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LA LIBRERÍA

Ramón Llull y Per(r)ucho: las librerías de autor vuelven al Barrio del Carmen

Dos nuevas librerías han abierto sus puertas en diciembre en el centro de la ciudad, dos proyectos distintos aunque con una esencia común: su compromiso indiscutible con la literatura

23/01/2017 - 

VALENCIA. Hubo un tiempo en que las librerías eran negocios frecuentes de murallas para adentro en la ciudad de Valencia. Andando por la calle Baja se llegaba a Ubik, un espacio pequeño con una fantástica selección de títulos ubicado junto al Jimmy Glass Jazz Bar. Donde ahora se encuentra un conocido comercio que reivindica la factura artesanal, en la calle de las Danzas, se encontraba la Librería Asociativa Sahiri. Si la memoria no falla, fue también en la calle Baja donde allá por dos mil siete apareció y desapareció la efímera La poëme, librería de poetas, negocio con alma de pionera pop-up store que al bajar la persiana un buen día sin previo aviso dejó tras de sí un buen número de cuentas pendientes y de anécdotas para recordar. De un tiempo para acá, solo las librerías de lance o los negocios híbridos han podido despachar libros sin verse obligados a colgar el cartel de traspaso, y es que como asegura el escritor Jorge Carrión en su célebre ensayo Librerías, finalista del Premio Anagrama de Ensayo en dos mil trece, la historia de las librerías es muy diferente a la de las bibliotecas, al carecer de continuidad y de apoyo institucional. Según Carrión, las librerías son libres “gracias a ser respuestas con iniciativas privadas a problemas públicos”.

Y problemas públicos precisamente no nos faltan, pero en cuanto al número de librerías no podemos decir lo mismo. Por eso es una auténtica victoria para los entusiastas del aroma a lignina y a tinta que el diecisiete de diciembre del ya caído del calendario dos mil dieciséis, dos magníficas librerías hayan abierto sus puertas a la vez en el Barrio del Carmen. El hecho de que esta doble apertura haya sido una coincidencia y no una maniobra premeditada, deja claro hasta qué punto un librero o una librera pueden ser una isla en las aguas de la vida cultural de la ciudad. Estos espacios consagrados a la literatura -que no únicamente a los libros- tienen nombre propio, el del negocio y el de sus impulsores, porque a las riendas de Librería Ramón Llull (calle Corona, 5) está Almudena Amador, librera con una amplia y reconocida trayectoria en la ciudad, y al mando de Per(r)ucho (calle Moro Zeit, 2) se encuentran Jaime Ortega, quien regentaba la librería Ubik original anteriormente mencionada y después cofundó Slaughterhouse en Ruzafa, y Eugeni Machancoses, de Odisseu Llibres.

En el primer caso estamos ante un traslado: Librería Ramón Llull, como su propio nombre indica, figuraba hasta hace poco en los mapas en la calle homónima, cerca de las universidades del Campus dels Tarongers. Según Amador -conocida por muchos como “Almudena Ramón Llull”-, el cambio se debe a que su dirección anterior era idónea para una librería especializada en libros universitarios, pero no tanto para el modelo que ha desarrollado en los últimos años. Desde dos mil doce ella es la única responsable del negocio, la artífice de la brillante selección literaria que reposa en sus anaqueles, a rebosar de fantásticos libros de poesía, de pensamiento, de categorías como economía crítica -difícil dar con una etiqueta así en otros lugares-, de novelas de todo tipo o de literatura infantil. Esta última sección, de hecho, cuenta con su propio espacio dentro de la librería, un verdadero ejemplo de cómo despertar el gusto para la lectura en niños y niñas. Las dimensiones del local sobrecogen: lo que antes fue una peluquería se ha reconvertido en un oasis de cultura con varios niveles y zonas que cumplen distintas funciones, como acoger presentaciones, encuentros o tertulias. Por el momento en su programación hay ya cuatro citas mensuales: el segundo sábado de cada mes un club de novela negra, el tercero, uno de lectura de clásicos, el cuarto sábado, otro de lectura de cuentos y un domingo al mes, un encuentro para los amantes de la literatura japonesa.

A Per(r)rucho se ha llegado buscando la tranquilidad perdida, según Jaime Ortega, que añora los años en que Ruzafa era “como un pueblo en el centro de Valencia”. En el fondo de la tienda, con un escaparate y una entrada ante los cuales es imposible no detenerse, sus dueños han montado un taller con una máquina letterpress -la impresión tipográfica inventada por Gutenberg hace más de cinco siglos- y una Riso para desarrollar proyectos de edición, de donde ya ha salido un Manual de proyectos inconclusos, consistente en una caja con doce postales hechas en letterpress y trece cuadernillos en los que se relatan varios proyectos inacabados protagonizados por nombres como Unabomber, Ada Lovelace, Potocki o Pasolini. La idea, según los creadores de este primer manual, es seguir una línea marcada por la colaboración de artistas plásticos y escritores en ediciones pequeñas pero intensas. Ahora mismo preparan un especial relacionado con la robótica, con edición, talleres y charlas. Si algo define a Per(r)ucho, además de su taller, es el hecho de que la librería se nutre de libros nuevos y de segunda mano para su venta, lo cual responde a una idea que ellos definen así: “no nos importa de dónde vienen los libros, sino a dónde van”. En las estanterías de Per(r)ucho tienen cabida libros y objetos editoriales especiales que no llegan a muchos sitios, por carecer de distribución al uso o por su ediciones limitadísimas.

Ambas son librerías con alma, librerías de autor, como ya han descrito algunos a estos puntos calientes de la literatura que podemos hallar en algunas ciudades: Shakespeare and Company en París, City Lights en San Francisco, Lello e Irmao en Oporto, Eterna Cadencia en Buenos Aires. En ellas no solo se venden libros: también se genera cultura, se crea comunidad, se ofrece refugio a quienes llegan sedientos de estímulos. Volviendo a Carrión, con las librerías ocurre que no son estudiadas como las bibliotecas, “ni se les dedican tesis doctorales hasta que el tiempo ha acabado con ellas y se han convertido en mitos”. En Valencia tenemos la suerte de disponer de una nueva oportunidad para retrasar todo lo posible que estas maravillosas librerías se transformen en mito -ojalá que ocurra pasadas ya las décadas-. Solo tenemos que visitarlas, participar de la vida que nos ofrezcan, y sobre todo, comprar libros. Cuantos más libros, más libres.

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