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entrevista a la artista de castellón

Alejandra de la Torre: arte desde lo viejo para hablar de memoria colectiva y estigmas

7/01/2020 - 

CASTELLÓ. Los rastros son el lugar idóneo para los chollos, las segundas oportunidades pero también para fantasear. Sino que se lo digan a Alejandra de la Torre (Castellón, 1983) que es capaz de llevarse un ventilador de 30 años, que ya ni si quiera funciona, solamente porque le ha hecho recordar a algún momento de su vida. Lo cierto es que la intervención que posteriormente aplica la artista sobre el objeto acaba implicando a la memoria colectiva. "Mi papel como creadora es hablar de cosas cotidianas", defiende la misma. Y es por eso que gustan sus obras, porque bucean en la necesidad humana de poseer y acumular, en los recuerdos cosificados, en el paso del tiempo y en nuestro feedback con los objetos. 

Además, con todo este 'combo' de materiales viejos la creadora termina hablando de la más remota actualidad. Alejandra de la Torre es capaz de extrapolar esta necesidad de acumular objetos a la precariedad que viven las nuevas generaciones, las cuales tienden también a llenar sus currículums de "cosas" inservibles. "Venimos de una época en la que creíamos que con nuestra formación conseguiríamos lo que queríamos. Habíamos invertido en carreras, idiomas, prácticas no remuneradas. Pero rápidamente, nuestro sueño se esfuma, empiezan las negativas a la hora de encontrar trabajo. Haces más cursos y te encierras en tu estudio, tienes que invertir todo tu tiempo en la búsqueda de un trabajo, todo lo demás es perder tiempo y dinero", relataba la misma en 2015.

Pero ahora la artista ha dado un paso más allá en su búsqueda y ha empezado a utilizar el objeto más que como protagonista, como hilo conductor de sus historias. ¿Y cómo es esto? Para Women in sport ha creado una falsa colección de posters y cromos con los que pretende visibilizar a la mujer en el mundo del deporte. "Durante mi adolescencia, la forma en la que teníamos de representar a nuestros ídolos era con posters colgados en las habitaciones. Pero todas estas mujeres no tuvieron el suyo", explica la creadora, quien está buscando subvenciones para terminar su proyecto. "Lo que ahora pretendo es que el acto de coleccionar no se quede solo en una colección, sino que vaya más allá", señala Alejandra de la Torre, con quien charlamos para saber más.

-En tu afán por trabajar con objetos reutilizados te has adentrado incluso en casas derruidas. ¿Cuándo empieza este interés por intervenir lo 'viejo'?
-Soy toda una acumuladora. Siento mucho apego por las cosas, no por su valor material, sino por lo sentimental. Por eso, llegó un día en el que intenté preguntarme a mi misma qué me hacía tener tanto apego por los objetos, porque me cuesta deshacerme de ellos pese a saber que ocupan mucho espacio en casa. Me puse investigar y hallé conclusiones generales que hablan de un vació que intentamos llenar. De este modo, aunque me baso en mis recuerdos, en mis colecciones hablo más de una memoria colectiva.

'Herencias'

-Te iba a preguntar si eres tú de dar segundas y terceras oportunidades a objetos personales, pero parece que también eres de dar cuartas o quintas.
-[Entre risas] Todas las que haga falta. Sobre todo porque una de las bases de lo que hago es que me gusta acercar el arte a la gente. Y para hacerlo es muy importante que hable de cosas comunes. He estudiado arte y me gustan obras más filosóficas y conceptuales, pero creo que mi papel es hablar de cosas más cotidianas, porque así la gente que no está tan metida en el arte también se sentirá cerca. 

-¿Por cuántos rastros puedes haber pasado a lo largo de los años?
-Realmente no he recorridos tantos, porque las ciudades que más visito son Madrid, Barcelona y València. De hecho, iba todos los domingos al de València y he tenido que dejar de ir, porque es como una droga. Siempre encuentro algo que puede servir y hacerle clic a la memoria de la gente. 

