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entre la maestría y los caprichos inexplicables

Test VK a Ridley Scott o la inabarcable personalidad de un artesano del cine

El periodista valenciano y Doctor en Comunicación Audiovisual Pau Gómez publica 'Ridley Scott: Sueños de un replicante' que se suma a su colección de títulos que abordan las filmografías más influyentes llegadas de Hollywood

23/11/2016 - 

VALENCIA. En la icónica e influyente Blade Runner (1982) Ridley Scott desarrolla una maravillosa tensión cinematográfica en torno a las escenas en las que Rick Deckard (Harrison Ford) realiza la prueba Voight-Kampff a los replicantes . El análisis, basado en el test de Turing y conocido también como test de empatía o test VK, servía en el relato original ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick, 1968) para distinguir a los androides de los humanos. 

El nuevo libro del periodista valenciano Pau Gómez (Ridley Scott: Sueños de un replicante, El buho de Minerva - 2016) deja claro desde su título que es precisamente al director de Alien a quien sienta frente a la máquina VK, a quien analiza a partir de un sinfín de entrevistas y algunos libros de referencia, sobre quien explora una filmografía entre la maestría y la arbitrariedad y sobre quien concluye que, a diferencia de los cineastas descritos en anteriores obras por este Doctor en Comunicación Audiovisual (Steven Spielberg, Chirstopher Nolan, David Fincher...), nos encontramos ante un realizador de una personalidad única dentro del cine made in Hollywood.

Scott, que en unos días cumplirá 79 años, era un licenciado en Bellas Artes que a sus casi 40 se había posicionado como publicista de éxito. Con más de 2.000 anuncios a sus espaldas, la empresa que fundó junto a su hermano Tony Scott, el mismo que acabaría dirigiendo Top Gun (1986) o protagonizando Boy and Bycycle (1965), su primer cortometraje, estaba lo suficientemente establecida como para que sus contactos le llevaran de los menores rodajes televisivos a recibir el encargo de dirigir un telefilme de bajo presupuesto que lo cambiaría todo: Los duelistas (1977). La factura de esta película, declaradamente influida por Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975) pero con una capacidad visual evocadora memorable, sirvió para que Walter Hill, David Giler y Gordon Carrol, productores de Alien: el octavo pasajero (1979), le ofrecieran a este cuarentón dirigir una película que él convirtió en una de las mejores obras de la historia de esta expresión artística.

Este caballero del imperio por la Reina Isabel II iniciaba así, en la mitad de su vida, la posibilidad de convertirse en el artista que siempre había anhelado ser. Eso sí, influenciado por su bagaje en el mundo de la publicidad, sus notables caprichos personales, una frialdad total para acumular encargos -solo un par de títulos de una treintena han sido aupados por él- y una minuciosidad y artesanía que de nuevo nos vuelven a encuadrar su figura con la de Kubrick, son la base fundamental que se recoge en el libro que provoca esta conversación. Un libro que repasa una a una la filmografía, cosiéndola de anécdotas para comprender la evolución de un director y productor de cine con una trayectoria dispar y desde luego alejada de progresiones más canónincas como la de los arriba citados o la de otros titanes de Hollywood como Martin Scorsese, Brian de Palma o George Lucas.

 -El libro apenas cuenta con cuatro fuentes bibliográficas y se fundamenta en un sinfín de entrevistas, ya hayan sido publicadas en medios de comunicación como en incontables making of y contenidos extras de sus películas. ¿Pretendías, más bien, componer un extenso reportaje periodístico?
-Sinceramente, puede que sí y a la vez no lo sé. No tengo un método cerrado o un objetivo único con la publicación del libro. Recuerdo cuando surgió, hace ahora 10 años tras ver El reino de los cielos (2005). Me di cuenta de que, habiéndome sorprendido mucho Black Hawk Derribado (2001), la filmografía de Soctt ya era lo suficientemente amplia como para ir recopilando ideas y materiales. Así empecé, como con el resto de libros. No obstante, hay cierta limitación bibliográfica sobre su obra y el libro de Jorge Fonte para la colección 'Signo e imagen' de Cátedra es reciente. Me ha servido, sobre todo, para contrastar datos este último año.

