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EL FUTURO ES HOY  / OPINIÓN

El auge del europeísmo: España fuera de norma.

Aumenta el apoyo a la UE. En especial entre los jóvenes y  entre quienes se consideran de izquierdas.  No en España, en donde las peculiaridades son destacadas

9/07/2017 - 

VALÈNCIA. En contra de los vaticinios  procedentes, en su mayoría, del otro lado del Atlántico -y de los medios de comunicación europeos controlados por grupos estadounidenses-, la UE no ha desaparecido. Por el contrario, el apoyo ciudadano está experimentando un nuevo impulso. Hoy nadie se acuerda, o prefiere no acordarse, de diagnósticos como el tantas veces reiterado por  Krugman para quien en 2012 la desaparición del euro, y con él de la UE, era cuestión de meses. Tampoco se suelen mencionar aquellas anticipadas necrológicas, escritas también en su mayoría desde Estados Unidos, como las de Soros o Stiglitz. Quienes no hace mucho sentenciaron como inexorable el triunfo del populismo en Gran Bretaña, Holanda o Francia y, con él, el fin del sueño europeo,  hablan, y escriben, ahora todo lo más  de un “descontento sin partido que recorre Europa”.

Y es que un año después de la victoria del Brexit y seis meses más tarde del nacionalismo virulento del  del discurso de Trump en su toma de posesión, el apoyo de los ciudadanos europeos a la UE es mucho mayor. Ya lo venían constatando los Eurobarómetros  y lo ha confirmado el Global Attitudes Survey  de 2017 cuyos resultados acaba de publicar el PEW Research Center. Realizado en diez de sus países miembros, los principales incluido Reino Unido, sus conclusiones muestran cómo, tras el resultado del irresponsable cálculo de David Cameron para eliminar al UKIP que devino en el Brexit y las muestras casi cotidianas de desprecio a los europeos por parte del inquilino de la Casa Blanca, los ciudadanos de la UE han aumentado su apoyo, en algunos países de manera sustancial, al proyecto de avanzar hacia una organización institucional común por encima de las fronteras nacionales.  

Dentro de un creciente optimismo económico, en el que participan muy moderadamente los españoles, dos tercios del total, (62%) se declaran a favor de la UE. Un resultado común en todos los países considerados excepto Grecia,  donde la proporción es la inversa, e Italia dejada a su suerte ante el brutal flujo de refugiados que recibe. La fuerza del alza queda reflejada en el gráfico siguiente que sintetiza el cambio en el estado de opinión ciudadano.

No es el único rasgo destacable de la edición de 2017 del sondeo. Sobresale también, por ejemplo, que en este impulso del europeísmo participan los seguidores de los partidos opuestos al mismo. Dentro de éstos, la  proporción de quienes la apoyan es significativa: el 31% en el caso del UKIP, 41% en el PVV holandés y un 40% de los favorables tanto al Frente Nacional como al AfD alemán.

El fulgurante ascenso de Emmanuel Macron es, sin duda, el símbolo de esta oscilación del péndulo.  A las puertas de celebrar su primer 14 de julio, su llamada a una refundación histórica de la UE en el reciente Consejo Europeo as el exponente de este nuevo clima. Era ya perceptible, sin embargo, desde finales de 2014 y movimientos como el Stand Up for Europe (inactivo en España) son parte importante dele mismo. Pero no es el único. El populismo nacionalista defensor de facto del aislacionismo, falsamente presentado como reivindicación de un Estado soberano frente a los mercados internacionales,  ya recibió un primer aviso en las elecciones holandesas de mayo de 2016. Por su parte, en Italia y España aquel sorpasso considerado inexorable durante la primera mitad de aquel año sigue lejos de formar parte de la realidad.

Sin embargo, las respuestas del Survey demuestran también que la batalla no está ganada. Ni mucho menos.  Una parte de ellas apuntan a la endeble credibilidad de las principales instituciones europeas. La cual es inseparable, entre otros factores,  de la ausencia de su obligación de cualquier tipo de dación de cuentas. Ésta, no hace falta mencionarlo, es inexistente en el caso de la Comisión y pura parodia en el del Parlamento de Estrasburgo, retiro dorado, a costa del contribuyente, de representantes públicos tan bien retribuidos como políticamente irrelevantes.

Esta grave laguna institucional, ayuda a explicar algunas contradicciones del sondeo. La más destacada: la coexistencia de este apoyo mayoritario a la UE con que gran parte de los encuestados sean partidarios mantener en manos de los gobiernos nacionales, éstos sí sometidos a la dación de cuentas, toda la capacidad de decisión en el controvertido tema de la  inmigración. Tanto de la exterior a la UE como la que se produzca entre los países miembros.

Y en ningún país, fuera de Grecia, la batalla del europeísmo está menos ganada que en España. Sus resultados presentan rasgos diferenciales significativos. Por ejemplo, los jóvenes españoles (18-29 años) se encuentran entre los menos europeístas de los diez países considerados, y su % de apoyo es similar al resto de la población. Una diferencia destacada con lo que sucede en los grandes países del continente en donde es mucho mayor. Pero de lejos, el  rasgo diferencial más extravagante es la discrepancia en la adscripción ideológica de los favorables a la UE. Como muestra el gráfico siguiente, en los países relevantes del continente, este apoyo es mayor en aquellos que se declaran de izquierdas.

Posicionamiento ideológico y apoyo a la UE. Global Attiudes Survey.


No en España, más posicionada una vez más junto a Grecia. Entre nosotros la UE es defendida mayoritariamente por quienes se sitúan ideológicamente en la derecha. Y con una diferencia sustancial: 70% frente al 50%. Lo cual, además de marcar una disparidad preocupante con la tendencia mayoritaria, revela la magnitud del fracaso de mantener el internacionalismo, históricamente consustancial al pensamiento de izquierda. La resistencia a la UE es en todo caso suicida. La UE es un proyecto de éxito como recuerda en su reciente libro Ricard Pérez Casado. Y hoy para los españoles formar parte de él no es sólo la continuación de la histórica aspiración de democracia e industrialización; en una economía global sin retorno al pasado como la del siglo XXI, formar parte de la UE es una necesidad si se aspira a transformar la realidad aumentando el bienestar.

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