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Bolonia, el legado de la Edad Media

Lacuna de la universidad más antigua de Occidente presume, además, de uno de loscascos históricos mejor conservados

26/03/2017 - 

VALENCIA.- Roja, Gorda y Docta. La ‘trinidad’ con la que popularmente es conocida Bolonia condensa deforma certera el marcado carácter de la capital de la región de Emilia Romagna,al norte de Italia. Esta joya medieval enclavada entre Venecia, Florencia yMilán queda a menudo eclipsada por sus vecinas, pero la realidad es que no tiene absolutamente nada que envidiarlas. Es más, Bolonia anda sobrada para colmar las aspiraciones de la inmensa mayoría de visitantes, por elevadas que sean sus pretensiones. Entre sus argumentos sobresale uno de los cascos históricos más bellos y mejor conservados de toda Europa, cuyos tejados y fachadas de tono mayoritariamente terroso le valen el primero de los calificativos; aunque la consideración de ‘roja’ (rossa) también le venga por la que —dicen— es la ideología dominante entre sus 370.000 habitantes. A esto añade una gastronomía cautivadora que se sustenta en la sencillez de una materia prima sincera y pegada al terreno:¿cómo si no de ‘gorda’ (grassa) podría ser calificada la patria de la mortadela o la salsa boloñesa? Y para rematarlo,el pulso vital que le otorga la presencia permanente de decenas de miles de estudiantes, muchos de ellos extranjeros, atraídos por el prestigio que confiere ser la cuna de la universidad más antigua de Occidente.

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Lo primero que llama la atención del visitante cuando comienza a explorar el formidable centro histórico medieval son los pórticos. Nada menos que 38 kilómetros de soportales con una considerable altura libre que constituyen el elemento más característico de la arquitectura urbana boloñesa. Dado que los principales puntos de interés se concentran en un área muy compacta, la mejor forma de recorrerlos es a pie. El punto de partida habitual suele ser la siempre animada Piazza Maggiore. El espacio lo domina la imponente basílica de San Petronio (132 metros de nave central) inacabada como se revela en su fachada: mitad de piedra blanca, mitad de ladrillo. Dentro destaca el órgano monumental de 1475, el más antiguo del mundo aún en uso.

Al otro lado de la plaza, uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad: la fuente de Neptuno, coronada con una figura de bronce del Dios conocido entre los locales como il Gigante. La leyenda cuenta que el escultor Jean Boulogne, que quería representar al Dios con unos generosos atributos, se vio forzado a modificar su idea inicial pero creó un juego óptico que permite, desde una determinada perspectiva, observar un Neptuno gigante en todos los sentidos. Desde el pasado verano la fuente está cubierta debido a una restauración, pero se puede reservar una visita en su página web.   

Sin salir de la plaza, resulta imprescindible acceder al Archiginnasio, palacio construido en 1563 por el arquitecto Antonio Morandi que albergó la Universidad de Derecho y Letras hasta 1803. Desde entonces es la sede de la Biblioteca Municipal. En la planta superior, el salón Stabat Mater, profusamente decorado, es uno de los más representativos del recinto. En la planta baja destaca el llamado teatro anatómico, el salón en el que los estudiantes de medicina recibían sus lecciones de anatomía. La estancia, completamente recubierta de madera tallada, fue construida por Antonio Levante en 1637.

Piazza Santo Stefano. Foto: XAVI MORET

A sólo cinco minutos a pie, la Piazza Santo Stefano es una de las plazas más bonitas de la ciudad. Aunque de dimensiones más contenidas que la Piazza Maggiore, este espacio abierto en forma de cuña destaca porque es el escenario habitual de exposiciones y espectáculos callejeros. Una de esas citas más interesantes tiene lugar con el mercado de antigüedades que se celebra el segundo fin de semana de cada mes.

Los principales edificios que se levantan en esta plaza son el Palazzo Bolognini Amorini Salina, de estilo renacentista, y el Palazzo Isolani. Pero el principal atractivo —y para algunos de toda la ciudad— es la Basílica de San Esteban, también conocida como de ‘las Siete Iglesias’. En contraste con el bullicio habitual del exterior, este peculiar complejo religioso medieval merece ser visitado con calma. Como su denominación popular indica, se trata de siete templos de diferentes épocas superpuestos. Los muros más antiguos fueron levantados en el siglo V. Una sucesión de criptas y altares a través de naves y claustros delimitados por gruesos muros de piedra que crean infinidad de rincones húmedos y sombríos. Un enclave con una atmósfera especial, intrigante e inspiradora.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 26 (XI/2016) de la revista Plaza

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