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ceo y fundador de Demium

Jorge Dobón: «En Valencia hay muchas startups en estado zombi»

Llegó a Valencia en 2013 sin padrinos, con pocos contactos y nadie que le entendiera. Hoy Demium (antes Momentum) es una referencia nacional

27/02/2017 - 

Cuando Demium — antes Momentum— llegó a Valencia en 2013, lo hacía sin padrinos ni demasiados contactos en la cartera. A Jorge Dobón, fundador de esta peculiar incubadora de startups, le costó hacer entender que su modelo no buscaba encontrar ideas de negocio brillantes, sino el talento que le permitiera impulsarlas desde cero y triunfar. Madrileño, licenciado en Administración de Empresas en la Universidad Rey Juan Carlos, y con un inicio como emprendedor en el mundo offline, escogió Valencia porque le permitía estirar un par de meses los 30.000 euros que tenía para empezar.

Jorge reconoce que montó Demium porque no se le ocurrían buenas ideas y modelos de negocio con los que emprender. Casi cuatro años después, con nueve eventos Allstartups organizados para captar talento, más de 25 empresas a sus espaldas impulsadas desde su nacimiento y cuatro millones de euros de inversión canalizados, da paso a uno de los años más agitados de la incubadora.

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— ¿Cómo describiría la evolución del ecosistema valenciano de startups desde que empezasteis con Demium?

— Ha evolucionado de una manera brutal. Los últimos tres años y medio ha sido alucinante lo que ha pasado en Valencia. Nos llaman ciudad de aceleradoras y nos hemos especializado en proyectos en fase inicial y en gestación de empresas. El hecho de que algunas con mucho peso como Plug and Play eligieran Valencia ha hecho que se haya convertido en un polo de atracción de emprendedores del resto de España, algo que también consigue Lanzadera.

— ¿Os ha ocasionado muchos problemas vuestro modelo?

— El primer problema que me encontré es que no me consideraban una incubadora sino una consultora de recursos humanos. Entonces me sentó fatal. A día de hoy nos enorgullece pensar que somos la única incubadora de España, y creo que a nivel mundial, que nos focalizamos sólo en desarrollar a personas. Seleccionamos a partir de sus habilidades y nos dedicamos meses a formarle aunque todavía no esté volcado en un negocio claro. Esa persona puede estar aquí cinco meses y a partir del sexto empezar con algo que tenga sentido con las personas adecuadas.

—¿Ha sido complicado financiar Demium?

— Al principio nadie se creía nuestro modelo, y durante los primeros tres años de Demium financiarlo ha sido muy complicado. Sigue siendo complejo porque financiar una aceleradora es mucho más difícil que hacerlo con una startup. Todo el mundo cuestiona la escalabilidad pero lo es. Es muy replicable y rentable. Pero, además, los inversores no quieren invertir de manera diversificada sino tener el control de la empresa sobre la que invierten. Había que hacerles entender que el talento iba a querer emprender con nosotros a través de la celebración del Allstartup, que iba a dejarse entrevistar, que iba a dejarnos que les ayudáramos a buscar al resto de su equipo, que íbamos a replicar un modelo que existiera fuera. El salto de calidad lo hemos dado con la incorporación de Julio Braceli quien ha trabajado liderando equipos en puestos directivos en Decathlon, Apple o Leroy Merlin.

—¿Cuáles son las cifras de la rentabilidad de Demium?

—Hemos conseguido más de un millón y medio de inversión para la incubadora y lo hemos rentabilizado bastante bien, incluso varias veces en el valor de nuestro porfolio. Hemos tenido suerte de elegir e invertir en buenos proyectos. La última ronda de inversión es la que nos ha permitido abrir Madrid y llegar hasta las primeras desinversiones de Demium. Entre el último trimestre de este año y el primero del que viene vamos a hacer las primeras dos desinversiones que ya estamos negociando bajo un modelo de desinversiones parciales. Esto nos permitirá sostener Valencia, y el resto de dinero que estamos levantando será para la expansión. 

«Mi reto es lograr que Demium pase de ser una incubadora de startups a una red de incubadoras en los próximos cinco años»

— Ponéis en marcha una nueva incubadora en Madrid.

