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museo de la naranja

El museo arrinconado

En 1994, Burriana inauguraba su Museo de la Naranja,  un centro nacido gracia al esfuerzo del estudioso Vicente Abad. Cuando batía récord de visitantes, echó el cierre por falta de presupuesto y la desidia de las instituciones. Hoy, el ayuntamiento está solo en su intento por recuperar este espacio único en Europa

18/11/2018 - 

VALÈNCIA.-¿Imaginan un espacio único en Europa cerrado y abandonado por falta de presupuesto, en una comunidad autónoma en la que gran parte de su clase política lidia con la Justicia por haber enriquecido su patrimonio personal a costa del arca pública? Pues existe. Se llama Museo de la Naranja y se encuentra en la localidad de Burriana, en la provincia de Castellón, la misma que vio construir un aeropuerto, inoperativo durante años, por capricho y querencia de un abuelo consentidor hacia su nieto. Sin embargo, hay quien ubica tal dejadez ante una verdadera obra magna —sin igual en todo un continente—, en la simple falta de compromiso. Lo mejor, entonces, y siguiendo la estela del actual periodismo crítico de este siglo XXI, será ir por partes. Viajemos a las décadas de los 60 y 70, a un país aislado que vive bajo una férrea dictadura militar tras haberse desangrado en una guerra civil.

En esa época un joven perito agrícola llamado Vicente Abad García —nacido precisamente en Burriana— pasa sus días trabajando en el servicio de inspección del control de calidad en Comercio Exterior —en la franja de 'Levante' se dedica casi exclusivamente a la comercialización de cítricos— e intuye que tal vez la historia no es como se la habían contado. Casado, y ya padre de tres hijos, decide matricularse en la facultad de Geografía e Historia de la Universitat de València (entonces Universidad Literaria de Valencia) con el objetivo de cultivar un espíritu renacentista a tiempo parcial.

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Acabada la carrera, resuelve dedicar su tesis doctoral a lo que ya es una pasión y, en 1984, publica Historia de la Naranja 1781-1939, un profuso ensayo sobre la materia, casi definitivo, repartido en dos volúmenes de cerca de 500 páginas cada uno. Editado por el Comité de Gestión de la Exportación de Frutos Cítricos, es la culminación de años de viajes de trabajo en los que ha aprovechado para aunar archivos, documentación, y cualquier cosa que tenga que ver con este cítrico, como fotografías de época y etiquetas de envasado y publicidad en una época en la que la cartelería y el diseño gráfico aún eran considerados un arte menor. Toda una colección personal que seguirá aumentando con el paso de los años, centrada siempre en lo mismo: la naranja. Una recopilación, además, que está repleta de claves y curiosidades para entender, al fin y al cabo, la historia. Valga el ejemplo que atribuye Abad al hecho de la poca industrialización desarrollada en esta comunidad.

Llegada la crisis de la agricultura tradicional (basada en la vid, la seda y el cáñamo), se produjo una transición al cultivo del naranjo y que, entre finales del siglo XIX y hasta la segunda mitad del siglo XX, constituiría la base de la economía valenciana y «el primer capítulo del comercio exterior de España, llegando a convertirse en el primer país del mundo exportador de cítricos en fresco», apunta Abad.

 * Lea el artículo completo en el número de noviembre de la revista Plaza

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