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el fenómeno de las bandas 'clónicas'

Tributos: artistas de marca blanca

Todo empezó cuando un músico decidió vestirse de su cantante favorito como muestra de devoción, pero el fenómeno de las bandas de tributo ha crecido hasta convertirse en un negocio en el que el espectador acepta pagar gato por liebre y en el que el artista renuncia a su identidad a cambio de poder tocar en una sala

30/09/2017 - 

VALÈNCIA.- En la magistral película F for Fake (1973), Orson Welles utiliza el caso del falsificador de obras de arte Elmyr de Hory para cuestionar por qué vale más una pintura original que una copia. Cuando el arte está mediado por la técnica, quizá lo importante, nos venía a decir, es si estamos ante una buena o una mala falsificación. Salvando las distancias —porque este reportaje no habla de fraudes sino de imitadores—, la reflexión nos resulta útil para abordar uno de los fenómenos musicales más llamativos de la última década: la invasión de las bandas tributo. Las hay de todo calado: inspiradas en grupos nacionales o internacionales; en formaciones ya desaparecidas o en plena actividad. Abarcan todo el espectro musical: pop, rock, punk, blues, grunge... desde los Beatles a Amy Winehouse; hasta Héroes del Silencio o El Último de la Fila. Algunas bandas tributo se circunscriben a los circuitos amateur, mientras que otras están totalmente profesionalizadas y recorren el mundo llenando estadios y recaudando cifras millonarias por el camino. 

Tenemos las bandas homenaje al uso, que se limitan a reproducir (concepto distinto al de versionar, que implica reinterpretar libremente una canción) el repertorio de un artista célebre. Pero el verdadero resurgir es el de las bandas clónicas, cuya fidelidad al original no se limita a la partitura, sino que engloba todo su arsenal estético: vestuario, peinado, maquillaje, movimientos escénicos y producción técnica del espectáculo. 

Algunos han llevado la mímesis hasta el paroxismo. El documental argentino Mundo tributo (Adrián Fares y Leornardo Rosales, 2007) nos muestra a los miembros de Kissmanía empolvándose la cara antes de una actuación. Mientras se afeita los laterales de las sienes para simular las entradas alopécicas de Gene Simmons, el cantante nos explica con toda naturalidad cómo se hizo quitar el frenillo para poder desenrollar la lengua por debajo de la barbilla y reproducir el gesto escénico más característico del músico estadounidense. Otro caso extremo es el del doble de Freddy Mercury en el proyecto One & Dr Queen. Jorge Busetto —quien llegó a cambiarse la dentadura para parecerse más a su ídolo— asegura que cada vez que sale al escenario experimenta una epifanía: «Siento que Freddie me cuida, me guía, siento que me ve, y espero que se sienta orgulloso». 

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En la Comunitat Valenciana hay buenos ejemplos de bandas clónicas. Los miembros de Green Covers son capaces de transformarse en combos tan dispares como Radiohead, Muse o Coldplay, atendiendo siempre hasta el mínimo detalle. «Yo veo esto como un trabajo de interpretación teatral —explica a Plaza el cantante, Chen Torrijos—. Nosotros hacemos con grupos que admiramos lo mismo que hacen centenares de compañías cuando representan las obras de Shakespeare». 

* Lea el artículo completo en el número de septiembre de la revista Plaza

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