-La pregunta, con la cantidad de proyectos en los está inmerso, en activo, es ¿por qué ahora?
-Ya tiene una carga suficiente como para abordarlo, aunque el trabajo en torno a él ha sido muy distinto al que he vivido con otros directores. El cine de Scott es optimista; es una de las conclusiones a las que llego en el libro. Los libros que he publicado, similares en concepto, sobre Nolan o Fincher... meterte en la mente de Fincher es una tortura. Fue uno de los años más duros de mi vida, que me afectó personalmente y del que salí agotado, pesimista, abatido. Y digo esto porque entrar a investigar y a recopilar información en torno a este tipo de directores no deja de ser un proceso para abarcar su personalidad. Ese fue el objeto, el por qué del libro con Scott. Quería saber qué pasaba con él. Es un director al que era incapaz de abarcar, de comprender, de saber qué quería hacer. Me preguntaba cómo era posible que un tipo hubiera filmado una de las obras cinematográfica y filosóficamente más complejas (Blade Runner), una obra de terror que es un clásico (Alien) y a la vez, viendo el resto de la filmografía, no saber qué hay dentro de él. El origen de este libro es eso: buscar un hilo que vincule a todas sus películas, que hable de él mismo. Quería ser capaz de entender cómo era capaz de alternar lo que a mi juicio son obras maestras con algunas películas desastrosas.

-Y bien, ¿quién o qué es?
-Es un artesano del cine. Artesano en el sentido más amplio de la palabra. Con casi 80 años sigue haciendo películas por encargo. Es lo que sabe hacer. Ha levantado un par de proyectos en su vida, Un buen año (2006) y Legend (1985). El primero de estos dos, por la excusa de pegarse unas vacaciones en la Provenza francesa, bebiendo vino con su amigo Russell Crowe. Económica y artísticamente, ambas son muy decepcionantes. Escribir, como tal, escribió su primer cortometraje y todo esto que estamos aquí enumerando dice mucho de su obra. Él hace encargos, es un director atípico. De hecho, que ahora esté tan implicado en la producción de Blade Runner 2 [dirigida por Denis Villeneuve y protagonizada por Ryan Gosling, se estrenará en 2017] es una rareza en su carrera. U otr amás.

-¿Cuáles son los mimbres de esta rara avis de Hollywood?
-Para empezar, no deja de ser un británico en Hollywood. Un británico que a menudo tiene referencias de cine europeo para hacer cine de Hollywood... o al menos en sus inicios. Hay que pensar que debuta con 40 años. Eso es una anomalía total en aquella época, a finales de los 70. Spielberg a los 30 ha rodado cuatro películas y una de ellas es Tiburón (1975). En cualquier caso, es raro que un director debute casi a los 40 y lo haga con una película tan sobresaliente dentro de un micropresupuesto como Los duelistas, que le siga Alien y en apenas cuatro años desde el pistoletazo de salida ya haya estrenado Blade Runner. La primera es casi de arte y ensayo, pero provoca la llamada de Hollywood. De casualidad, de chiripa. Se saltó cuatro escalones para meterse en una película de la 20th Century Fox y le salió un clásico del cine. 

-Esa es la piedra de toque... y, de repente, Alien.
-Había despedido al director. Habían barajado un montón y ya con la preproducción en marcha, una preproducción especialmente compleja para una película que la 20th Century Fox veía como algo menor a priori, que no les iba a hacer ganar dinero, se acuerdan de Soctt y de Los duelistas. Él firma el contrato en apenas 24 o 48 horas y estoy convencido que lo hace sin leer el guión. Era una película de ciencia ficción, género al que no estaba tampoco adscrito ni del que pensaba hacer un bastión. Era, sencillamente, la posibilidad de dar el salto a Hollywood. Luego llega Blade Runner, donde sí es la primera elección como director, pero es una película pequeña, de bajo presupuesto pese a contar con un estrellón del momento como Harrison Ford. Es una película distribuida por Warner, pero no de Warner. Y es un proyecto difícil, que cuesta sacar adelante, en el que Scott se pelea con todos los posibles [Ford, Young, Vangelis y, por supuesto, Warner] y es todo un fracaso de taquilla. Nadie la entendió, pero si recibe algunas buenas críticas.

