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NOSTÀLGIA DE FUTUR / OPINIÓN

¡Abajo el muro de la universidad!

Por qué la valla que cierra el Campus de Tarongers deberá ser derribada más pronto que tarde

10/09/2020 - 

Esta semana se ha hecho viral, tras este tuit de Joan Sanchis, la placa que la Universitat de València ha colocado para conmemorar la construcción del muro trumptiano que cierra el Campus de Tarongers. ¡Una placa para inaugurar una valla!

La ironía, que campa a sus anchas por redes sociales y grupos de whatsapp, se cebó con la ridiculez de semejante símbolo y,en menor medida, se ha abierto un pequeño debate sobre el coste de la obra y su utilidad. 

 Hubiese sido preferible que la discusión se hubiese hecho viral mucho antes, permitiendo una reflexión sobre la necesidad real y las consecuencias de cerrar físicamente la universidad. Ya hace tiempo que parte del profesorado y alumnado manifestó su estupor y rechazo. Yo mismo, hace un año, explicaba que la construcción del muro y el cierre del Campus de Tarongers era una idea que nacía obsoleta, tenía un gran coste de oportunidad y no resolvía absolutamente nada 

Lo tristemente divertido es estoy seguro que fueron muchas las personas, por las manos de las cuales pasó el expediente administrativo para la construcción de semejante cacharro, que pensaron que la cosa carecía de sentido. La justificación era evitar el botellón, una actividad ya reducida en la zona y además prohibida en toda la ciudad. Era como matar moscas a cañonazos. 

La construcción de la valla nace obsoleta porque representa la tendencia contraria a la que siguen las universidades más relevantes en su contexto, en busca de tener campus más abiertos y una mejor relación con la sociedad. La valla contradice la pretendida filosofía de institución arraigada, abierta y cercana. Y, lo que es peor por más tangible, el muro de Tarongers deja a los vecinos sin un magnífico espacio público del que disfrutar a todas las horas del día. Sí, el espacio público también tiene que ser accesible por las noches y los domingos por la tarde.

El muro de Tarongers es también una tendencia contraria al urbanismo de hoy en día, que busca aprovechar al máximo el uso de los espacios y equipamientos públicos, trabajando para incrementar su diversidad. Mientras surgen posibilidades de abrir los patios de los coles fuera de las horas lectivas, la Universidad Literaria, mi alma mater, decide protegerse de peligros inexistentes.

En Tarongers, el diseño urbanístico es especialmente hostil a los usos académicos, separando artificialmente despachos y aularios, tratando a alumnos y docentes como agua y aceite, y con desafortunados solares entre medias. El enfoque debería ser el contrario: creerse ciudad y barrio. Trabajar con proyectos de dinamización para mejorarlos usos de sus espacios, de dentro a fuera. Por ejemplo, iniciando proyectos de urbanismo táctico, plantando más árboles o dejando a los estudiantes programar actividades culturales en las explanadas y los bajos de los edificios.

Y ahora, 4 millones de euros después, hemos llegado tarde para evitar una construcción contraproducente. La inversión ya está perdida. Estoy seguro que, más pronto que tarde, el muro caerá por su propio peso. Guardemos entonces la placa para recordar con ironía uno de aquellos errores públicos imparables que se pasearon por delante de nuestras narices como el vestido del emperador. 

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