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Highlands, el corazón de Escocia

Las Highlands (‘tierras altas’) de Escocia no son un lugar para ver sino para recorrer. Paisajes de película jalonados de historia

20/05/2017 - 

VALÈNCIA.- Más allá de la anodina Glasgow o la misteriosa Edimburgo, la verdadera esencia de Escocia aguarda en las Highlands. Esta continua sucesión de montañas, bosques y lagos salpicados de aldeas de casas de piedra o castillos semiderruidos suele formar parte de la imagen idealizada del país, pero no es comparable con la emoción que se siente al recorrerlos. Una de las mejores formas de hacerlo es en coche o moto a su aire durante cuatro o cinco días. La ruta sugerida discurre por lugares emblemáticos como el lago Ness, valles infinitos y pueblecitos con encanto sobre los que recientemente se ha posado el foco turístico por series como Outlander.

La localidad de Callander, en los confines del parque nacional del Loch Lomond & The Trossachs, es un preámbulo perfecto a las Highlands. Desde Callander parten algunas rutas de senderismo sencillas e interesantes como la que conduce a las cascadas Bracklinn, pero si no dispone de suficiente tiempo es conveniente continuar hacia el norte hasta Crianlarich y retroceder desde allí unos pocos kilómetros hasta Inverarnan. Por aquí pasa la West Highland Way  (o ruta de las Highlands occidentales), una de las más populares del país. El exigente tramo de 11 kilómetros entre Inverarnan e Inversnaid, a orillas del lago Lomond, es una de las maravillas del senderismo en Escocia y el esfuerzo para recorrerlo siquiera parcialmente merece la pena.

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De regreso a la carretera en dirección al norte el paisaje se transforma de forma abrupta para entrar de lleno en las Highlands. En pocos kilómetros se pasa del entorno boscoso del lago a un paisaje dramático, de vegetación baja y una paleta de ocres y marrones que se manifiestan en todos sus matices. Los rayos de luz al atardecer se dibujan perfectamente en el horizonte como lanzas que se cuelan entre las nubes para clavarse en el inmenso páramo de arbustos y ciénagas que forma Rannoch Moor.

Lea el artículo completo en el número de mayo de la revista Plaza

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