-En cualquier caso, es pasto de un remontaje para obtener un final feliz. Cosas de Warner.
-Sí, pero decide remontarla hasta la última de esas ediciones que llega con el 25 aniversario, en 2007. Creo que es la cinta que ha quedado, que muestra que Deckard es un replicante más y que deja de lado un final que ahora parece un tanto absurdo [para el final se usaron retales de horas de grabación de Kubrick para El resplandor (1980)].

-En el libro apuntas que Scott realiza retratos individuales, por parejas o colectivos. ¿En cuál de ellos encontramos un cine más interesante?
-Bueno, en cuanto a los relatos individuales yo creo que las dos referencias esenciales son Blade Runner y Gladiator, esa película sin la que no sabríamos qué habría sido de la carrera de Scott; es el gran punto de inflexión tras unos años 90 horrendos. Y podríamos incluir a Alien como relato individual, porque así acaba y es la sensación que deja en el espectador. Sin embargo, en los relatos individuales Scott no dibuja un héroe que es totalmente héroe o un antihéroe al que le sucede lo mismo; él hace un juego de contrapeso más interesante cuando usa parejas. Lo hace por ejemplo con el bueno y el malo de American Gangster (2007), una de sus gandes películas. No hay maniqueismo ante el espectador, porque él presenta un bueno con matices y un malo con matices. Lo hace también en Thelma & Louise (1991), la única película importante de esa década. Ellas son complementarias por ser diamitralmente opuestas. Con esos pares genera un único personaje y una evolución de pareja más interesante, creo. 

-Una de las conclusiones que vierte esta carrera de idas y venidas entre obras maestras y películas situables en otro escalón es la de haber creado un cine optimista. ¿Hasta donde crees que llega esa forma de hacer que él importa de la publicidad en esta idea?
-Pues... muy posiblemente tenga mucho que ver. Scott no hace finales que te dejen tocado y no es menos cierto que está operando desde Hollywood, donde todo tiende a un final feliz. Blade Runner, de hecho, es una película rara, pero hay que recordar que pertenece a sus inicios, aunque él ya fuera un hombre de cuarenta y pico años. Warner le obligó a ese final feliz, con los planos del helicóptero de Kubrick, pero es un final rarísimo en el que de repente es de día y parece que hay un futuro. Bueno, es que no puede haber mucho futuro porque, como mínimo, ella es replicante, así que va a morir más pronto que tarde. Creo que un final más feliz hubiera sido, como deja claro el último montaje, aceptar que Deckard también es replicante y que al menos se han encontrado para vivir un final juntos, para comprenderse en el mundo.

-Ahora que vuelves a mencionar a Deckard, podemos utilizar el caso de Ford para hablar de su mala relación con los actores. ¿Qué tiene que ver esto con su realidad como director?
-Sí, tiene mucho que ver. Le pasa con Ford y le llega a pasar con Crowe, del que ha sido muy amigo. Scott no dirige a actores. Es el mismo motivo por el cual ha trabajado con muchos de los mejores de Hollywood durante los últimos 40 años. Ese es el planteamiento: ya eres demasiado bueno y cobras suficiente como para que no te tenga que decir qué has de hacer. El quiere que el rol interpretativo esté 'asegurado' para dedicarse a otras cosas que, aparentemente, le pueden interesar más. Es decir, la virtuosa recreación visual. Un caso pardigmático es El consejero (2013). La película tiene escenas que visualmente son prodigiosas, pero sus actuaciones están fuera de lugar. No están dirigidas. Es una de las películas más decepcionantes de su carrera, por todos los puntales que hay sosteniéndola aparentemente.

-¿No ha evolucionado en ese sentido? ¿No ha 'crecido' en ese sentido como director?
-No y sí, de alguna forma. Ha pasado de la imposición, de decirle a Ford vamos a rodar a las cinco de la mañana todos los días y te va a estar cayendo agua encima durante todo el rodaje, de decirle tú te pones aquí y no digas nada, a una posición más de dejar hacer; algo así como tú haz tu trabajo que yo ya sé hacer el mío. La comparativa la podemos obtener viendo que Blade Runner tarda en rodarse una eternidad y Marte (2015) se rueda en unas semanas. 

