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TRASVASE

Júcar-Vinalopó: El agua que no llega

Seiscientos años reclamando agua del ‘Chúquer’, veinte años desde el pacto de Alarcón que puso en marcha el trasvase, seis desde que se terminó tras el cambio de trazado que elevó su coste a cuatrocientos millones… y el agua sigue sin llegar

19/08/2017 - 

ALICANTE.- «El grave problema que tiene la sobreexplotación es que no la vemos. Pero si te imaginas que el castillo de Villena es un acuífero, al ritmo que se extrae el agua del de Carche-Salinas, la fortaleza desaparecería en solo dos años y medio». Quien habla es Andrés Martínez, presidente de la Junta Central de Usuarios del Vinalopó-Alacantí y Consorcio de Aguas de la Marina Baja. El organismo que agrupa (o debería agrupar) a todos los usuarios que esperan el agua del trasvase Júcar-Vinalopó. La transferencia se diseñó en los años 90 para paliar la sobreexplotación que padecen los acuíferos del Vinalopó, de donde se extrae agua tanto para el regadío de la zona como para el abastecimiento de numerosas ciudades (incluso Alicante), en función de los derechos concedidos en su momento por la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ). Del acuífero del que habla Martínez, sin ir más lejos, beben ciudades enteras como Monòver, Salinas y Elda. La idea es sustituir recursos: usar el agua trasvasada y dejar de sacarla del subsuelo para permitir que los acuíferos se recuperen.

Del trasvase del Júcar al Vinalopó ya se hablaba hace casi seiscientos años: se ha encontrado documentación de 1420 en la que agricultores de Elche pedían transportar hasta su huerta agua del río ‘Chuquer’. Sin embargo, y con permiso del trasvase del Ebro, que nunca llegó a realizarse, probablemente sea la infraestructura más gafada de la historia de la planificación hídrica en España. Desde que se planificó en los años 90 del pasado siglo hasta hoy, cuando el cuerpo principal de la tubería lleva un lustro terminado pero no puede funcionar a pleno rendimiento, el trasvase ha protagonizado encarnizadas luchas políticas, enfrentamientos entre agricultores cedentes y beneficiarios, paralizaciones de obras, cambios de trazado, errores garrafales en su construcción… 

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El momento crítico se vivió en 2005. La ministra de Medio Ambiente (hoy presidenta del PSOE de Pedro Sánchez), Cristina Narbona, paralizó las obras que estaban en marcha para cambiar el trazado: el Júcar-Vinalopó original tomaba el agua de la presa de Cortes de Pallás, pero el Ministerio de Medio Ambiente, siguiendo el criterio de organizaciones ecologistas y de los propios regantes del Júcar, decidió llevarla a la desembocadura del río, en Cullera. La obra se retrasaba y se encarecía, mientras los supuestos beneficiarios del trasvase rechazaban el agua del azud de la Marquesa porque era más cara (por el mayor coste energético de la transferencia) y de peor calidad, al tomarse al final del Júcar. Pero la consecuencia más nefasta fue que saltó por los aires el consenso alcanzado en 1998, en los denominados ‘pactos del agua’ o ‘pactos del Alarcón’, y que el Júcar-Vinalopó, como el Ebro o el Tajo-Segura, iba a abandonar el terreno de la ingeniería para convertirse en un elemento más de la batalla partidista. Esos pactos, firmados por el entonces ministro de Medio Ambiente del PP, Jaume Matas, y el expresidente de la Generalitat Eduardo Zaplana, entre otros, establecían que los regantes del Júcar cedían el embalse de Alarcón al dominio público, y a cambio el Estado pagaba la modernización de regadíos para generar ahorros que permitieran el trasvase al Vinalopó. De momento solo se han cumplido dos de las tres condiciones.

* Lea el artículo completo en el número de agosto de la revista Plaza Alicante

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