—Para mí es como volver a empezar desde cero. No sólo porque es montar todo de nuevo en otra ciudad, sino porque es arrancar un nuevo proyecto. Que Demium pase de ser una incubadora de startups a ser una red de incubadoras me lo planteo como reto para los próximos cinco años. Entrar en esta nueva ciudad supone asumir el reto de que dentro de cinco años estaremos en seis países y con un equipo de 30-35 personas. En Valencia seguiremos, y será la ciudad con más peso porque tardaremos año y medio en poner en marcha Madrid al nivel que queremos. Pero también nos hemos dado cuenta de que aquí, pese a ser un buen polo de atracción inicial, no hay la misma atracción de talento que en Madrid o Barcelona. Barcelona ya está muy competido, así que elegimos Madrid, que también es mi ciudad y la de mi socio, y lo hemos visto como un paso natural.

— Madrileño, pero eligió Valencia para empezar.

— Por una suma de casualidades. Antes de montar una incubadora de startups fui emprendedor y me equivoqué un par de veces tanto a la hora de elegir socios como el sector. No conseguí que funcionara la empresa. Mi primera empresa se dedicaba a la distribución de productos de alimentación, nada que ver con esto. En esta etapa emprendedora de tres años cometí muchos errores que capitalicé al montar Demium. Entonces elegí Valencia por costes. Emprender es caro y cuando tienes que arrancar un proyecto con 30.000 euros de inversión inicial, si elegía Madrid el dinero me duraba cuatro meses y si elegía Valencia me duraba seis o siete meses. Vine a conocer a parte del equipo inicial de Demium y a quien fuera el primer inversor, Paco Gimeno. En una mañana conocí a los tres, Paco decidió invertir y el resto se sumó. Fue como una especie de señal para mí.

Un desencuentro con Compromís

VALÈNCIA.- «El ahora alcalde Joan Ribó nos acusó de estar beneficiados por el PP y dijo que las aceleradoras hacíamos ‘tonterías’. Me llegué a reunir con él y le invité a que viniera a ver qué hacemos. Pero bueno, estoy tan contento con el cambio de gobierno... No soy un ser apolítico, porque me encanta la política. Pero no me gusta ningún partido. Me da bastante asco el ver que todos los partidos se suman al emprendimiento, a las startups como una forma de hacer política, cuando en realidad no tienen ni idea de cómo podrían ayudar a los emprendedores. Pienso que España tendría que intentar convertirse en un país mucho más liberal en cuanto a la flexibilidad para emprender».

—¿En Madrid el ecosistema está tan unido como en Valencia?

—Es uno de los sistemas más desunidos pero es cierto que Campus Madrid, de Google, ha hecho que empiece a cambiar y se ha convertido en lugar de reunión. A veces cuesta saber hasta qué aceleradoras hay. En Valencia es muy fácil saberlo y VIT Emprende ha tenido mucha culpa de esto, ya que ha cohesionado muy bien como entidad pública pero sin canibalizar ni hacerse un hueco excesivo. En Madrid hay un ecosistema grande y hay mucho corporate, mucha consultora, mucho despacho grande y muchas empresas medianas con gente con talento que podrían emprender. Hemos recibido solicitudes de gente de alguna de las big four desde que hemos abierto el plazo de inscripción del Allstartup en Madrid. 

—También habéis abierto una incubadora de videojuegos en Madrid. ¿Por qué?

— En España hay una oportunidad interesante. Arpic Games fue nuestra primera startup cerrada y era del sector videojuegos. La primera reflexión es que no teníamos ni idea de crear una empresa de videojuegos. No supimos buscar los mentores adecuados, ni la inversión en el sitio adecuado, no es fácil canalizar inversión hacia un videojuego que puede ser una moda. A veces hay que desarrollar videojuegos, probarlos y cerrarlos. Es un modelo mucho más binario. No va creciendo poco a poco. O explota o no explota. Por otro lado, aprendimos mucho de cómo se debía trabajar el talento en el sector de videojuegos. El perfil es diferente porque son unos apasionados a un nivel inimaginable. Games Bcn también lo intentó, pero nadie se ha posicionado como nosotros en juegos mobile free to play, que es lo que más puede funcionar y que han llevado al éxito a estudios como Rovio. Nos hemos dado cuenta de que a los desarrolladores lo que les gusta es hacer juegos y no tener luego que comercializarlos, por lo que nos estamos enfocando mucho a eso. Y por ahora está funcionando bastante bien, hemos sacado varios videojuegos al mercado y todavía ninguno ha triunfado, pero seguro que lo hará en los próximos meses y nos convertiremos en el Supercell español. 

— Tenéis vuestro propio vehículo de inversión. ¿Os ha supuesto muchos quebraderos de cabeza?