-El caso de Ford, no obstante, parece que es uno de los más aciagos de la relación del director con sus actores.
-Ford venía de ser carpintero hacía nada, como aquel que dice, pero sobre todo venía de ser un tótem en Star Wars, de hacer En busca del arca perdida... era un reclamo comercial, un actor correcto, lleno de limitaciones, pero un buen actor. Es cierto que todavía no había hecho películas que le elevarían a un rango más interesante como intérprete, como por ejemplo Único testigo (Peter Weir, 1985), La costa de los mosquitos (Peter Weir, 1986) o Armas de mujer (Mike Nichols, 1989). En Blade Runner no ha dado el salto, pero ya es una estrella consolidada por las citadas. Y él ve que aquello va a ser una película de Universal, que la hace el tipo de Alien, que es Spielberg el que le mete en el rodaje y que es una película de ciencia ficción. Ve que aquello va a funcionar, pese a ser una película de presupuesto limitado. Pero no; el rodaje es un infierno y chocan porque se encuentra con un director que quiere hacer una película introspectiva, que le dice que va a estar todo el día parado bajo la lluvia, que le quiere cambiar el corte de pelo... Ford se pasa 25 años sin hablar ni de Scott ni de Blade Runner, pero de repente en 2007, para la edición con el montaje definitivo del director, acompañando a un making of de tres horas, Ford hace unas declaraciones que son lo mejor que ha habido como contenido extra de esa película nunca. En esa entrevista habla de cómo Scott acabó por entender qué quería de Deckard, quién era y cómo había accedido finalmente al personaje.

Pau Gómez, el autor de 'Ridley Scott: Sueños de replicante'

-No es una enemistad, pero es una rareza también la forma en la que Ridley Scott no habla prácticamente nunca de su hermano que, mientras está sucediendo Blade Runner, se prepara para rodar Top Gun (1986). ¿Por qué no hay referencias? ¿Cómo se conectan sus cines?
-Tony Scott no tiene mucho que ver con Ridley. Por su puesto, produce las películas de su hermano, tienen juntos la agencia de publicidad, pero Tony es un director de planos cortísimos. Tony no va a dejar respirar una idea con los tiempos de Los duelistas e incluso en Marte. Él mostraba las cosas de otra manera y era un buen director de películas comerciales, pero a otro nivel. Creo que, además, estropeó un gran guión con Amor a quemarropa de Quentin Tarantino. Pero bueno, rodó Top Gun, en efecto. Era siete años menor que Ridley y un socio fundamental de la agencia. Era el gran admirador de Ridley y él si hablaba de su hermano. La sensación es que el artista, el 'grande', era Ridley.

-Pero Ridley no habla de Tony...
-Es así. Viéndome todas las entrevistas de cualquier DVD, repasando todas las publicadas, no habla de él. Ridley habla en exclusiva de la película, pero no de sus cuestiones personales. Y no habla de Tony. Cuando promociona una película, dice lo justo. A veces, cuando dice de más, en esa idea de bon vivant que tiene y deslenguado en el lado más íntimo, se equivoca y tiene consecuencias. Por ejemplo, después de El consejero, deslizó que quería hacer volver a trabajar con Javier Bardem en Exodus: Dioses y reyes (2014). Bardem al parecer es un actor muy inseguro de cara a los proyectos. Entra, sale, se lo piensa y repiensa. En este caso, tal y como declaró Ridley en Fotogramas, el actor español le parecía un agonías y acabó por decir que los pantalones en la relación los llevaba Penélope Cruz. Obviamente, rompieron relaciones. Pero es que su relación con los actores es más que complicada. Por ejemplo, Leonardo DiCaprio está correcto en Red de mentiras (2008), que es una buena película pero no llega tampoco a ninguna otra consideración. Si ves los últimos 10 años de cine de DiCaprio es incomprensible cómo no le sacó más provecho a un actor que se ha hecho inmenso. Le ofreció el guión y dos semanas después estaban rodando. Es mecánico, es por encargo, es un proyecto... se conecta con el tema de la publicidad. 

