos cines. El proyecto estuvo diseñado por el arquitecto Luis Gutiérrez Soto y tuvo como fruto más destacado el nacimiento del Artis, una de las salas que históricamente se destacaría por programar cine de calidad. Asimismo se habilitó el pasaje Artis, donde se instalaron diversos locales, entre ellos, allá por los noventa, la veterana tienda de cine Rosebud que ahora se halla en la calle Pelayo.

Foto: KIKE TABERNER

Si el Serrano abrió el 16 de mayo de 1964 con West Side Story, el Artis lo hizo el 18 de junio de ese mismo año con La escapada, de Dino Risi, dos películas de corte muy dispar que resumen dos líneas de programación diferentes pero complementarias. Duraron 39 años. Bajaron la persiana por último vez el 6 de noviembre de 2003. En el Serrano proyectaban Amar peligrosamente, el melodrama protagonizado por Angelina Jolie, y en el Artis el documental La pelota vasca de Julio Medem. Hacía años que los tradicionales carteles de Misas, el rasgo identificativo del cine, habían desaparecido. El Grupo Porcelanosa adquirió el solar por 23 millones de euros, los cines fueron derribados y en su lugar, con un presupuesto de 12 millones, se creó un edificio, con una gran tienda de dos plantas que finalmente arrendó a la compañía Inditex para convertirlo en una de sus Zara, y tres pisos de oficinas.

Entre los arquitectos valencianos, además de Goerlich, Joaquín Rieta Sister es recordado por sus cines. Rieta, en concreto, realizó tres, todos ellos de gran presencia en la vida cultural local: el Tyris, el Capitol y el València Cinema. El primero fue propiedad de Emilio Pechuán Giner, patriarca de la saga de exhibidores. Inaugurado en 1933, fue desde su nacimiento una de las grandes salas de la ciudad y un local de marcada elegancia. Inicialmente construido en dos alturas, una remodelación en los años 70 le permitió pasar a casi 2.000 butacas en un solo piso. En 2002 cerró sus puertas. La última película se que se proyectó en él fue El misterio del collar, un melodrama histórico protagonizado por Hilary Swank.

Foto: KIKE TABERNER

Se planteó la posibilidad de instalar allí un aparcamiento pero finalmente la familia Pechuán optó por ubicar un gimnasio-spa de dos pisos. Semanas antes del cierre el cine había sufrido un atraco, aunque según explicaba entonces Emilio Pechuán Alamar, el final del Tyris era “una medida fría, económica, adoptada a partir de datos objetivos, de gastos y de beneficios”. Curiosamente al año siguiente, en julio de 2003, antes de su reconversión en gimnasio sirvió de decorado para una película de Pedro Almodóvar, La mala educación. El Tyris, como el cine Metropol, a pesar de su antigüedad no estaba protegido. Un final drástico que antecedió al cierre del Serrano y había sucedido al del Capitol.

Porque antes que el Tyris, la familia Pechuán se vio obligada a clausurar el Capitol. Este cine es, de hecho, el único que guarda cierto recuerdo de lo que fue. Cuando Agenda Urbana impulsó la campaña ‘Aquí hubo un cine’, con pegatinas en la puerta de aquellos espacios donde se encontraban salas de exhibición, el único local donde no hizo falta ponerlo fue en él. Como quiera que la fachada sí estaba protegida, la única de los grandes cines, se ha tenido que conservar tal cual.

Foto: KIKE TABERNER

Inaugurado en 1933, cerró sus puertas en junio de 1996. La última película que proyectó fue Ojo por ojo, un drama dirigido por John Schlesinger y protagonizado por Sally Field, Kiefer Sutherland y Ed Harris. Su cierre fue tan discreto como sorpresivo. Durante años no se supo qué iba a pasar con él. Tanto la Conselleria de Cultura como el Ayuntamiento de València estudiaron su adquisición, la primera para darle sede propia a la Filmoteca de València, el segundo para la Mostra. No fructificó ninguna de las dos opciones. Hoy lo único que queda de cinematográfico son algunos posters que se han colgado en el interior del restaurante.

Fue uno de los cines más queridos por la familia Pechuán y en él se proyectaron en sus últimos años de existencia películas populares pero de gran calidad como la adaptación de El nombre de la rosa o polémicas como La última tentación de Cristo de Martin Scorsese (1988)la cual en algún pase tuvo que soportar ataques con bombas fétidas por partes de ultracatólicos. En la actualidad el local está ocupado la cadena ‘Muerde la pasta’. Antes, hasta 2013, albergó una tienda de la cadena holandesa de moda C&A. Mientras, la parte superior de oficinas está alquilada por un centro de formación profesional.

Foto: KIKE TABERNER

También en los noventa se produjo el cierre del Cine Rex. Hoy es un edificio contemporáneo donde está situado el Hard Rock Café. Inaugurado como Gran Teatro en 1923, apenas duró un año como sala de artes escénicas y desde muy pronto se dedicó al séptimo arte. Propiedad del marqués de Valdesoto, fue vendido en los años cuarenta a la familia Pechuán que le encargó su renovación a Javier Goerlich. El encargo de los Pechuán fue claro: querían el mejor cine de València. Y a ello se afanó Goerlich.

Remozado, reabrió sus puertas en diciembre de 1945 con Siguiendo mi camino, si bien los largometrajes que lo popularizaron fueron la reposición de Lo que el viento se llevó (1939, Victor Fleming) y Escuela de Sirenas (1944, George Sidney), que estuvo más de tres meses en cartel. No alcanzó el medio siglo. En julio de 1993 cerró sus puertas. La última película que proyectó fue Héroe por accidente, de Stephen Frears. En verano de 2006, 13 años después del cierre, Frears visitó València para participar en Cinema Jove. Se reunió con el público en la sala Berlanga del Rialto y estuvo alojado en el Hotel Plaza, a apenas doscientos metros de donde estuvo el Rex. Le sorprendió saber que su película había sido el último largometraje de un cine del que no quedaba nada.

Foto: KIKE TABERNER

Nada es también lo que queda de dos grandes salas: el Oeste y el Gran Vía. El primero en la actualidad alberga un Consum y el segundo acoge el Registro Mercantil de València. Propiedad de los hermanos Tamarit, el edificio donde se encontraba el cine Oeste se construyó en 1948 pero el cine no inició sus actividades como tal hasta 1958. Regentado por los Pechuán, se proyectaron películas como My Fair Lady o Doctor Zhivago (1965, David Lean) que se mantuvo en cartel durante 38 semanas. Cerró sus puertas el 29 de mayo de 1989 con Los gemelos golpean dos veces, de Ivan Reitman protagonizada por Arnold Schwarzenegger y Danny de Vito. Duró 31 años.

Muchos más, casi el doble, estuvo activo el Gran Vía, uno de los grandes cines del Ensanche. Inaugurado a finales de 1939, tenía en su fachada un rótulo de obra, ya perdido, hecho con letras art decó semejantes a la del Metropol. Desde mediados de los años cincuenta había sido regentado con gran éxito por la familia Pechuán, que supo convertirlo en sala de prestigio. Sin embargo, por diferencias con la familia propietaria, la actividad cinematográfica cesó en junio de 1998. Se estaba exhibiendo Titanic, de James Cameron. Ahora no queda nada del viejo cine. Es otro agujero en la memoria de la ciudad.

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