-Entonces, ¿todo lo que encuentras sirve para hacer arte?
-No del todo. Lo que ocurre es que como llevo muchos años en ello, tengo una gran facilidad para saber si un objeto servirá o no. Un día, por ejemplo, vi un piano Casio y en seguida me lo llevé a casa porque a mi me recordó a un momento que había olvidado. Cuando hace ese clic, entiendo que a otras personas también les puede pasar. Aun así, hay veces en las que me guío por el diseño y por sus colores. Si encuentras una máquina de escribir de color calabaza ya sabes que le sacarás partido porque visualmente es muy llamativo. 

-¿Es esta tendencia humana de poseer y acumular algo generacional? 
-No, en todas las generaciones hay acumuladores y gente que no lo es. Va con el carácter de las personas. Yo creo que en mi caso le tengo miedo a la pérdida y por eso retengo mucho. Pero nos puede pasar a todos los que estamos muy apegados al pasado y nos da miedo olvidar. Al final la conclusión es que no es bueno deshacerse de todo, porque es bueno tener cosas con raíces, pero también es bueno soltar. Si siempre estás reflejado en lo que has sido no evolucionarás en lo que podrás ser. Hay que tener pequeños remembers. Lo justo y necesario. 

'El estigma del parado'

-En tu obra El estigma del parado relacionas este sentimiento de desapego con la precariedad. Los currículums están colmados de títulos pero parece lleno de cosas inservibles porque no se encuentra trabajado.
-Justo cuando hice esa serie estaba en una época de mucha duda. Había salido de la universidad, tenía muy buenas notas, premios...pero aún así mi situación era super precaria. La mía y la de mi entorno. Para reflejar este sentimiento me basé en la Metamorfosis de Kafka, porque aunque empiezas teniendo muchos títulos y esperanzas, con la repetición del "no" te vas convirtiendo en un bicho. 

-Ahora que dicen qué viene otra crisis, ¿qué sucederá con ellos?
-Al menos yo en mi caso he aprendido que los títulos no sirven de nada. En las artes has de ser buena creando, da igual el título que tengas. Aun así, tampoco suelo hablar de mi aunque parta de mis experiencias. Pero sí observo que en mi entorno hay gente realmente jodida. Cuando expuse esta obra en el Centre del Carmen en València, había una mesa con varios post-it. La gente se vio identificada con lo que decían y empezaron a dejarme mensajes de forma espontánea. Creo que entendieron la situación mejor. Vieron que no eran ellos el problema, no eran la "mierda". 

-¿Hasta dónde podemos llegar como sociedad si las nuevas generaciones ya no se sienten vinculadas con el mundo laboral?
-El mundo laboral tal y como lo conocemos va a cambiar mucho. No se si a mejor o a peor, pero cambiarán los tipos de trabajos y cómo buscarlos. Creo que ahí la gente sí se sentirá vinculada. Vamos hacía un mundo freelance con equipos que no estarán en el mismo espacio. 

'Women in sport'

-Además de instalaciones también haces creaciones a papel, con las que de nuevo recurres a materiales reutilizables para plasmarlos a través del collage. ¿Te cuesta "jugar" fuera de este hilo narrativo?
-En este caso más que lo reutilizable, mi obsesión es atrapar el tiempo. Y claro, en los papeles antiguos ya de por si se nota mucho el paso del tiempo. Están muy vivos, igual tienen 20 años. Por eso, el mero hecho de verlos te hace pensar en el pasado y el presente. 

-Comentabas antes de empezar la entrevista que tu trabajo va destinado principalmente a galerías. ¿Cómo ves que estos espacios estén dejando de contar con espacios expositivos? ¿No es un problema para los artistas?
-Lo cierto es que las galerías en las que más vendo son online. Los espacios expositivos están muy bien para el día de la inauguración y para que la gente lo visite, pero con el tiempo se vuelven caros. Se tiene que pagar el IVA por ser empresa, así como el alquiler de la sala... y con todo esto pierdes mucho dinero. Todo se encamina al online o a pequeñas oficinas donde se puede ver físicamente la obra. Sin embargo, creo que sí tienen que haber espacios expositivos, aunque me da igual que sea una galería o una sala municipal, porque a mi que me gusta mucho la instalación, esta no es como una fotografía, aquí sí o sí se ha de ver en directo. Con mis obras rodeo al espectador. Necesitan ese espacio que tienen que transitar. 

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