-Y, precisamente, durante el rodaje de El consejero, Tony se suicida en Los Angeles.
-Y su reacción delata su forma de ser. No habla en ningún momento de la muerte de su hermano. Para el rodaje en Londres. Se va dos días a Los Angeles, asiste al entierro, vuelve y sigue rodando. No estamos hablando de un hecho sentimental o en la búsqueda de algo amarillo; Tony Scott produce sus películas, es su socio en la agencia de publicidad, desarrollan sus carreras juntos y Ridley no dice nada. Bueno, sí, cuando empieza El consejero pone 'Para Tony'. Es la única referencia a la muerta de su hermano. Él tiene claro que su vida es una cosa privada, aunque sí se filtre lo mucho que le gustan los puros, el vino y las mujeres especialmente jóvenes. 

-De nuevo con El consejero como telón de fondo, en la Comunitat Valenciana todavía resuenan sus declaraciones sobre Ciudad de la Luz.
-Él hizo todo un alegato por los estudios. Es uno de los defensores de la oportunidad de haber convertido a la Comunitat en el Hollywood de Europa. Él decía que eran los mejores estudios que había visto lejos de Estados Unidos, pero hay que ver el uso que hizo de ellos: rodó una escena de Prometheus (2012) que ni siquiera incluyó en el montaje final. En El consejero rueda en Alicante, pero en un polígono y en la ciudad. También en un chalet de Altea y en Navarra. Y Exodus en Canarias, que incluso tiene participación económica y es coproducción, pero en Ciudad de la Luz solo aquello.

-Has mencionado a autores como Nolan o Fincher. Autores que insisten, quizá obsesivamente en temáticas. ¿Scott es totalmente distinto a ello?
-Sí. Nada que ver. Nolan tiene tres o cuatro temas que se repiten en todas sus peliculas. El famoso doppelgänger que es el desdoblamiento de un personaje en dos, lo que vemos en El truco final (2006), en 'su Batman' con el Joker e incluso en Memento (2000) con el mismo personaje. Vuelve constantemente al tema de la venganza, al tema de la magia que le permite generar crescendos y un último acto lleno de gritos. Ahora está a punto de estrenar una película bélica [Dunkirk] y sé que volverá a utilizar todo esto. Fincher es sota, caballo y rey: el mundo es terrible, no hay hombres buenos, si existe algo que se parezca a un héroe nunca va a ganar y siempre gana el villano. Lo más parecido a un héroe que hay en su cine es el Daniel Craig de Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011). Ridley Scott es un misterio para tratar de concretar este tipo de rasgos. Va y viene. Ha firmado obras maestras y ha explorado temáticas aparentemente abarcables, pero luego también filma La teniente O'Neil (1997).

-Tampoco en lo referente a los géneros, aunque podemos destacar que no hay ninguna comedia en una treintena de películas.
-Bueno, nunca ha hecho uso de la comedia como género puro, pero recientemente me he dado cuenta de que Marte si tiene mucho de comedia. El guión, que es muy bueno, ya tenía bastante humor y él se deja llevar. También influye que está Matt Damon, el cual ha hecho mucha comedia, así que funciona.

10 películas que reivindicar de Ridley Scott

La sombra del testigo (1987). Es una película pequeña, que hace casi como impasse para mantenerse en activo tras el monumental fracaso de Legend y a la espera de un gran proyecto que llegaría [Black Rain, 1989]. No tiene a grandes estrellas, pero destaco el papel que hacen sus actrices: Mimi Rogers y Lorraine Bracco.

Hannibal (2001). A título personal, como toda esta comprometida selección, creo que era imposible hacer una segunda película a partir de El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991). La original es tan icónica, tan trascendental, una película cuyo protagonista es recordado por cualquiera y apenas está 18 minutos en pantalla. Demme te seduce con su dirección, te atrapa y es autoconclusiva. Scott hace un blockbuster y si en la primera película Hopkins aparecía con cuentagotas, aquí sale todo el tiempo. Y si ha de haber ideas de gore, se visualiza como gore. Por si fuera poco, los 30 minutos que suceden en la ciudad de Florencia son de lo mejor que ha hecho Scott visualmente de siempre. Y eso es mucho decir en el caso de un autor que sabe manejar todos los elementos del audiovisual para generar impactos sensacionales en el espectador. 

