VALENCIA. Sin capacidad para registrar el sonido de los petardos ni color con el que mostrar los vivos tonos de los ninots. Con el punto de mira del actual gobierno valenciano en internacionalizar las Fallas y a pocos meses de conocer si la Unesco decide catalogarlas como Patrimonio de la Humanidad, lo cierto es que la intención global de la fiesta josefina es tal desde hace casi un siglo, tal y como se desprende de las primeras imágenes de cine y reportajes que esconden los archivos históricos y que, este año, han vuelto a ver la luz con motivo del ciclo 'Fallas de celuloide' celebrado en la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Obra del director Joan Andreu Moragas, una de las piezas, restaurada por la Filmoteca en 1992, muestra fragmentos de dos reportajes sobre las fiesta de los años 1928 y 1929, imágenes de los principales monumentos y de los premiados, algunos festejos falleros y vistas de las calles y plazas del centro de la ciudad. Esta supone una de las piezas más antiguas que atestiguan en formato audiovisual la celebración de las Fallas. La pieza más antigua que se ha encontrado, sin embargo, se realizó con una década de anterioridad, el documental Valence: Fête traditionnelle des Falles (1917), de Pathé-Gaumont.
Es el reportaje Valencia celebra su fiesta de las Fallas (1931) otra de las piezas más antiguas que forman parte del archivo de CulturArts. "De Madrid, Barcelona, y otras ciudades, llegan a Valencia trenes especiales completamente llenos de miles de almas, que acuden a la invitación de la ciudad hermana. La animación es extraordinaria, contándose por quinientos mil forasteros los llegados a la ciudad del 'Turia', para visitar las fallas (sic)", reza la pieza periodística.
No solo eso, sino que, para todos aquellos forasteros que no conocen la fiesta, también cuenta con un tour por los lugares más característicos de Valencia y una definición del monumento para la historia. "Las fallas: tradicionales y típicos monumentos alzados por el humorismo inagotable del pueblo valenciano, bellos como sus flores, y cual ellas esfímeros, nacidos en el misterio brujo de una noche, para abrasarse, dos días más tarde, en la caricia satánica de una tromba de fuego (sic)".
El reportaje muestra una vista panorámica de Valencia; las Torres de Serranos; la plaza del Ayuntamiento con las casetas de flores, el edificio de la Telefónica y el de Correos; el Mercado Central y la Lonja o Miguelete. Una fiesta pura, aunque muda y en blanco y negro, siendo gracias a los carteles de Fallas, cuyo primer representante fue creado en 1929, que sí se puede poner color a la fiesta josefina de hace casi un siglo.
Cartelería que marcó una época
Al borde de la Segunda República Española, el final de la década de los 20 con la consecución del nuevo régimen supuso un cambio no sólo político, también estético. Buena cuenta de ello dieron los carteles oficiales de Fallas, siendo José Segrelles el primer autor de una serie que este año continúa con el trabajo de Ibán Ramón, un primer encargo que vino a petición de la Sociedad Valenciana de Fomento del Turismo y que, por aquel entonces, ya ponía el acento en la internacionalización de la fiesta. La fantasmagórica imagen creada hace casi un siglo por el pintor de Albaida marcó una estética que, sin embargo, ha mutado casi en cada ejercicio, con cada nueva propuesta.
Precisamente, el de 1930, firmado por Vicent Canet y elegido por primera vez a través de un concurso público, dio un nuevo giro de tuerca, haciendo uso de la misma gama de colores pero, en este caso, centrando la escena en la iglesia de los Santos Juanes y con una sutil influencia art-déco que después exprimirían otros autores con una década de carteles que sacarían el jugo de las nuevas tendencias y que supondrían un claro punto de inflexión en la estética de la Comunitat.