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ibi inaugura su museo del videojuego

Arcade Vintage: Cuando los videojuegos se llamaban 'marcianitos'

La asociación alicantina ha impulsado el primer museo del videojuego de la Comunidad Valenciana. El objetivo no solo será poner el foco en la historia, sino que también pretende convertirse en una incubadora de creadores para dinamizar el sector

15/06/2019 - 

ALICANTE.- En la segunda temporada de Stranger Things —la serie de Netflix que recrea con fidelidad casi enfermiza cada uno de los detalles de la cultura pop de los idolatrados años ochenta del siglo XX— uno de sus preadolescentes personajes entra en tromba en el salón de su casa, se dirige como un poseso hacia el sofá y empieza a registrar sus profundidades más íntimas, levantando cojines y ocupantes sin miramiento, a la búsqueda de monedas sueltas que hayan podido caer de los bolsillos despistados de los adultos de la casa. Con el botín en la mano, continúa su maníaca carrera hacia el salón recreativo, donde le esperan sus compinches. Quiere comprobar si el nuevo rival anónimo, escondido bajo el nick de Madmax, ha conseguido excavar más profundo que nadie y ha explotado más enemigos que el anterior poseedor del récord del Dig Dug

Todos aquellos que fueron adolescentes en el período comprendido entre 1980 y 1988 pueden reproducir, en su memoria, una escena como la recreada en la ficción. Los bolsillos de los pantalones de aquellos años debían estar diseñados para escampar su contenido nada más poner las posaderas en un asiento, y los sofás de la época, esos armatostes de sky y cojines forrados con tela de pana, el depósito bancario familiar de las monedas de 25 pesetas, el grial que ponía en marcha la felicidad durante los minutos que duraba el crédito.

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Con doce años, la vida urbana en los años ochenta rondaba las inmediaciones de los salones recreativos, esos lugares míticos que habían incorporado a su oferta de mesas de ping-pong y de billar una colección de mastodontes estampados, cuyo rostro era una pantalla ocupada por gráficos en movimiento que emitían ruiditos de lo más seductores y adorables. Crecían de manera exponencial, relegando a los sótanos las grandes mesas de tapete verde que habían dado nombre a los locales hasta hacía bien poco, obligándoles a cambiar las rotulaciones exteriores, de 'salón de billar' a 'salón de recreativos'. Ya no se quedaba en los billares, se quedaba en las recreativas. 

* Lea el artículo completo en el número de mayo de la revista Plaza

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