Black Hawk Derribado (2001) tuvo consideración y repercusión, pero es una de sus películas imprescindibles. Hay que destacarla.


El reino de los cielos (2006), pero su edición de cuatro horas. Scott es uno de los primeros directores que, seguramente influido por la publicidad, por llevar a la pantalla el cine que él ve, hace sus propias ediciones a posteriori. En el caso de El reino de los cielos es increíble que una película de cuatro horas se vea más ágil que una de casi tres; la que se estrenó en el cine. Es una película de 200 millones de dólares que habla de las diferencias entre musulmanes y cristianos con un mensaje político/religioso muy vigente.

American Gangster (2007), que puede pasar o mismo que con Black Hawk, pero que es otra de las que están en su máximo nivel. Si la película la hubiera firmado Scorsese o De Palma habría que ver cuántos Óscares tendría.

Red de mentiras (20008) que es, de género, un thriller redondo. Además, veo también vigencia en el relato que hace en torno al tema de los servicios secretos en Oriente Medio.

Robin Hood (2010) porque es una película donde me lo paso muy bien. Es un film de aventuras, de género fantástico, con uno de los mejores planos de su filmografía; el de la flecha, hacia el final de la misma.

Prometheus (2012). Detesto Alien 3, aunque entiendo que remontaron lo que hizo FIncher, pero no me gusta nada tampoco la de Jean-Pierre Jeunet. Admito que soy proPrometheus y que lo sigo siendo tras las revisiones del film. Me parece interesante como se puede hacer un remake de Alien y que encima lo haga el tipo que hizo Alien.

Thelma & Louise (1991), con la que logró su primera nominación al Óscar por hacer una road movie muy americana. Es una película muy chocante, con influencias de Wim Wenders y en la que podemos ver todavía ese poso de un director británico de marcadas influencias europeas pero a la vez capaz de hacer una película made in USA.

Los impostores (2003). Otra película muy pequeñita, con similitudes a Un buen año, pero esta vez 'pasándoselo bien' en Los Angeles, la ciudad donde vive. Es una película en la que explota a un Nicolas Cage que todavía tenía cierto crédito. No es un criterio de valoración, pero tiene semblanzas con Nueve reinas (Fabián Bielinsky, 2000). Casualidad o no es tres años anterior.

3 películas para olvidar de Ridley Scott

Legend (1985) por su montaje insoportable del que él no tiene la culpa. No tiene ni pies ni cabeza. No ha querido o podido remontarla nunca, algo que hubiera sido imprescindible para comprender qué quería contar y algo que ha hecho con uans cuantas películas: Blade Runner, Gladiator, El reino de los cielos, American Gangster... es uno de los inventores del Director's Cut. Scott se ha llegado a quejar de que se adelantó a lo que haría 15 años más tarde Peter Jackson con El señor de los anillos. Cuando haces una película de fantasía para adultos, necesitas tiempo para desarrollar lo que sucede. En aquellos años triunfaron Dentro del laberinto o Willow, pero eran películas para toda la familia. Legend quería ser adulta, pero desarrollando de aquella manera un mundo mágico.

La teniente O'Neil (1997). Demi Moore fue a buscarlo con su idea de película. Como ya hemos explicado, no es un director de actores así que, pese a que ella, lejos de lo que pueda parecer ahora, era una gran estrella de Hollywood, no contó con un director que la ayudase. No hay por donde cogerla en ningún momento del metraje.

El consejero (2013), pero quizá como decepción. Las expectativas eran brutales. Sobre todo, porque a mi juicio Scott venía de una serie de películas excepcionales, entre las mejores de su carrera. Teníamos un guión de Comarc McCarthy, pero nos encontramos a un Bardem desubicado a Cameron Diaz haciendo de mujer fatal de aquella manera y a Penélope Cruz con dos escenas. Es un desperdicio.


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