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EN FRANCIA ACUMULA RECONOCIMIENTOS Y ESTRENOS DE SU OBRA

Lola Blasco, la princesa comprometida con el teatro

Escogida por los franceses como una de las promesas de la dramaturgia europea, la autora alicantina acumula reconocimientos para destacar este año. Su compromiso político la ha llevado incluso a ser voluntaria en una acción contra el Gobierno de Israel y a denunciar los abusos del machismo

19/08/2018 - 

ALICANTE. Princesa en su palacio, así representamos a Lola Blasco, la dramaturga alicantina de más éxito. Tras ganar el premio Nacional de Literatura Dramática en 2016 con Siglo mío, bestia mía, este año ve impulsada su carrera en Francia, donde ha estrenado montaje y traducción de nuevas obras, y en España, donde ha retomado su carrera como actriz en el Español de Madrid y ganado el premio de la Crítica Valenciana por En defensa y Fuegos.

Es en el país galo donde ha ido encontrando mucho apoyo a sus propuestas escénicas. Allí estuvo dirigiendo el pasado abril en Le Panta Théâtre la versión francesa de Canícula, en la que era su primera experiencia con un equipo extranjero. Este julio ha ampliado su presencia en el festival de Aviñón como ponente en un encuentro sobre la nueva dramaturgia europea, una cita que repitió tras la exhibición de ese montaje.

Un ejemplo de ese trabajo novedoso por el que la destacan los especialistas en Europa sería Música y Mal, el montaje que ha presentado este junio en el madrileño Pavón Teatro Kamikaze. Es un concierto en el que une los conceptos del título y que «partía de una frase conocida de George Steiner, en la que se venía a decir que uno puede levantarse por la mañana escuchar a Schubert e ir por la tarde a trabajar a Auschwitz». Con esa cita  el autor quería denunciar como en una de las naciones más educadas, «la de la Alemania nazi, en la que todo el mundo sabía de música, tenía una cultura exquisita y, sin embargo, se produjo el mayor de los horrores». A partir de esa reflexión «y otras surgidas del libro El ruido eterno, hemos planteado un concierto donde nos detenemos en las anécdotas históricas que podían empañar esa idea de bien y belleza que tenemos asociada a la música porque no siempre fue así».


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Ejemplo conocido de ello es Wagner, señala, «era muy celoso de un compositor judío de la época y se dice que, cuando saca la cuestión judía en un momento tan sensible, hasta qué punto una autoridad como lo es no influye en el antisemitismo que vendrá después. Y a la vez es capaz de escribir obras tan maravillosas como  Tristán e Isolda».

De Alemania saca también otro de los ejemplos que ha manejado para este trabajo, esta vez en una de las etapas más oscuras, la Segunda Guerra Mundial. Dietrich Fischer-Dieskau, a quien compara con la soprano Maria Callas por su fama y calidad, «fue nazi y estuvo combatiendo con las tropas en Italia. Luego siguió trabajando como cantante famoso por toda Europa. Y es uno de los que mejor canta La muerte y la doncella de Schubert». Con historias como esta ha construido una pieza que relaciona a compositores, músicos y cantantes con la idea del mal. El pianista y realizador Alexis Delgado Burdalo ha sido el encargado de interpretar las composiciones, casi todas del repertorio romántico, con las que Blasco nos guía por «este viaje a los infiernos de la música para todos los que tenemos el mal de la música dentro».

Un botín manchado de sangre

Este análisis de la historia encuadra en la trayectoria de su obra en la que la política tiene un gran peso. El repaso al pasado lo ve en línea con uno de los pensamientos reflejados por Walter Benjamin en Tesis sobre la filosofía de la historia, «él siempre dice que nuestra cultura es un botín manchado de sangre, y es que la historia la hacen los vencedores y toda la cultura que hemos consumido como clásica es la que nos han dicho que tenía que ser».

Esa es la forma que ella ha elegido para «contar la historia a contrapelo, que diría Miguel de Unamuno, deteniéndonos en el recoveco y lo anecdótico de lo que no fue contado en su día. No se trata de empañar esas grandes composiciones musicales pero sí de verlas desde una perspectiva nueva, dentro de su contexto histórico que fue terrible». La ambivalencia de lo que presenta lo resume, de nuevo con una cita, en esta caso de María Zambrano: 'No hay infierno que no sea la entraña de algún cielo'.

Música y mal representa esa vuelta que la propia Blasco ha hecho a los escenarios como actriz. Si en 2017 ya participó en una lectura dentro del ciclo Poesía o Barbarie, dedicado a la violencia de género, reconoce que «hacía mucho tiempo que no actuaba y la experiencia fue muy gratificante gracias al equipo que me acompañó. Y, cuando ya te animas, sigues. Lo de la Música y mal no es tanto adaptar un rol pero sí. Y en Siglo mío, bestia mía estaré porque ha sido una petición de la directora que yo recojo encantada».

* Lea el artículo completo en el número de agosto de la revista Plaza 

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