X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información
GRUPO PLAZA

LA LIBRERÍA

'Mystic Topaz': una tienda repleta de misterios en el corazón de una Valencia alternativa

Pilar Pedraza vuelve a Valdemar con una colección de relatos de corte fantástico ambientados en un comercio esotérico con el aroma propio de las célebres cámaras de maravillas

22/08/2016 - 

VALENCIA. Hubo un tiempo en que el mundo era un mapa repleto de vacíos por completar, para unos y para otros. Las expediciones hacia territorios desconocidos eran empresas tremendamente arriesgadas a las que solo los más valientes -o desesperados- se apuntaban. Subirse al barco, coger el tren de estas oportunidades podía suponer la muerte o algo peor: más allá de las últimas fronteras podía haber cualquier cosa, desde sobrecogedores monstruos marinos hasta astutos y maléficos demonios, pasando por abismos imposibles, montañas de locura o versiones de nosotros mismos con intenciones peores incluso que las nuestras. La recompensa para que semejantes temeridades pudiesen resultar atractivas tenía más que ver con el reconocimiento, el espíritu deportivo y la fama, que con las riquezas. No obstante, lo material, en otro sentido, era también un gran aliciente: tal vez en los tesoros de los nuevos mundos existiesen objetos maravillosos, reliquias de otro tiempo capaces de obrar todo tipo de prodigios. Si no, uno siempre podía traerse un desconcertante souvenir con el que impresionar a la familia.

Así, cabezas de jíbaros, supuestas sirenas, pieles de animales exóticos, artesanía expoliada, momias, coloridos tapices, extrañas herramientas, instrumentos musicales responsables de sugerentes melodías, sorprendentes seres conservados en formol y todo tipo de recuerdos fueron llenando las estanterías de los cuartos de maravillas o gabinetes de curiosidades de los siglos XVI, XVII y XVIII. Estas wunderkammer, propiedad de la élite pudiente, eran colecciones privadas muy preciadas, una suerte de museos dados al horror vacui que hacían de ventana a un mundo más grande y rico del que la vieja Europa y la Rusia de los zares imaginaban. Eran la televisión del momento, el programa que todo el mundo quería ver. Causaban sensación. Pero a medida que las zonas oscuras del planeta -desde una perspectiva europeocéntrica- fueron iluminándose, a medida que fuimos investigando, estudiando y comprendiendo, lo misterioso dejó de serlo y estas cámaras fueron perdiendo su punch hasta quedar relegadas a un segundo plano en lo que a exhibir maravillas se refiere. Los museos modernos tomaron el relevo y en muchos casos, fagocitaron estas colecciones.

Sin embargo, el asombro que motivó la creación de estas salas ha sabido reciclarse y ha llegado hasta nuestros días, en los que tal vez superados por una ciencia y una tecnología que de tan avanzada e incomprensible para la mayoría parece magia, o bien porque las modas siempre vuelven, la gente demuestra un gran empeño por lo que se ha dado a llamar reencantar el mundo. Por eso, relatos como los que componen Mystic Topaz (Valdemar, 2016) el último libro publicado por Pilar Pedraza -escritora toledana de origen pero que desempeña su labor en Valencia desde hace años- disponen de campos de público fértiles en los que asentarse y crecer. No hay más que ver cómo una conocida gran superficie de Valencia ha redistribuido su mercancía literaria, dando mucho más espacio a la fantasía, a la ciencia ficción y al terror, géneros que apoyados por la narrativa transmedia, gozan de una salud extraordinaria en comparación con otros -sin contar con la autoayuda, que va viento en popa-. Sin ir más lejos, la obra ganadora en la modalidad de narrativa de los Premios de la Crítica Literaria Valenciana de dos mil dieciséis ha sido otra antología de relatos fantásticos: La Maga y otros cuentos crueles, de Elia Barceló.

Pedraza, que ya cuenta en su haber con varios premios literarios, como el Ignotus o el Nocte, así como con una lista de títulos publicados envidiable, nos sumerge en esta ocasión en las entrañas de una tienda esotérica ubicada en una ciudad que no es del todo Valencia, pero como si lo fuese, porque a pesar de que las referencias locales se cruzan con otras italianas -el duomo convive con la Xerea y con una familiar Loggia della Seta-, la sombra de la capital del Turia es muy larga en todas las narraciones. Este negocio, a caballo entre tienda esotérica y taller de terapias pseudocientíficas, posee además un halo de gabinete de curiosidades y maravillas como los mencionados anteriormente, pues son principalmente los objetos que allí descansan los que sirven de detonante para los fenómenos sobrenaturales que tendrán que sobrellevar las protagonistas, un dúo al más puro estilo Mulder-Scully o Sherlock-Watson, formado por una propietaria mística y con poderes, de nombre Delirio, y una escéptico-curiosa dependienta de nombre Geles.

Piedras, joyas, sortijas y cristales juegan un papel fundamental en la antología, que no esconde en ningún momento -de hecho, se menciona en los agradecimientos iniciales y en el prólogo- el parentesco de Mystic Topaz con un comercio esotérico real del valenciano Barrio del Carmen. Por las páginas del libro veremos desfilar también muertos vivientes procedentes de las catacumbas, hombres lobo, chamanes, demonios o inmortales, formando parte de unas aventuras que ganan en intensidad a medida que avanza la obra, de tal manera que es a partir del ecuador de la misma cuando nos encontramos con los relatos más oscuros y originales del volumen, aquellos que constituyen la mejor aportación de la autora a la colección de la editorial Valdemar, sello que es por cierto un excelente ejemplo de laboriosidad y de compromiso con la literatura fantástica, de terror y de aventuras.

Aunque la intención de Pedraza de atar lo divino en lo humano en cada una de las historias es evidente, tal vez en ocasiones se eche en falta menos normalidad en la balanza y más peso de lo oscuro, raro y fantástico; de esta manera muchas de las ideas volarían más alto, alcanzarían más dimensiones. El tono, que se mantiene durante toda la obra en clave principalmente de humor, cuenta sin embargo con excepciones macabras que se agradecen, como el relato con el que Pedraza nos abre las puertas de su tienda, en el que la protagonista se topa con extraño indigente con un secreto todavía más extraño, o aquel de la Tiburona, una anciana de aspecto repulsivo con olor a algo más que pachuli. Como pasaba con los buenos gabinetes de maravillas, del libro de Pedraza no vamos a salir sin aprender: la belleza de una típula, los secretos ambarinos del océano y sus cachalotes, el periodo de retorno del Golem o la naturaleza híbrida de un dhampiro. Pasen y vean.

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email