MADRID (SERVIMEDIA). La atención en salud mental requiere modelos más personalizados, capaces de adaptarse a la situación clínica, la etapa vital y las necesidades de cada paciente. En patologías como la depresión, la psicosis o los trastornos mentales en niños y adolescentes, los especialistas insisten en reforzar la detección precoz, el seguimiento y la coordinación asistencial. Este fue uno de los principales mensajes compartidos en la 'VI Jornada de Psiquiatría basada en el paciente', organizada por el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz.
La salud mental infanto-juvenil ocupó uno de los bloques centrales del encuentro, con especial atención a la detección precoz del malestar emocional en adolescentes y al abordaje de las autolesiones y las conductas suicidas. Según el doctor Juan José Carballo, jefe asociado del Servicio de Psiquiatría del centro hospitalario, “la salud mental de niños y adolescentes constituye actualmente uno de los principales retos de salud pública”. Y es que, dijo, “se estima que entre un 13 y un 20 por ciento de los jóvenes presenta algún trastorno mental y que aproximadamente la mitad de los trastornos mentales del adulto tienen su inicio antes de los 18 años”.
El especialista recordó que una proporción importante de estos problemas no se identifica en fases iniciales, especialmente cuando se manifiestan a través de síntomas menos visibles, como la ansiedad, la depresión o el malestar emocional. Por ello, durante la sesión se puso el foco en la necesidad de detectar antes las señales de sufrimiento psicológico y facilitar el acceso a los recursos adecuados.
En este contexto, se destacó el programa SENSE (Screening for Emotional Needs and Self-help), una iniciativa impulsada por la Fundación Jiménez Díaz y los otros tres hospitales de Quirónsalud integrados en la red pública madrileña (Sermas) -los hospitales universitarios Rey Juan Carlos (Móstoles), Infanta Elena (Valdemoro) y General de Villalba (Collado Villalba)- que utiliza los centros educativos como un entorno privilegiado para la identificación temprana del malestar psicológico. El programa combina herramientas de cribado digital estructurado, psicoeducación y recursos de autocuidado, junto con circuitos coordinados de derivación a los servicios de salud mental cuando se detectan situaciones de riesgo.
A juicio del doctor Carballo, los centros educativos desempeñan un papel fundamental porque constituyen el principal entorno de desarrollo y observación de los adolescentes. Con frecuencia, los cambios emocionales, conductuales, académicos o relacionales aparecen meses o incluso años antes de que el joven llegue a una consulta especializada. “Dotar a los centros de herramientas estructuradas para detectar estas señales y conectarlas con los recursos sanitarios adecuados permite intervenir antes, reducir el sufrimiento y mejorar el pronóstico a largo plazo”, afirma.
Prevención
La mesa también abordó el trabajo realizado con adolescentes que presentan autolesiones o conductas suicidas, una de las expresiones más graves del sufrimiento emocional en esta etapa y un importante problema de salud pública. En este ámbito, los especialistas destacaron la importancia de contar con recursos especializados capaces de ofrecer una respuesta adecuada a los jóvenes con mayor complejidad clínica, y de ofrecer una atención específica, coordinada y adaptada a esta etapa vital, que permita acompañar tanto a los jóvenes como a sus familias y garantizar la continuidad de los cuidados.
La existencia de recursos específicos para adolescentes resulta especialmente relevante porque esta etapa presenta características clínicas, emocionales y evolutivas propias. Una atención especializada, adaptada a las necesidades de cada joven y coordinada con los recursos ambulatorios, educativos y familiares, favorece la continuidad de los cuidados y puede reducir el impacto de estos problemas en su desarrollo personal, académico y social.
Depresión
La depresión requiere un abordaje individualizado, capaz de tener en cuenta la diversidad de factores que influyen en su evolución y las distintas situaciones clínicas que pueden acompañarla. Este fue uno de los mensajes tratados en la mesa sobre depresión, moderada por el doctor José Luis Palomo, especialista del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario General de Villalba, en la que se analizaron cuestiones como la inercia terapéutica, la relación entre depresión y dolor, el riesgo suicida y la depresión bipolar.
“La depresión afecta a personas muy diferentes entre sí. La variabilidad de los factores que influyen en la evolución de los trastornos depresivos es inmensa”, explicó el doctor Palomo, quien recordó que las opciones de tratamiento en estos trastornos son muy amplias, pero “demasiado a menudo son insuficientes”.
Para mejorar la atención y el seguimiento de las personas que conviven con esta enfermedad, este experto consideró necesario reforzar la atención individualizada y desarrollar enfoques científicos que permitan identificar mejor a los pacientes más vulnerables y a aquellos que podrían beneficiarse más de cada terapia. En este sentido, subrayó también la importancia de contar con los recursos económicos y humanos para ofrecer una atención de calidad, hacer llegar los tratamientos existentes de forma eficiente y seguir estudiando la mejor manera de tratar a estas personas.
“Es necesario seguir trabajando en ofrecer una atención individualizada, desarrollando enfoques científicos que permitan discernir a las poblaciones más vulnerables y que más se beneficiarían de cada terapia”, señaló el psiquiatra del hospital villalbino.
Durante la mesa se destacó que la depresión no puede entenderse como una enfermedad homogénea. Aunque los criterios diagnósticos utilizados en la práctica clínica son una herramienta útil, el especialista recuerda que resulta complejo establecer una conexión directa entre esos criterios y los factores etiológicos y etiopatogénicos subyacentes, lo que puede suponer un obstáculo para descubrir nuevas formas de abordaje eficaz.
En este sentido, se analizó la necesidad de avanzar hacia una visión más integral de los trastornos depresivos, incorporando el conocimiento de otras disciplinas médicas y atendiendo a perfiles clínicos concretos, como pacientes con depresión resistente, depresión con riesgo suicida, depresión asociada al dolor o depresión bipolar.
“En los últimos años han surgido propuestas interesantísimas que ponen el foco en criterios más específicos de investigación y otras que apuestan por una visión más holística de los trastornos depresivos, incorporando el conocimiento de otras disciplinas médicas como la microbiología, neurología, endocrinología o inmunología”, apostilló el doctor Palomo.
La jornada incluyó también una mesa dedicada a la psicosis, moderada por la doctora Raquel Álvarez, jefa del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Rey Juan Carlos. En este bloque se realizó una interesante actualización de los tratamientos actualmente disponibles, se analizó el programa PAC-TMG (Plan de Acción Continuada o Proceso de Atención al Paciente con Trastorno Mental Grave) y se puso en valor el papel del Hospital de Día en el abordaje de pacientes con trastorno mental grave.