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EL PEOR DE LOS TIEMPOS / OPINIÓN

Enseñanza y aprendizaje de lenguas extranjeras

Ningún alumno debería llegar a la universidad sin un B2 (First Certificate) en inglés

2/07/2017 - 

Acaba de publicarse un interesante documento de la Unión Europea sobre la enseñanza de lenguas extranjeras en los países miembros  “Datos clave sobre la enseñanza de idiomas en la escuela. Edición 2017”. Creo que es un buen momento, ahora que acaba el curso, para tratar este tema, que siempre me ha preocupado personal y profesionalmente. Quizá vale la pena pararnos un momento y ver dónde estamos.

Si comenzamos por los “inputs”, en España se hace un esfuerzo considerable en la enseñanza de las lenguas extranjeras, básicamente en el inglés. Si lo comparamos con otros países, puede verse en el gráfico 1 que España está en el grupo de países donde antes se inicia la enseñanza de la primera lengua extranjera. Con la excepción de la comunidad alemana de Bélgica, Chipre, Malta y Polonia, se suele comenzar a estudiar la primera lengua entre los 6 y los 8 años. En España, Francia e Italia, por ejemplo, sería a los 6, en Dinamarca o Hungría a los 7 y en Alemania y Portugal a los 8. Ni en Escocia ni en Irlanda es obligatorio estudiar una lengua extranjera. Por lo que se refiere al tiempo dedicado al aprendizaje de la primera lengua extranjera, en la mayoría de países la media es entre el 5 y el 10% de las horas totales, mientras que en España llegamos al 10.8%.

Por otro lado, en nuestro país el aprendizaje dentro del sistema educativo de un segundo idioma extranjero no es obligatorio (tampoco lo es en Alemania, Suecia o Hungría, por ejemplo). Sin embargo, muchos países lo han introducido, como Italia a partir de los 11 años, Holanda y Portugal de los 12 o Francia de los 13.

Pero, hasta aquí, estamos hablando de años de enseñanza e idiomas enseñados. ¿Cuál sería el resultado, el output, que es al fin y al cabo lo más importante? En primer lugar, se dispone de información sobre el nivel que el alumno debería haber alcanzado de acuerdo con los sistemas educativos de cada país y que ellos declaran en el estudio antes mencionado. Así, en el segundo de los gráficos, el nivel esperable en la mayoría de los países europeos al acabar la secundaria obligatoria sería el B1 (lo que permite desempeñarse bien en contextos sencillos de comunicación) según el marco europeo común de referencia para las lenguas (MCER). Téngase en cuenta que el nivel A1 es el más bajo y el C2 el más alto. En España, sin embargo, se espera que un graduado en ESO tenga un nivel A2 de inglés. Por lo que se refiere al nivel alcanzado al terminar el Bachillerato, en la mayor parte de los países europeos se llegaría al B2 (esto es, un First Certificate del British Council), mientras que en España lo que se habría logrado un B1. Tan sólo Finlandia, Hungría y Grecia nos acompañan en este nivel. Además, en la mayor parte de los países europeos enseñan dos lenguas extranjeras y en ambas se suele alcanzar un B2 o, al menos, un B1 en la segunda.

Disponemos, finalmente, de información sobre el conocimiento de idiomas de la población adulta, en este caso con datos de 2011, lo que significa un importante desfase con los datos antes mencionados. Sin embargo, como este tipo de variables cambian lentamente, puede servir como referencia. En el tercer gráfico se mide el porcentaje de adultos entre 25 y 64 que hablan una lengua extranjera (sepia), dos (azul) o tres o más (amarillo). El total indica, por tanto, el porcentaje que hablaría, al menos, una lengua extranjera. La media de la UE era del 66% en 2011, mientras que en España era el 51.1%, lo que nos situaba los cuartos por la cola, sólo mejor que Irlanda, Hungría y Bulgaria. Sorprendentemente, el dato anterior (2007) era algo mejor: 53.3%. El 51.1% se repartiría en nuestro país de la siguiente forma: el 34% del total habla 1 idioma, el 12. 6% dos y tan sólo un 4.5% tres o más. Podemos compararnos con nuestro vecino más cercano, Portugal. Allí casi un 60% habla al menos un idioma extranjero, aunque el 20.5 hablaría dos y el 11.5% tres o más. Si nos fijamos en Francia, las cifras son parecidas a las portuguesas en cuanto al total: el 58.2% hablaría al menos un idioma, con un 19.2% hablando dos.

Sin haber hecho un estudio de las causas más profundas de la situación relativa de España, es cierto que los países grandes, con idiomas que son lengua vehicular en el mundo suelen hablar peor otros idiomas. Gran Bretaña ni siquiera aparece en muchas de las estadísticas, mientras que Italia y Francia se encuentran, como nosotros, por debajo de la media. También puede verse que los países mediterráneos o aquellos cuyas lenguas se derivan del latín tienen menor dominio del inglés, primera lengua extranjera de forma mayoritaria. Así, los países del centro y norte de Europa compartirían una mayor parte de su lengua con el inglés y les resultaría más fácil su aprendizaje. Finalmente, los países pequeños y abiertos, como Portugal, Suecia o Dinamarca, habrían dado mayor importancia al aprendizaje de otras lenguas por motivos prácticos.

Pero en lugar de buscar causas, debemos intentar mejorar y creo que, lentamente, se está haciendo. Quizá se deba a que recientemente veo mejor preparados a mis alumnos y es, por tanto, una percepción subjetiva. A mi modo de ver ha sido determinante que exista un estándar común europeo de lenguas, que sirve para poder comparar y homogeneizar los títulos logrados en los distintos idiomas. Al compararnos usando medidas que empezamos todos a conocer, podemos establecer de manera clara los objetivos a los que deberíamos aspirar. Ningún alumno debería llegar a la universidad sin un B2 en inglés. Creo que ese mensaje está calando, bien sea porque se ha generalizado el estándar, porque también se requiere para salir como Erasmus o porque se está exigiendo a los alumnos para recibir el título de grado. Esperemos a tener más datos para comprobarlo.

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