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TRIBUNA LIBRE / OPINIÓN

El voto de Sid Vicious al Brexit 

12/07/2016 - 

VALENCIA. A mediados de los 70 el movimiento punk alcanza su cénit en el Reino Unido con la aparición de los Sex Pistols, una reacción airada ante el anquilosamiento musical existente. La banda actuaba contra todo en sus letras, música y actitudes, convertidas en símbolo de una revolución “anti muchas cosas y a favor de casi nada”, cuyo lema de indudable contundencia “No Future” constituye toda una declaración de intenciones incluido en su personal lectura del “God Save The Queen”. La canción les valió la prohibición para sonar en la BBC y poder tocar en suelo británico, un pequeño inconveniente que salvaron ofreciendo un concierto en una barcaza sobre las aguas del Támesis. 

A pesar de que casi no sabía tocar el bajo y de sus rudimentarios conocimientos musicales Sid Vicious se convirtió en el gran icono de los Pistols y máximo referente para la historia de la estética del movimiento punk en su variante más autodestructiva. Su vida desestructurada con una madre que lo arrastró por medio mundo de niño, lo convierten en una excelente materia prima para el desastre. Su máximo objetivo era “pasarlo bien” como él decía en alguna de sus últimas entrevistas, a ello no ayudaba mucho su adicción a la heroína que le llevó a una muerte anunciada con 22 años. Evidentemente no sabemos que hubiera votado Sid Vicious, John Simon Ritchie de nombre real, en el referéndum sobre el Brexit, pero el No al futuro con la Europa unida tiene bastante aroma punk de reacción ante un sistema muy británico de olvidar a sus suertes a las clases trabajadoras, con salarios precarios y escasa capacidad de prosperar en sus puestos de trabajo. 

Pontificar desde la tribuna del Parlamento de Westminster, o desde los periódicos económicos de rancio abolengo, sobre las bondades financieras de la permanencia en la Unión y la relación con Bruselas, tiene su público en la City y se aclimata a los pensamientos de las clases flemáticamente educadas en el sagrado binomio Oxford Vs Cambridge, pero hubiera sido necesario un mayor ejercicio de didáctica para trasladar los perjuicios de la salida de la estructura europea al británico de clase media-baja, harto de sandeces y que ve como generación tras generación sus sueldos no suben haya crisis o no. Esa airada respuesta punk de “porque sí, porque me da la gana”, ha sido ladinamente inspirada por los partidarios del Brexit, que diseñaron una programa descaradamente falseado a la carta con las tintas cargadas de xenofobia hacia los vecinos del continente.

A años luz del lúdico anarquismo posicional que daba cobijo al punk, el reaccionario ideario de los defensores de la salida europea del Reino Unido ha aprovechado el descontento para sus fines de populismo partidista utilizando incluso la mentira entre sus argumentos, como ha reconocido  Niguel Farage, líder nacionalista del Ukip, quien considera ahora un error haber afirmado que con el Brexit las arcas de la seguridad social británica iban a aumentar en 350 millones de libras. Entre los colaboracionistas imprescindibles para atizar el caldeado ambiente que ha dado lugar a esta situación está el propio y dimitido David Cameron, una especie de Malcolm McLaren (mánager e instigador de los Sex Pistols) del Brexit, que contribuyó a tensar la cuerda del anti-europeísmo conservador, siempre a la caza de los votos  que le auparon al 10 de Downing Street, pensando que la cuerda jamás se llegaría a romper hasta que se ha partido en dos, como lo está el país. Su petición desesperada a favor del Remain llegó tarde y no se hizo creíble hasta casi el inicio de la campaña del referéndum. 

Pasan las semanas y parece que en la tierra de la Union Jack no acaban de creerse que a partir de ahora esa será su única bandera frente al mundo. El arrepentimiento, casi inmediato, manifestado por algunos votantes ante el estropicio creado por una decisión que aboca a un futuro nada bueno para los mismos trabajadores y sobre todo para sus hijos, demuestra que la autodestrucción necesita ser meditada antes de ejercerla. La democracia tiene estas cosas. 

El ejemplo del punk evidenció, no obstante, que sí había futuro. Sus postulados más radicales fueron diluidos y absorbidos por el sistema al que supuestamente se oponían, las crestas de colores y las tachuelas se convirtieron en modas que aun hoy se explotan. Los Sex Pistols volvieron a hacer rentable su nombre en varias ocasiones desde que regresaron a los escenarios en 1996 con su Gira del Lucro Indecente, revelador denominación que no engaña a nadie sobre sus intenciones. El legado más válido del punk es una música que ha inspirado varias generaciones desde el atractivo de un estilo básico, rápido y contundente que contribuyó a hacer evolucionar la historia del rock &roll.  Sid Vicious pagó con su vida los efectos de una trayectoria dedicada a no pensar en el mañana, mientras su icónica imagen de ídolo muerto sigue siendo utilizada para hacer caja. 

Sin duda las élites de Londres y Bruselas buscarán una solución de compromiso para acabar aprovechando los dañinos efectos del Brexit en respectivo beneficio propio. En todo caso, la masa social que respondió airadamente a una pregunta sobre el futuro del Reino Unido, los que votaron irse y los que no, seguirán pagando con sus modestos salarios los platos rotos de las vajillas que se sirven en los salones más distinguidos de la capital británica. A diferencia del punk, no hay legado bueno en esta situación. Y todo sin el voto de Sid Vicious.    

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