— Para mí el paso de Demium Ventures, que era el primer vehículo que creábamos con otros business angels, ha sido un paso muy grande. Fue un vehículo pequeño porque eran 216.000 euros, lo invertimos en cinco de las startups de Demium pero para nosotros tenía varios objetivos. Que estos pequeños inversores se animaran a conocer qué es invertir en startups. En segundo lugar era el convertirnos por primera vez en inversores. En gestionar en cash con las empresas y no sólo con el programa de incubación y en poner el germen de lo que luego será nuestro propio fondo de inversión. Tenemos como objetivo en el último trimestre de 2016 y principio de 2017 levantar un segundo vehículo más grande con la intención de, en los próximos tres años, crear nuestro fondo de inversión. Que Demium acabara siendo una red de incubadoras con nuestro propio fondo de inversión. Nosotros no nos vamos a ir a hacer negocio de los corporates ni nos vamos a pegar a ninguna gran empresa para hacer una incubadora ‘X by X’. No me gusta nada ese modelo. Lo que yo quiero hacer no es pegarme a las grandes compañías para que me den un poco de dinero, sino quitarles talento. Creemos en la batalla del talento.

—¿Nuevos planes en Valencia?

—Una nueva vertical de tecnologías disruptivas. Hasta ahora nos dedicábamos a B2B-B2C sencillo, pero ahora nos vamos a meter más en tecnología. También vamos a montar una vertical de realidad virtual y realidad aumentada. Lo vamos a hacer con la mejor comunidad de realidad virtual de España, que ha sido creada desde Valencia y que ha sido montada por dos chicos que son ingenieros industriales, que han viajado por todo el mundo y volvieron aquí hace seis meses. En Valencia hay bastantes empresas relacionadas con este sector aunque no se suelan ver.

— Es habitual escuchar que más del 80% de las startups fracasan, sin embargo en Valencia las aceleradoras tienen una tasa de supervivencia que ronda esas cifras. ¿Hay mucha startup zombi?

— Mucha. Creo que todas las aceleradoras las tenemos en el porfolio y todos los fondos y business angels lo asumimos. Primero, porque la startup es del emprendedor. Por lo tanto, él debe decidir si la cierra o no. Y luego que el proceso emocional de cerrar una startup es muy difícil. Yo tuve que vivirlo con mi primera empresa, que duró dos años. Me resigné a cerrarla y es muy complicado. Primero, porque asumes deudas, ya que para cerrar hay que tener dinero. Pero hay bastante zombi en general, lo cual tampoco es tan positivo. Creo que una siguiente evolución del ecosistema es cuando esos emprendedores se den cuenta de que cerrar su empresa es positivo para volver a emprender. La mayoría de socios e inversores que más saben son los que se han equivocado no una, sino dos y tres veces y vuelven a empezar.

«Lo más creativo que hemos hecho ha sido empezar a copiar startups que triunfaban fuera y decirlo abiertamente»

—¿A qué sector prestáis más atención?

— Nos gusta mucho la parte offline. Citibox fue una apuesta muy fuerte del año pasado y en la que han entrado varios inversores. Son taquillas para estar dentro de los edificios residenciales de más de cien viviendas, condominios comunes. Esto permite al vecino interactuar con las taquillas. Dejas la ropa sucia y la recoges limpia, panadería con la que recibes una suscripción del pan antes de las 8 de la mañana o recibes los paquetes de Amazon. A mí también me gusta mucho el retail en general. No sólo nos vamos a quedar en internet. 

—El mundo startup tiene mucho de creatividad. ¿De todas las startups que han pasado por aquí, que es lo más creativo que ha visto para salir adelante?

— Lo más creativo que hemos hecho ha sido empezar a copiar startups que triunfaban fuera y decirlo abiertamente. Javier Megias, que fue nuestro advisor al principio, nos decía que borráramos la palabra clonar y nosotros decíamos: ¡pero si es lo que hacemos! Luego es verdad que copiar es el proceso más creativo que existe y nunca lo haces tal cual porque hay que adaptarlo al entorno. 

— Podrías decirme tres proyectos que destacarías...

­— HelloUmi es uno de los proyectos con más potencial, lo que  se demuestra cuando pivota tan fuerte como lo hicieron ellos. Han conseguido un software que es la caña y ya lo están utilizando un montón de empresas para el comercio conversacional. Con Cuidum nos hemos metido en un sector muy potente, como es el de la asistencia domiciliaria. Aprendimos mucho de nuestros amigos de Eslife. Cerraron aunque el modelo era muy similar, pero con personas de la limpieza del hogar. Por eso controlamos todo, somos una agencia de colocación estatal para no tener ningún tipo de problema. Singularu es como la joya de la corona. Es uno de los proyectos que ha crecido de una forma brutal en los últimos tres años.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 23 de la revista Plaza (septiembre/2016)

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