VALENCIA. En el salón del ayuntamiento de València, junto al despacho del alcalde, donde se atienden las visitas, los cuadros han cambiado desde hace apenas dos años. Donde había cuadros de toreros y naturalezas muertas ahora hay, tras un acuerdo con la Facultad de Bellas Artes, pinturas abstractas.
Joan Ribó, alcalde desde 2015, y Ricard Pérez Casado, alcalde hasta 1988, tienen hoy una cita. Se han encontrado en el zaguán del edificio y coinciden entre las escaleras delante de una ‘gigantofoto’ que muestra las consecuencias del ataque de la aviación italiana al edificio, hace 80 años. “Al centro, más al centro”, se escucha lateralmente para que posen canónicamente ante la foto. Varios turistas en chanclas pasan de vez en cuando junto a su lado sin saber muy bien quienes son esos dos señores que hablan a solas como contándose confidencias consistoriales.
Ahora están frente a uno de los cuadros del salón de reuniones. “Siempre me quedo mirándolo”, dice Ribó, “me sugiere muchas cosas”. Están a punto de hablar de ciudad, soledad y velocidad. Apenas es mediodía.
Ricard Pérez Casado: Durante 24 años había venido al ayuntamiento dos veces… Ahora vengo más a menudo.
Joan Ribó: Y si no vienes más es porque no quieres. Para mí Ricard es un maestro, en el sentido machadiano de la palabra. En su alcaldía se diseñó València. Intento aprender de los planteamientos que se hicieron entonces.
Ricard Pérez Casado: Caram, alcalde. Para mí él es un ejemplo de gobernar con pluralidad.
Joan Ribó: El bipartidismo se ha roto, pero no solo en España, en muchos países de Europa. Las mayorías se han acabado. Y ante eso tenemos que saber que hay que trabajar en colaboración. En la aplicación práctica, para mí un objetivo principal es mantener la estabilidad del gobierno de la Nau, trabajando permanentemente en las coordenadas de que la izquierda, vote lo que se vote, nos entenderemos. Me montan un guirigay desde la derecha por cuestiones internas… pero de qué habláis, si tenéis unos follones impresionantes en vuestra casa.
Ricard Pérez Casado: La izquierda a menudo es que discute públicamente. Los otros para discutir, de dinero, lo hacen a escondidas, pero de tanto en tanto sale a la luz.
Joan Ribó: Con los nueve concejales que tienen imputados y...
Ricard Pérez Casado: Si son creyentes los nueve deben estar en una cosa parecida al limbo. Cuando se dice que todos meten la mano siempre tengo una pequeña respuesta: mi pensión, que son 1.497 euros. Claro que se puede estar manejando cientos de millones y no meter la mano, naturalmente.
Joan Ribó: En mi partido si se me ocurre coger un duro me pegan una patada en el culo, con toda la razón.
¿En qué momento uno toma conciencia de que puede convertirse en alcalde de València?
Joan Ribó: En ningún momento se me ocurrió ser alcalde. En la campaña electoral éramos una fuerza en alza y sí, pensaba en que quizá era posible ser teniente alcalde. Mi equipo me escribía discursos en los que ponía “cuando sea alcalde…” pero no me parecía realista. ¡No vendamos motos robadas! ¿Cuándo pensé que podía ser alcalde? La primera vez, muy sinceramente, cuando empezaron a salir los resultados. Nunca me lo hubiera imaginado. Esa tarde de las elecciones tenía además un lumbago impresionante y cuando la gente empezaba a dar saltos y me hacía pegar botes yo decía por dentro ‘ahh qué daño’. Me iba haciendo a la idea…
Ricard Pérez Casado: Yo lo tuve más fácil, lo que me resultó más difícil fue coaligarme con los míos después, claro. Me incorporé al antifranquismo con 17 años con Vicent Ventura y demás. En aquel momento pensar en ser concejal era remotísimo. Con el final de la dictadura estaba por Orriols, con caminos que todavía eran de tierra. Llega el momento de poner candidatos, yo era el candidato número 33 de la lista del partido socialista. Por los mecanismos de partido, que continúo sin entender, pasé a ser el número dos. Resultamos 13 electos y pactamos con el partido comunista. En toda España se pactó que el teniente alcalde de urbanismo era comunista y el teniente alcalde de hacienda era socialista. Excepto en València, donde yo fui el teniente alcalde de urbanismo. Y después, alcalde.