X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información

#POSTRERÍAS

Cuando el ramo de novia está en la tarta

Es tiempo de flores, así que La Más Bonita se lanza al negocio nupcial con ímpetu primaveral. Nunca antes las tartas de tres pisos olieron tan bien (Fotos: ESTRELLA JOVER)

Por | 31/03/2017 | 0 seg

VALÈNCIA. No todas las orquídeas florecen al aire libre; algunas lo hacen al calor de un obrador. Tienen los mismos pétalos, el mismo tallo. Sus raíces se enredan en las manos avezadas de los pasteleros, que modelan sus hojas con la misma delicadeza que la naturaleza. El resultado es bello, incluso perturbador. Porque las orquídeas de María y Rocío no huelen a primavera, pero sí saben a la misma alegría. E igual sucede con las rosas, con los claveles y con todas aquellas flores que se posan sobre las tartas de varias alturas para darles, no solo color, sino también sabor. Es tiempo de flores, y va para largo.

La empresa valenciana La Más Bonita, que cuenta con dos cafeterías en la ciudad, una en la playa de la Patacona y otra en el centro de Ruzafa, se lanza ahora al negocio nupcial. Un paso lógico, inevitable, para el que ya es un templo pastelero en la ciudad. La apuesta por las tartas nupciales, que se podrán encargar en cualquiera de sus comercios, se acompaña de la incorporación de la decoración floral sobre sus frostings. Para ello plantaron la semilla hace unos meses y ahora, antes del verano, se disponen a hacer rentable la cosecha.

El obrador de La Más Bonita se encuentra en Ruzafa. Ahí es donde se cuecen las ideas y se hornean las tartas que se sirven en sus mesas, incluso en la Patacona, hacia donde cada día sale un camión cargado de pecados. La dueña del establecimiento y jefa de repostería es Pilar Lázaro, la misma que hace unos meses decidió emprender un viaje con dos de sus empleadas, Rocío y María, en dirección a Londres. Fue allí donde recibieron un curso de tres meses en decoración floral con el claro objetivo de incorporar sus conocimientos a la nueva aventura de la compañía: las tartas por encargo para servir en las bodas.

"Ya hacemos pasteles para celebraciones, pero queremos darle más visibilidad", relata Rocío. Para ello se ha diseñado toda una estrategia empresarial, se ha ampliado la oferta repostera y se ha gestado un catálogo de propuestas para distribuir entre los agentes del sector nupcial, como los wedding planners o los propios particulares. "Creíamos que había un hueco todavía por explorar en la ciudad, que es el de la decoración pastelera moderna en lo que a bodas se refiere, así que hemos decidido llenarlo", comentan sus impulsores. En países como Australia las tartas de fondant son toda una liturgia que aquí acaba de llegar.

Lo que la naturaleza tarda estaciones en obrar, al pastelero le requiere entre cuatro y cinco horas encerrado en el obrador para producir una sola unidad. También mucho azúcar, ya que se trabaja con pasta de fondant. Sobre ella se van dibujando todas y cada una de las aristas del pétalo, trazando las formas de manera cuidadosa con el pincel. El color puede darse a mano o incorporarse a la propia masa. Cualquier encargo es posible, ya sea un clavel o una flor tropical venida de los confines del planeta. Una fotografía sirve de inspiración para hacer artificial lo natural, por lo que la imaginación puede terminar obrando estragos.

"Todavía no podemos calcular precios ni tiempos. Dependerá de cada encargo, pero podemos trabajar lo que sea. Desde una boda convencional a otra con inspiración temática", asegura María. La idea es prepararlo todo con previsión para las grandes ocasiones, pero montar las mesas in situ en el momento de la ceremonia. "Así nos aseguramos de que las tartas se quedan perfectas y no se hundan las flores", comentan las pasteleras, mientras decoran una Red Velvet. Amantes como son del frosting por encima de la pasta sólida, les preocupa la permeabilidad. No obstante, admiten que sus creaciones pueden perdurar semanas lejos de las fauces. Porque sí, la corona de cada flor es comestible, no el tallo.

El negocio de las bodas es la enésima apuesta de La Más Bonita, esa firma que ha logrado lo impensable en València, y ahora va camino de abrir un apartahotel muy cerca de la Marina. Hace unos años nadie pensó que tendría sentido comerse una cheesecake en un chiringuito de playa. Ahora, en plena temporada de verano, se disfrutan las porciones de pastel de Nutella, el más popular de la carta, sobre la arena de la Patacona. Quién dice que no vayan a florecer las bodas, ya no solo este verano, sino en el largo invierno que habrá por delante.

Comenta este artículo en
next